Nicolas Nadramia
La competencia post Panamericanos
Cosas que debemos mantener y cosas que debemos erradicar

En 17 días Lima se volvió en el punto de atención para todo el continente y para los mismos peruanos, quienes por primera vez éramos los anfitriones de un evento deportivo de talla global en nuestra ciudad. Era una experiencia novedosa incluso para los gobernantes y organizadores, que no tenían la suficiente experiencia para manejar la seguridad, el transporte, la alimentación y los cronogramas de los atletas, los vecinos de la ciudad y los turistas que llegaron para ser parte de los Panamericanos. Luego de que en el año 2017 se puso sobre la mesa la posibilidad de renunciar a albergar el evento —tras los efectos ocasionados por el Fenómeno de El Niño—, las autoridades no dieron marcha atrás y se puso llegar a tiempo —felizmente— para acoger este evento que solo está detrás del Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos, en materia deportiva.
A pocos días de finalizado el magno evento, aún tenemos algunas competencias más que ganar. En primer lugar debemos aprovechar las sedes para que sean usadas por todos y que no queden en el abandono. Quien pasaba por la calle Andrés Avelino Cáceres en Villa María del Triunfo se encontrada con un barrio completamente desordenado, antiestético y sucio, pero una vez que ingresaba al polideportivo sentía que estaba en Canadá, Estados Unidos o cualquier país europeo, por la calidad de las instalaciones, que incluso han sido alabadas por medios internacionales como El Mercurio de Chile. El contraste que existe es gigantesco, y lo mismo ocurre en las afueras del Polideportivo del Callao y de La Videna.
Ahora con los juegos finalizados sería una pena inmensa que las obras, que tanto dinero y tiempo nos costaron a todos los peruanos, terminen siendo demolidas por los costos de mantenimiento o queden en el abandono, tal como ocurrió en diferentes sedes en Atenas, tras la celebración de sus Juegos Olímpicos en el 2004. Lo ideal sería que las sedes tengan un doble papel: fomentar la práctica de nuevas disciplinas deportivas en los distritos que se encuentran ubicadas, y que sean utilizadas por los equipos de las principales ligas de nuestro país.
Después tenemos la continuidad en la práctica de los deportes y las oportunidades de hacer crecer las ligas nacionales. Son solo dos los deportes que más se practican y generan entusiasmo e interés en la población y las empresas privadas: fútbol y vóley. Como mencioné en una columna anterior (Véase: El Universitario que conozco y el que me contaron) hoy las principales entidades deportivas que participan en la Liga 1 de fútbol no cuentan con secciones, además de fútbol y vóley sala; y los clubes más reconocidos —caso Regatas y Terrazas— no participan en ligas, a pesar de tener buena cantidad de deportistas. Si nos vamos a Argentina, por ejemplo, Boca Juniors y San Lorenzo compiten en la liga de básquet de la misma manera que lo hacen en fútbol, y River Plate hace lo mismo en la liga masculina de vóley. También está el hecho de que en los colegios —tanto privados como públicos— solo compiten en fútbol, básquet, ajedrez y atletismo, en Adecore o Adecopa, dejando de lado otras disciplinas. Esto resta la posibilidad de que deportes como el rugby, balonmano, vóley, hockey o béisbol, por poner algunos ejemplos, lleguen a crecer, perjudicando a largo plazo la posibilidad de aumentar la cantidad de deportistas que compitan en los Juegos Olímpicos, Panamericanos, Bolivarianos o cualquier otra competencia.
Luego hay un tema a erradicar. Quienes hemos asistido a los juegos sabemos que eran hasta tres maneras de conseguir entradas: a través de la página web, puntos físicos y la reventa. Si uno entraba a comprar entradas para las instancias finales de vóley sala femenino, básquet masculino, atletismo y natación, por mencionar algunos, las encontraba agotadas en su totalidad; y en otros casos los boletos llegaban a aparecer “limitados”, lo cual significaba —si se compraba vía web— que solo quedaban lugares para personas discapacitadas y sus acompañantes, los cuales debían portar el carné de CONADIS especificando la discapacidad.
A simple vista iban a ser un lleno total; sin embargo, en los partidos Uruguay-Rep. Dominicana y México-Argentina, en básquet masculino, nunca se llenó del todo. Es más, tras la primera mitad del primer certamen apenas se había llenado la mitad del Coliseo Dibós. Lo mismo ocurrió en balonmano masculino, en los partidos que definían el 7mo-8vo y 5to-6to. Solo había una opción para comprar entradas: la reventa. A pesar de que uno podía comprar como máximo 20 entradas para un evento, los revendedores hicieron de la suyas: para la final de básquet masculino la entrada más costaba S/ 150, cuando los precios para las finales oscilaban entre S/ 30 y S/ 80, y en los certámenes de primera fase costaban S/ 20.
La reventa es un mal que se debe erradicar de una vez por todas, puesto que no solo perjudica al deporte en nuestro país, sino también a los espectáculos musicales y audiovisuales. Pero no solo es la demanda lo que ocasiona esta práctica, sino también los mismos consumidores, quienes siguen comprando entradas a este grupo de personas con tal de no perderse el evento. O porque a 10 minutos de que empiece el espectáculo las entradas terminan revendiéndose incluso más barato que su precio original, con tal de deshacerse de ellas. Los ciudadanos y las autoridades debemos tomar cartas en el asunto.
Somos conscientes de que los Panamericanos nos dividieron años atrás, debido a su alto costo. Muchos calificaban al Gobierno de “irresponsable” por realizar gastos exorbitantes para un evento que no duraría ni un mes, mientras que la educación y salud de nuestro país siguen siendo insostenibles. No obstante, hoy podemos decir que es un plus que nos puede ayudar a motivar a la población a mejorar su salud física y mental mediante el deporte, creando una visión de valor compartido. La población ha ganado la posibilidad de progresar mediante el deporte, y el Estado la de reducir el consumo de drogas y la tasa de pobreza, así como aumentar los ingresos tributarios. Como sabemos, a todo evento al que uno ingresa mediante pago se le reduce el 18% del valor pagado para que vaya al Estado y tenga dinero para invertir en mejorar la vida de los peruanos.
Finalizo citando a una profesora de mi universidad, Rosario Sheen, quien afirmaba que en una sociedad enferma no puede haber empresas ni gobiernos sanos. ¿El deporte puede ayudar a evitar esto? Se lo dejo a usted, estimado lector(a).
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