Cecilia Bákula

La Capitulación de Ayacucho

Batalla final de la independencia americana

La Capitulación de Ayacucho
Cecilia Bákula
08 de diciembre del 2019


Un día como hoy, 9 de diciembre del año 1824, en la Pampa de la Quinua (Ayacucho), se libró una encarnizada batalla que enfrentó de manera definitiva al ejército realista –al mando de José de Canterac, en su condición de Teniente General de los ejércitos de Su Majestad– y al ejército patriota, bajo las órdenes de Antonio José de Sucre, quien luego sería reconocido como “Gran Mariscal de Ayacucho”.

El triunfo en ese territorio andino significa que en el Perú se libró la última batalla del proceso emancipador y libertario. Y que con esa victoria América emerge por siempre libre; lo que equivale a señalar que fue en el Perú, como se ha señalado muchas veces, en donde se selló, con honor y gloria, la libertad del continente.

El documento que se suscribió en el campo de batalla, una vez que la victoria patriota fue evidente y contundente, es un tesoro nacional que se custodia con todo rigor en el Archivo General de la Nación –y una copia en el archivo del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú– y debe ser considerado como un símbolo, un ícono de decoro militar y destreza bélica, de ingenio y convicción por parte de quienes secundaban a Sucre en el campo de batalla: Agustín Gamarra, José de la Mar, Jacinto Lara, José Trinidad Morán y José María de Córdova, entre otros héroes de la patria, cuya maestría, arrojo y pundonor no han dejado nunca de ser reconocidos y relievados.

Ese documento, que ha de ser considerado siempre como un “Documento fundacional”, ha sido, por si fuera poco, incluido por la UNESCO como integrante de la “Memoria del Mundo”. Alto honor para un documento peruano que, más que local, es el sello americano de un sueño de unidad y de un momento de compromiso que superó las fronteras, para vivir desde entonces, con soberanía e independencia.

El texto de la Capitulación se contiene en un breve párrafo introductorio y se desarrolla en 18 puntos, más una cláusula adicional y secreta referida a la situación del Callao. Se expresan condiciones principalmente militares bajo las que se suscribe la Capitulación que sin duda y su nombre mismo lo indica, debió significar el más hondo desgarre para un militar como Canterac y sus jefes de división.

La lectura de esos 18 puntos es por demás interesante porque Sucre los redacta, comprendiendo que el Perú era ya, desde 1821 –es decir, desde hacía tres años–, un Estado declarado como tal, pero que la independencia militar estaba aún por sellarse. Y desde esa perspectiva, es magnánimo y respetuoso de la condición de inferioridad anímica y espiritual del vencido, y es considerado de manera especial con aquellos que quisieran permanecer fieles al Rey o que quisieran incorporarse a la vida del Perú independiente.

Resulta de gran interés y sin duda emocionante la lectura y reflexión de una carta que el mismo Antonio José de Sucre escribe a Simón Bolívar, el mismo 9 de diciembre de 1824 a solo cuatro horas de haberse concluido el enfrentamiento. Tan solo el primer párrafo es de gran valor:

Excelentísimo Señor. El campo de batalla ha decidido por fin que el Perú corresponde a los hijos de la gloria. Seis mil bravos del Ejército Libertador han destruido en Ayacucho los nueve mil soldados realistas que oprimían esta República. Los últimos restos del poder español en América han expirado del nueve de diciembre en este campo afortunado. Tres horas de un obstinado combate han asegurado para siempre los sagrados intereses que Vuestra Excelencia se dignó confiar al Ejército Unido".

Y, el 10 de diciembre, al enviar a Bolívar el texto de la Capitulación, Sucre anexará una nueva comunicación en la que señala:

“El tratado que tengo la honra de elevar a Vuestra Excelencia, firmado sobre el campo de batalla en que la sangre del Ejército Libertador aseguró la independencia del Perú, es la garantía de la paz en esta República y el más brillante resultado de la Victoria de Ayacucho”.

Hoy, en vísperas del Bicentenario de la Independencia, debemos entender que sin Ayacucho América no sería libre, y que sin la victoria en la Pampa de la Quinua no podríamos celebrar estos 200 años de vida independiente.

Cecilia Bákula
08 de diciembre del 2019

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