Berit Knudsen
La calle es nuestra
Marchan tanto los pobres como los ricos

Como consecuencia de una reciente y masiva marcha en Lima, el presidente Castillo durante una de sus clásicas manifestaciones públicas declaró “quienes marchan son los ricos, atendiendo a intereses particulares”, También afirmó “Algo raro está pasando, antes marchaban los pobres para obtener reivindicación”.
Las manifestaciones, marchas o huelgas son acciones ciudadanas para promover públicamente ideales, mostrar descontento o censurar a los gobernantes. Esto no es nada nuevo, en el año 1152 a.C. un grupo de artesanos en Egipto se declaró en huelga ante Ramsés III. Pero hoy las motivaciones son complejas, siendo generalmente una consecuencia del incremento en el costo de vida, decrecimiento del poder adquisitivo, acceso a los servicios públicos, brechas sociales, corrupción generalizada, gobiernos autoritarios, dictaduras, abusos de grupos de poder, clientelismo, entre otras variables.
Una de las más graves adversidades del mundo moderno es la corrupción en los diferentes niveles del Estado y las clases dominantes, lo que ha traído como consecuencia incluso la crisis de partidos políticos tradicionales; problemática que hoy preocupa a las grandes empresas que perciben los peligros de estos conflictos disfuncionales. Estas crisis son los motores de las movilizaciones y manifestaciones de protesta agrupadas especialmente en el hemisferio sur, donde se concentran los países menos desarrollados, siendo emblemático el caso de Latinoamérica.
En América Latina, las protestas populares por reclamos contra los gobiernos –especialmente de derecha–, nos remiten a Félix Guattari y Gilles Deleuze, filósofos de los movimientos post marxistas, quienes a partir de estudios sobre la “desconstrucción del lenguaje” inspiraron estallidos de violencia urbana denominados “revoluciones moleculares espontáneas” acontecidos entre 2019 y 2020 en Perú, Chile, Colombia, Ecuador, Argentina e incluso Estados Unidos. Estos levantamientos son organizados por pequeñas pero numerosas agrupaciones especializadas por sectores o por ideales como el feminismo, ecología, defensa de la vida, etc. Se activan como células independientes movilizando a sus seguidores con mensajes direccionados según los intereses específicos de cada grupo para llevarlos a la acción. Una de las características en todos estos países fue que una vez logrado el objetivo político (apoyando siempre a grupos de izquierda), estas células se desactivaron.
Al respecto, un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) sostiene que durante la década del 2000 se produjo un crecimiento de las clases medias en América Latina llegando a representar el 70% de la población. Estas clases ascendentes, que bordean 37 puntos del total, se caracterizan por la precariedad, siendo una clase incipiente, con limitados ingresos que van entre los 170 y 450 dólares mensuales. Esta movilidad social que posibilitó el retroceso de la pobreza presenta a una clase media inestable.
Por estos motivos, la crisis económica de 2008 –agravada por la corrupción, el abuso del poder, los Estados autoritarios y las dictaduras– creó un ambiente de tensión que evidenció la precariedad de estas clases medias que sienten peligrar su rudimentario ascenso social. Ello trae como consecuencia que sean justamente estos grupos quienes suelen salir a las calles en señal de protesta, defendiendo sus derechos ante la fragilidad de sus economías. Estas movilizaciones se ven amplificadas por las redes sociales que facilitan las convocatorias.
Ante las afirmaciones del presidente Castillo, algunos manifestantes respondieron: “los ricos no marchan, los ricos compran un pasaje y se van del país. Marcha el pueblo, marcha la ciudadanía”.
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