Erick Flores

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Hacia el precipicio: el referéndum y la mayoría

No se apaga un incendio echando gasolina al fuego

Hacia el precipicio: el referéndum y la mayoría
Erick Flores
07 de December del 2018

 

Hablar del referéndum hoy, a solo unas horas de asistir nuevamente a las urnas a emitir un voto, resulta ya trillado y ocioso. Trillado porque es un tema del que se ha hablado bastante, y ocioso porque no es común escuchar opiniones distintas a la que hoy se erige —gracias a la enorme campaña orquestada en su favor— como la mayoritaria entre la gente. Desde muchos lugares, instituciones públicas incluidas, uno puede notar un esfuerzo muy grande para dirigir el voto de la gente hacia el famoso “Sí, Sí, Sí, No”, decisión que se cree representa la salvación de una sociedad que se ha acostumbrado a vivir entre sus miserias.

En resumidas cuentas, sobre las preguntas del referéndum se puede decir lo siguiente:

  1. El peruano promedio cree que una reforma constitucional en el Consejo Nacional de la Magistratura, con una muy marcada injerencia política que rompe (como siempre) el equilibrio de poderes, sirve para luchar contra la corrupción de alguna manera. Es una locura, porque de la misma forma en que una persona no puede apagar un incendio echando gasolina al fuego, el Estado no puede luchar contra la corrupción porque el Estado es la corrupción. Se trata de un problema estructural que no tiene nada que ver con personas. Da igual si son ángeles los que ocupan los cargos, el problema está en el sistema mercantilista que tenemos y en el tamaño del Estado que le da vida.
  2. El peruano promedio cree que regular el financiamiento de las organizaciones políticas —lo que implica que parte del dinero que nos quitan a través de impuestos vaya directamente a los bolsillos de Keikos, Ollantas, Nadines, Toledos, PPK´s y Garcías— sirve para evitar que fondos oscuros financien las campañas y se hipoteque el tesoro público. Como si el problema de fondo fueran los que financian a los candidatos y no el incentivo perverso que motiva a grandes empresarios a invertir dinero en las campañas. Y ese incentivo perverso se llama Estado, que teniendo las dimensiones que tiene, no puede ser visto como otra cosa que un botín por el que vale la pena empeñar honras y honores. Esto explicaría, en gran medida, el aumento exponencial del número de candidatos que se disputan su cuota de poder en cada proceso electoral.
  3. El peruano promedio cree que con la renovación permanente en el Congreso, impidiendo la reelección inmediata de los parlamentarios, se puede mejorar la imagen y el funcionamiento de una de las instituciones más desprestigiadas de todos los tiempos. Según el peruano promedio, necesitamos más parlamentarios sin experiencia y primerizos, que gente experimentada y que conozca bien las funciones en el Legislativo. Nuevamente aquí el problema es la estructura, no las personas. Se entiende que puede haber gente nueva en el Congreso y que da la talla, como Olaechea, y gente antigua que es una vergüenza, como Lescano. Lo cierto es que uno no debe conformarse con congresistas como Mulder, pero el resultado sería mucho peor si es que el congreso se llena de gente como Rogelio Tucto o Gilbert Violeta.
  4. El peruano promedio —curiosamente— cree que el Congreso con rostros nuevos que anhela se puede dividir en dos, con diputados y senadores. Curiosa lógica, porque la existencia de dos cámaras dentro del Legislativo tiene por objetivo principal generar un mejor filtro para la legislación; lo cual sería algo absurdo si es que todos los congresistas son nuevos. ¿Quién filtraría el proyecto de ley de quién?, ¿bajo qué criterios?, ¿con qué solvencia? Fuera de la incoherencia evidente, un Congreso partido en dos y con más congresistas de los que hoy en día hay, solo multiplica los problemas que ya tenemos. Se multiplica la ineficiencia.

Y si con este pequeño resumen uno no reflexiona sobre su voto el fin de semana, bueno, siempre queda la opción de recordar que los mismos que votaron por Toledo, Ollanta, Villarán y PPK, son los que hoy recomiendan votar: “Sí, Sí, Sí y No” en el referéndum. Uno no es adivino para advertir el futuro, pero con los resultados que hemos visto por seguir la opinión de esta mayoría, creo que no es muy difícil anticipar los errores. Como bien decía el gran Mark Twain: “Cuando encuentres que estás del lado de la mayoría, es hora de hacer una pausa y reflexionar profundamente”. Advertidos estamos.

 

Erick Flores
07 de December del 2018

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