Jorge Varela
En busca de identidad humanista-cristiana
La carta del senador chileno Francisco Huenchumilla

El senador Francisco Huenchumilla, de la Democracia Cristiana chilena, ha escrito una carta en la que afirma que no le satisfacen las razones del abogado constitucionalista Jorge Correa para renunciar a dicha colectividad. A su juicio, si el argumento fuese que no es posible ser ‘socios’ del Partido Comunista, Correa debió darlas a conocer el año 2014, cuando la DC era parte de la coalición Nueva Mayoría y socia del Partido Comunista durante el gobierno de la Presidenta Bachelet. Ya existía el régimen de Venezuela y era conocida la postura del Partido Comunista al respecto (Carta a El Mercurio, 4 de agosto de 2024).
Huenchumilla argumenta que no ve cuál es la diferencia entre el PC y la Venezuela de 2014. Lo que sucede hoy, en que “no somos parte de la coalición con el Partido Comunista, sino que tenemos simplemente un acuerdo electoral”. (Aunque tan simple no es) Agrega, eso sí, que no tiene ninguna duda del carácter dictatorial del gobierno existente en Venezuela y que “la DC, desde la época de la Falange Nacional (década de los años treinta) nació como una alternativa no solo frente al comunismo, sino también al capitalismo”.
Aunque entiende que ”eran otros tiempos” y que “hoy el mundo cambió”, afirma que “se debe tener una línea de coherencia política”. Señala que “la DC nunca ha sido un partido anticomunista” y que “sería conveniente leer el discurso de Radomiro Tomic del año 1948, respecto de la Ley de Defensa de la Democracia”. De acuerdo, siempre que también se tenga presente el pensamiento de Patricio Aylwin, quien señalara: “el pueblo de Chile es antiderechista y anticomunista. Quiere un camino distinto”. “No encontrar ese camino diverso significaría el fracaso de la Democracia Cristiana en Chile”. (“Camino propio”, Cuadernos de la Política y el Espíritu, Nº 1, 1969) (*)
Una postura pragmática ante el comunismo
La postura del señor senador es: "no nos hagamos parte del anticomunismo hipócrita de la derecha y de los grupos económicos” que realizan negocios con países importantes del mundo donde hay un régimen comunista con plena vigencia de la dictadura del proletariado. En seguida agrega: ahí nadie dice nada y no se esgrimen las razones de principios que según él, ahora escucha respecto de Venezuela. “Como DC estamos en contra de todo tipo de dictaduras, cualquiera que sea su color”.
Finaliza su carta con la siguiente exposición: “el comunismo desafió al capitalismo” con la revolución de octubre de 1917 y “esa batalla la perdió cuando desapareció la Unión Soviética, y hoy día el capitalismo se impuso en todo el mundo”. “Nuestro desafío es vislumbrar cuál es la alternativa que ofrecemos frente a este nuevo mundo”.
Esta propuesta huele a reacción táctica-temporal y no a decisión estratégica consistente. Es como sentirse resignado y proclamar: ahora que el capitalismo ha triunfado, me incorporo a su caudal y me sumerjo en él; parto de nuevo, pues no tengo otra salida.
Nuestro remitente público concluye: “para” debatir estas cosas y “tener una identidad frente a este mundo, creo que tenemos que declararnos en estado de Congreso, para que nuestra militancia piense, discuta y delibere; encontrar nuestra identidad y nuestra visión sobre el mundo actual, para salir de este ambiente tóxico en que nos come la pelea del día a día por pequeñas cuotas de poder”.
Un remitente en busca de identidad
¿Qué significa para este defensor del mencionado pacto electoral, “encontrar nuestra identidad y nuestra visión sobre el mundo actual”?: ¿solo una búsqueda de la identidad perdida? ¿El planteamiento de este coetáneo es semejante a aquel de ”a la busca del tiempo perdido”?
¿Qué quiso decir, entonces?: ¿qué en alguna curva del camino se le escapó dicha identidad, o no ha podido reconocerla o, para ser claros, no acepta más formar parte de ella?
Toda persona tiene legítimo derecho a cambiar de pensamiento, de fe, de creencias, de convicciones, de ideas, pero en este caso el objetivo principal que se persigue, -según dice-, es: “encontrar identidad”; quizás otra identidad. Tal vez, renegar de la que se ha tenido.
Si así fuera, es preciso decirlo; incluso sería oportuno gritarlo con energía, con entusiasmo, libre de temores. Las alternativas que se abren ante tal disyuntiva, son proseguir rumbo hacia la heterodoxia o simplemente abominar de la fuente nutriente del ideario (humanista cristiano) que se rechaza y no beber más de su flujo refrescante, sin esperar la convocatoria a un Congreso específico.
Declinación del castillismo
El dilema está instalado: ¿ortodoxos o heterodoxos? Desde la muerte de Jaime Castillo Velasco y de determinados discípulos-camaradas, a la Democracia Cristiana chilena se le vino encima la penumbra y después la oscuridad. Lo absurdo es que varios integrantes se consideren todavía seguidores de sus enseñanzas sin siquiera haber asimilado sus escritos. Recordemos que muchos de los que se inclinaban ante él y le adulaban, se convirtieron en enemigos del PDC y en los mayores detractores de las tesis centristas del ‘camino propio’, una vía estratégica que es factible actualizar bajo la denominación de ‘propio camino’.
Ambiente cismático y avasallamiento fratricida
Aquellos que se fueron del partido en el período 1969-71 sembraron un ambiente cismático enrarecido que se ha prolongado por 55 años, sin que se vislumbre su término. La fraternidad dejó de ser la principal característica de la colectividad, para dar paso a un clima de hostilidades entre hermanos; un factor de vergüenza para los que están dentro y de desaliento para quienes les observan con preocupación.
Al deseo patológico paralelo por quedarse con la dirección, el timbre y la campanilla de la colectividad, se ha agregado el afán de avasallar sin fraternidad ni misericordia al camarada que se destaca por sus méritos. Es una obsesión psicótica por utilizar la guillotina de la expulsión que tiene su historia larga y desgraciada: Jorge Rogers, Adolfo Zaldívar, Patricio Rojas, Fuad Chain, fueron algunas de sus víctimas conocidas; ha habido más. ¿Y los verdugos?, ¿quién se acuerda de ellos? Algunos inclusive renunciaron, huyendo de Alameda 1460, y orbitan como astronautas perdidos.
La idea-raíz en el espacio-tiempo
¿Qué es o ha sido la Democracia Cristiana como idea en el espacio-tiempo, en lo metafísico-filosófico, en lo ético-valórico, en lo doctrinario-ideológico, en lo político-estratégico, en lo social-económico, en lo cultural-artístico? ¿Existe una visión ortodoxa sólida que le sirva de fundamento estructural? ¿El humanismo de raíz cristiana que permanece recluido en los circuitos neuronales de algunos camaradas, continuará iluminando sus mentes y corazones como su faro referencial predilecto?
En las juntas y reuniones, determinados militantes (ortodoxos o heterodoxos, dogmáticos o escépticos, fieles o herejes de la doctrina, leales o traidores, auténticos o falsos, puros o impuros, homogéneos o heterogéneos, sinceros o hipócritas) hablan y hasta escriben sobre dicho humanismo, incluso algunos procuran destacar su pertenencia a la corriente cristiana democrática maritainiana, pero no todos tienen la misma convicción y fuerza al momento de reaccionar ante un plato de ideas relativistas disolventes cultivadas en vergel ajeno y les falta coraje, actitud imprescindible para construir una sociedad valórica al servicio de la dignidad de las personas. Ello explica la creciente postura pro-aborto instalada en un sector nihilista desviado que navega a la deriva. ¿Volverán los principios humanistas a oxigenar la vida sin espíritu de estos seres lacios?, ¿o para ellos, la decadencia ideológica y moral es un proceso irreversible sin retorno?
* “Fundamentos del camino propio”. Jorge Varela. El Montonero.pe, 15 de diciembre de 2021.
COMENTARIOS