Giovanna Priale
Empleabilidad de los jóvenes: vamos a ser creativos

Los jóvenes necesitan empleos de calidad
Si miramos las cifras de desempleo actual, confirmaremos que el desempleo juvenil es el triple que el promedio de toda la Población Económicamente Activa (PEA). Este es un fenómeno que se presenta en todo el mundo.
Conversando con unos ex alumnos, me contaban que la situación respecto a la decisión de realizar estudios de maestría o especialización en el extranjero estaba cambiando sustancialmente pues algunos de ellos se encontraban con amigos que se habían endeudado vía créditos educativos y no encontraban trabajo ni en el país donde estaban estudiando ni en Perú. Entonces terminaban aceptando trabajos que requerían menor preparación y, con ello, sueldos más bajos; incluso algunos estaban en la “informalidad”, trabajando vía recibos de honorarios o dictando clases por horas en institutos o de forma particular.
Esta realidad reafirma la importancia de desarrollar planes de fomento del empleo juvenil que le permitan al trabajador ingresar al mercado laboral formal o al del emprendimiento; pero con alta productividad, para generar su propia senda de crecimiento empresarial. En esta línea, ya algunas universidades han empezado a desarrollar sus propias áreas de desarrollo de startups; y las formas de financiamiento también están cambiando, a través de las fintechs. En este tipo de empresas se fomentan proyectos de alta productividad e intensivos en tecnología; al mismo tiempo que se busca el acceso a fuentes de financiamiento con tasas de interés atractivas, para lo cual se requiere estructurar modelos de negocio que permitan retornos a largo plazo.
No obstante, la generación de empleo adecuado de calidad (con pago de impuestos y cobertura de salud y pensiones) requiere además una combinación de apuesta pública y privada, al menor costo para el Estado y que le garantice el mejor resultado posible. En Colombia, por ejemplo, los alumnos de los últimos ciclos deben realizar prácticas preprofesionales. En este caso, los jóvenes tienen dos opciones: ser aprendiz o pasante. El aprendiz tiene un contrato de trabajo, de aprendizaje. El pasante realiza sus prácticas sin mantener vinculación laboral con la empresa.
La figura del aprendiz es similar al esquema de prácticas preprofesionales que existe en nuestro país, pues la empresa debe pagar una remuneración al trabajador y establecer una vinculación laboral. En este caso, la opción de que el Estado asuma parte del pago a salud y pensiones puede convertirse en un factor dinamizador potente para que la empresa asuma el pago de la remuneración neta; y luego, cuando el trabajador ya sea contratado, este aporte estatal se puede ir reduciendo en la medida que este ya cuente con una remuneración mayor, debido a su mejor productividad. Y esto le permite financiar su coberturas de salud y pensiones.
La figura de pasante es novedosa y podría incluirse en el caso peruano, pues el alumno sigue pagando su pensión a la universidad y es esta la que lo envía a una empresa para que se capacite. Para que esta modalidad funcione existe un convenio entre la universidad y la empresa, en el que se establece la calidad de la pasantía, pues no hay ninguna relación laboral entre la empresa y el joven estudiante. Resulta evidente que es una alternativa para que los jóvenes puedan formar parte de una empresa formal y que aprendan cómo desenvolverse, además que forma parte de su CV. Esta opción responde a un entorno laboral poco elástico a la contratación de jóvenes, y a través de ella se aspira a promover la empleabilidad a mediano plazo.
Seamos creativos, los jóvenes necesitan empleos de calidad. Obviamente que para que esto funcione se requiere crecimiento económico y calidad educativa, temas sobre los que continuaremos haciendo propuestas.
Giovanna Prialé Reyes
COMENTARIOS