Carlos Adrianzén

El Perú como nunca antes

Una alta tasa de crecimiento económico siempre beneficia los pobres

El Perú como nunca antes
Carlos Adrianzén
25 de marzo del 2026

 

Revisemos algo de historia. Hoy se repite que antes de que existiese el Perú los habitantes del Tahuantinsuyo vivían dentro de un ambiente económico idílico. Pocas cosas resultan más ilusas o inverosímiles. Pero ideologías afuera, en los ambientes neolíticos avanzados, la opresión y la pobreza resultaban desgarradoras (bajo los estándares en los que hoy los visualizamos). La visión de millones de tahuantisuyanos ricos y felices simplemente no cuadra. Siendo esto así, no resulta ilógico el desapego hacia la dictadura Inca durante la fase de conquista española.

Durante los tres siglos en los que dibujamos un territorio español de ultramar, la frontera de posibilidades de producción se infló inconmensurablemente por el ingreso de reglas, recursos y tecnologías muchísimo más eficientes. Un salto mayor al registrado en occidente en diez centurias. Bajo este traumático cambio y a pesar de haber sido –en algún momento– considerados por ciertos historiadores como una de las regiones más ricas del planeta, lamentablemente, cuando los españoles nos abandonan en 1821, las cifras de Angus Maddison (2018) apenas nos ubican con un producto por persona ligeramente mayor al de Chile.

Han transcurrido algo más de dos siglos desde entonces, y envenenados por pócimas socialistas–mercantilistas, nuestro producto por persona se comprimió desde el 34% al 8% (como fracción del similar estadounidense). Para responderle por enésima vez al Zavalita de las Conversaciones en la Catedral, les recuerdo que los grandes protagonistas de cuando se fregó el Perú –i.e.: su compresión relativa en el PBI por persona– van desde el misógino Bolívar, pasando por el dictador Velasco, hasta el hoy bien preso Castillo. A pesar de todo esto, no es bueno caer en la prédica de los sobones de dictaduras. 

Casi religiosamente nos hablan de lo pobres que somos hoy, y de lo distante del poder adquisitivo del peruano promedio respecto a una esquiva canasta de consumo. Como las cifras disponibles humillan su discurso, ellos las ignoran y nos refieren discrecionalmente a una canasta de consumo arbitraria. En estas líneas les mostraremos desaprensivamente las cifras oficiales del consumo privado de un peruano en el tiempo. Para no abrumarlo, usaremos gráficos basados en las estadísticas del Banco Central de Reserva del Perú, publicadas en modo bicentenario. Es decir, enfocando el periodo 1922–2025.

 

Que no nos cuenten cuentos (politiqueramente deprimentes)

El gráfico X, presentado a continuación, es muy cruel con el sanisidrino Club los Aciagos de Izquierda. Hoy, un peruano promedio –nótese que solo una poco significativa minoría (menor al 2% del total de la población) registra altos niveles de consumo por persona– habría elevado por más de cinco su estándar de vida en el lapso enfocado–. Hoy vivimos registrando flujos reales de consumo por peruano mucho más altos que nunca antes.

Esto, como lo muestra en subgrafo añadido a la figura citada, esto se da a pesar de recurrentes caídas en términos de tasas de crecimiento de largo plazo; y a que, gracias a los gobiernos de centro y ultraizquierda en la última década, hoy vivimos una clara década de estancamiento relativo.

Pero, también resulta útil reconocer que hemos vivido tiempos ilustrativamente destructivos (lapso 1970–1990).

 En ellos, el Consumo Popular se redujo drásticamente. Esta última observación es solo una forma discreta de establecer que cientos de miles de compatriotas fallecieron por causas de mala gestión económica. Gestiones que debimos y pudimos haber evitado. 

Por ello, no olvidemos nunca el oscuro velascato, ni las desgracias despertadas por las ideas económicas y políticas de la espuria constitución de 1979. Ni tampoco a la patética vanidad de nuestros mal llamados tecnócratas de izquierda. Visitemos pues la fase de destrucción inflacionaria velasquista en el siguiente acápite.

 

Cuando nos ganó la vanidad Keynesiana

Existen pocos fenómenos políticos más nocivos y destructivos –y evitables– que registran persistentemente una tasa de inflación elevada. La inflación siempre es un impuesto hacia los más pobres. Erosiona la predictibilidad, induce ineficiencias, deprime inversiones y sirve como canal de Corrupción Burocrática. Es una desgracia económica muy valorada por las dictaduras. Y siempre: es un fenómeno monetario. Ergo, corregible y evitable por políticas responsables.

Al Perú y al poder adquisitivo de su pueblo, lo dañó la vanidosa ignorancia técnica de una generación de burócratas que –esclavos de un keynesianismo bastardo– abusaron inflacionariamente. Caímos en un infierno inflacionario del que nos resultó muy costoso salir (ver gráfico XX).

Cuando enfocamos la recuperación notable del Consumo per cápita en el Perú (en el periodo 1995–2025), también estamos hablando del tránsito hacia una inflación baja y estable. Nótese, como muestra el subgrafo de la parte superior izquierda, esto no fue inconsistente con una elevación sostenida de los precios de los alimentos en la canasta de consumo popular (ver línea amarilla); aun frente a una inflación en franca reducción. Tanto en el índice de precios del consumidor cuanto en la canasta del deflactor implícito del PBI. 

Aquí cabe despreciar lo fútil de tratar de indexar precios en base a una ilusa –usualmente demagógica– canasta ideal. Olvidaron algunos que la inflación, esa gran fuerza empobrecedora, siempre y en todo lugar, es un fenómeno de irresponsabilidad monetaria.

Pero regresemos al inicio. ¿Qué explicó la enorme recuperación del consumo de la población en términos reales?

 

La receta del abuelo (funciona el 99% de las veces)

En el caso peruano los datos muerden. A mayor riqueza (PBI por persona), mayor consumo. Y a mayor tasa de inversión privada, mayor riqueza. Y claramente lo contrario: hoy somos pobres justamente porque trabamos las inversiones privadas.

No es una idea sensata tratar de elevar consumos indexando precios en base a canastas arbitrarias. Sabemos por qué razones crece el consumo de un peruano. Las dos correlaciones graficadas en la figura triple X muestran asociaciones que haríamos muy mal en volver a ignorar.

Vivimos como nunca antes (o la hicimos... y recuérdelo, podemos volver a caer)

Evitemos la ignorancia demagógica. Si usted desea contribuir efectivamente a la total erradicación de la incidencia de la pobreza en el país (i.e.: la maximización del consumo privado por persona), el camino es siempre mantener reglas que no traben. Que posibiliten una alta tasa de inversión privada. Ergo, el mayor crecimiento económico de largo plazo posible. 

Recuerde la receta del abuelo: una alta tasa de crecimiento económico por persona de largo plazo siempre es pro-pobre. 

Carlos Adrianzén
25 de marzo del 2026

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