Renatto Bautista
El maniqueísmo de la ultraderecha
Izquierdistas llaman “ultraderecha” a todo lo que discrepa de ellos

Maní (216 d.C. – 274 d.C.) fue un líder religioso persa que fundó una religión ya extinta llamada maniqueísmo. Esta religión relativizaba la moral, sumado a que equiparaba al bien con el mal. Si esto les parece poco, consideraban al espíritu del hombre como propiedad de Dios, pero el cuerpo del hombre lo consideraban propiedad del demonio. Si la anterior afirmación es “tolerable” para algunos, le diré otro concepto terrible del maniqueísmo: niegan la responsabilidad humana por los males cometidos porque creen que no son producto de la libre voluntad, sino del poder del mal sobre nuestra vida. ¡En conclusión, relativizan todo como deterministas!
En pleno siglo XXI, esta religión ya no existe, pero su nombre implica una simplificación absurda y excesiva, por eso el artículo se titula el maniqueísmo de la ultraderecha. Los conocedores de la política internacional recordarán que desde hace un lustro ha surgido, con cierta fuerza, el maniqueísmo de la ultraderecha. Tres terribles ejemplos del maniqueísmo de la ultraderecha podrían ser Donald Trump, ex Presidente estadounidense, Jair Bolsonaro, actual Presidente del Brasil, y Viktor Orbán, actual primer ministro húngaro.
Hay que explicar que la única ultraderecha que ha existido es el nazismo. Esta genocida y perversa ideología fue derrotada tras el hundimiento de la Alemania Nazi a fines del abril de 1945. Lo también cierto es que Trump, Bolsonaro, Orbán y muchos más que son calificados de ultraderecha no reivindican la abominable dictadura totalitaria de Hitler ni pretenden hacer una réplica en sus países ni odian a los judíos con la infinita maldad que representó el Holocausto.
Si no sabían, Trump, Bolsonaro y Orbán apoyan, con toda la energía posible, la existencia del Estado de Israel más bien toda la ultraizquierda mundial es la que desea la desaparición de Israel de la faz de la tierra. Un ejemplo, es el partido ultraizquierdista español Podemos que es aliado internacional de la dictadura teocrática iraní. Es decir, cuidado que los “sucesores” de Hitler en la actualidad vienen de la ultraizquierda que recibe dinerillo de la dictadura iraní que pretende la desaparición del Estado de Israel.
Indudablemente, la estrategia de la ultraizquierda es llamar a todo lo que discrepa de ellos como ultraderecha, cuando ninguno de los políticos antes mencionados (y otros como el partido conservador español VOX) son la mentada “ultraderecha,” Brevemente, me detendré en el caso del partido conservador español VOX que no es ultraderechista porque ellos jamás han pretendido la restauración de la dictadura militar de Franco. Obviamente porque el dictador murió en noviembre de 1975 y se autodisolvió esta dictadura militar, a diferencia de las longevas dictaduras castrochavistas en Cuba, Nicaragua y Venezuela que se aferran al poder. En honor a la razón y a la verdad, que son mis únicas aliadas, VOX es un partido que defiende irrestrictamente el imperio de la ley plasmado en la Carta Magna española de 1978 sumado a que ser conservador no implica ser “ultraderechista” porque ser conservador no significa estar en contra del régimen democrático. Por ejemplo: En Reino Unido, el Partido Conservador es una fuerza de derecha constitucionalista y ningún británico diría que es una fuerza política antidemocrática. Lo cierto es que los partidos conservadores (tipo VOX en España) tienen un discurso frontal y eso no es ser ultraderechista sino es hablar claro en sociedades donde mal se nos enseña a decir las ideas de manera tibia y en voz baja.
Otro caso del maniqueísmo de la ultraderecha es la candidatura presidencial del conservador José Antonio Kast en Chile. Hace más de un mes, todas las encuestas le daban un 7% ahora Kast se encuentra en el primer lugar, según la mayoría de las encuestas, con el 27% y con tendencia al crecimiento mientras que el candidato del centro derecha “oficialista” está en un cuarto lugar y con un dígito, lo que confirmaría la desgracia de cobardía que es el segundo gobierno de Sebastián Piñera. Sinceramente, no conozco a José Antonio Kast, pero el mayor maniqueísmo que él afronta es que su padre, a los 16 años, le obligaron a enlistarse al ejército de la Alemania Nazi cuando es válido recordar a los chilenos maniqueos que la dictadura totalitaria nazi obligaba a todos los adolescentes de 12 a 17 años a enlistarse obligatoriamente a la Wehrmacht además si el padre de Kast hubiera sido un nazi creyente eso no hace que José Antonio Kast sea un nazi o asuma las decisiones tomadas por su padre mucho antes que él naciera. ¡Sentido común ante el maniqueísmo de la “ultraderecha”!
Otro ejemplo del maniqueísmo de la ultraderecha es el que afronta el Partido Republicano desde que Trump venció al establishment progre en aquella memorable elección de noviembre del 2016. Siguiendo sobre el Partido Republicano, hay que recordar la elección del martes 2 de noviembre del 2021 para el Gobernador de Virginia que fue un triunfo para el Partido Republicano a pesar de que Virginia fue un bastión de los demócratas por varios lustros. Indudablemente, el electo gobernador republicano ganó por su respeto a que los padres de familia se dediquen a la enseñanza de sus hijos y no se permita la ideologización en las escuelas estatales por docentes que son abiertamente social progresistas. Además, este triunfo republicano resalta porque la vicegobernadora es mujer negra de origen jamaicano y el fiscal general es hispano lo que demuestra que el Partido Republicano no es fascista ni racista, solo es un partido conservador respetuoso del Imperio de la Ley en la aún primera democracia del mundo.
Finalmente, y valga la redundancia a título personal, sean estas líneas para manifestar que yo no soy ultraderechista; primero por la formación socialdemócrata que recibí en mi hogar y en mi Universidad (¡a mucha honra!), segundo porque equiparo por igualdad en perversidad a la dictadura nazi como a las dictaduras comunistas en Europa del siglo XX. Mis detractores jamás condenan dictaduras asesinas y longevas como las de los hermanos Castro en Cuba o la del matrimonio Ortega Murillo en Nicaragua y menos la de la dupla cantinflesca Chávez / Maduro en Venezuela.
Es válido recordar que en mi artículo titulado El injusto trato: comunismo y nazismo(*),publicado en este prestigioso medio de comunicación, escribo lo siguiente: “Finalmente creo que un mundo democrático será cuando se condene y desprecie al comunismo y nazismo por igual, por ser dos ideologías totalitarias (contrarias a toda libertad) y por los perversos crímenes de lesa humanidad que perpetraron en el siglo XX”.
Si yo fuera ultraderechista jamás condenaría a la perversa dictadura nazi ni la equiparía con dictadores comunistas, tan perversos como Hitler, como lo fueron Stalin, Mao y Pol Pot. Estos dictadores me merecen el más absoluto desprecio.
Tercero, ante todo soy respetuoso del Imperio de la Ley y creo que el régimen democrático representativo es el mejor régimen político creado por el ser humano en toda la historia de la civilización humana.
P.D.: El martes 9 de noviembre los demócratas conmemoramos 32 años de la caída del aberrante Muro de Berlín que era el símbolo del dominio de la dictadura totalitaria de la extinta U.R.S.S. sobre la Europa del Este. La siguiente columna será sobre este suceso que determinó la caída del imperialismo soviético y la inmensa libertad para la Europa del Este.
* https://elmontonero.pe/columnas/el-injusto-trato-comunismo-y-nazismo
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