Jorge Varela
Efebocracia en Chile
Jóvenes descontrolados y en su salsa

El periodista Ascanio Cavallo, intentando explicar lo ocurrido en Chile, ha planteado que “el corazón del estallido está en el mundo de los jóvenes”, y describe su fuerza fundamental originaria como “la mayor fractura generacional de su historia”.
Según Cavallo, esta ruptura generacional “no tiene en plenitud el componente de clase que satisface al marxismo, ni el de valores políticos que contenta al idealismo”. No obstante, “toda una generación de padres está siendo refutada por sus hijos”. “Las respuestas de los jóvenes son brutalmente más radicales en la valoración de la violencia”, “la desconfianza en la democracia y las maneras tribales de informarse y tener opinión”. “Estos jóvenes crean sus certezas y sus sospechas, sus héroes y sus demonios”. “No les gustan las elecciones; prefieren las asambleas. No piensan en términos de representantes políticos, sino en la de la participación directa, a viva voz”. “No les interesa el orden público”; “detestan a los partidos”. “Es una generación que funciona con otros códigos”, “sigue otra lógica” (fragmentos de artículos publicados en el diario La Tercera, en diciembre de 2019 y enero de 2020)
¿Por qué someterse entonces al orden de las instituciones democráticas?, ¿para qué acatar sus reglas?, si la autonomía individual sin límites es la que impulsa los comportamientos juveniles, sus delirios y alucinaciones, Se trata de jóvenes audaces dispuestos a beber de una vez toda la distancia que los separa del horizonte; jóvenes seguros de sí que no sienten temor a nada; jóvenes arrogantes y desafiantes que no respetan la autoridad de sus padres, mucho menos la de sus abuelos; jóvenes que anhelan echar abajo el sistema que los mantiene y cobija; jóvenes dispersos que viven y actúan como si fueran verdaderos parásitos nihilistas.
Gerontes cansados
El rol ancestral de los hombres viejos en la tribu era el de servir de lazo natural y necesario entre el pasado y el presente. Pero hoy, cuando el peso de la opinión paterna está sometido a cuestionamientos, este lazo natural se ha degradado a la par que su lánguido rol histórico-legal. Lo anterior explica el aflojamiento del lazo social y la pérdida de autoridad en el Estado social del progresismo moderno.
La brecha generacional entre viejos y jóvenes, tan antigua como la existencia humana, no es solo una cuestión de naturaleza biológica o cronológica. Hay ancianos con espíritu joven y hay jóvenes con alma de viejos. La evolución biológica, el desarrollo neuronal, la formación familiar, educacional y cultural, la madurez psíquica, lo valórico-axiológico y lo ideológico son claves y determinantes para entender la forma de relacionarse entre generaciones que transitan por rutas paralelas pero que tienden a divergir naturalmente.
Es de esperar que los gerontes ya cansados, que aún están vivos y tuvieron la gran dicha de haber nacido hace algunas décadas –hombres de esfuerzo mayoritariamente solidarios– no acepten conformar la fauna de ciudadanos sobrantes, como muchos jóvenes atrevidos quisieran, y prosigan su larga caminata por la vida, negándose a entregar su país en manos de cualquier inconsciente.
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