Aldo Llanos
Diego Bertie y la muerte
El reconocido actor no solo ha vivido, coexiste. ¿Qué significa eso?

La mañana del 5 de agosto nos despertó a todos con una noticia inesperada: el actor y cantante Diego Bertie había fallecido al caer del piso catorce del edificio donde vivía. De inmediato para muchos de nosotros se nos vino a la mente el jovenzuelo y buen mozo que salía cantando en un video en blanco y negro la canción “Caras nuevas” (1988). para luego actuar como galán de la telenovela Natacha (1990) y como protagonista de la serie Fandango (1992-1993) El resto es historia.
Sin embargo, ¿por qué deseamos que siga en medio de nosotros? ¿Por qué queremos recordarlo con esa sonrisa por siempre? La antropología cristiana nos puede dar respuestas a esta interrogante.
Aunque el cuerpo humano con su vida temporal haya muerto, la persona quien es Diego Bertie, sigue subsistiendo sobre el paso del tiempo. Su futuro nunca acaba. En ese sentido, Diego coexiste hasta alcanzar su culminación; es decir, hasta el encuentro con quién es capaz de aceptarlo totalmente y devolverle el amor entregado en la misma medida. O hasta su fracaso, que sería el desencuentro permanente con este Otro. Por lo tanto, la muerte solo es biológica más no biográfica (García, 2019), aunque necesaria para alcanzar la anhelada culminación. No deberíamos morir, ese no es nuestro destino. Aquí nace la intuición primigenia que nos hace resistirnos a la idea de que la persona amada haya partido para siempre.
Por otro lado, también vale precisar que la persona que Diego Bertie es, es mucho más que su modo de ser, de allí que siempre será muy injusto juzgarlo como persona. Uno no es lo que hace, es mucho más que eso. Por ello siempre será mejor aceptar a las personas como son antes que juzgarlas, lo que implica una lucha contra el egoísmo que es replegarse sobre uno mismo.
Hoy ha salido ese sol de nuevo
Y día a día se hace una vida
Quiero sacar lo que tengo dentro
Y ver colores y formas nuevas
Contigo no existe final
Solo un largo camino que andar
Las sombras me acompañarán
Y con dragones habrá que luchar
La culminación de Quiénes somos, pasa por la aceptación del Otro, quién es capaz de aceptar sin medida el don de mi existencia. La culminación no depende de uno mismo, siempre dependerá de quién quiera aceptarme como don.
Y me basta saber que estás conmigo
Que donde vaya siempre tú estarás
Que el miedo que sentí nos una tanto
¡Qué difícil es amar!
En efecto, la letra de “Qué difícil es amar” (1997) es antropológicamente cristiana, y muestra claramente que la mayor felicidad se halla cuando se es amado; es decir, cuando se nos acepta por lo que somos y no tanto por lo que hacemos o tenemos. Nacemos para amar y ser amados y no solo para una de estas dimensiones. Pero los seres humanos somos imperfectos por lo que esta aceptación siempre será imperfecta. ¿Y cómo nos aceptaría y amaría un ser perfecto? Pues perfectamente y esta culminación es plena cuando el que me acepta es perfecto y con cuya perfección ama a lo perfectamente imperfecto que somos. De allí que la culminación de nuestro coexistir es vida y vida en abundancia y es precisamente en esa vida la que queremos para Diego porque en ella Diego sonríe y sonreirá para siempre.
A veces me miro al espejo
Y me doy cuenta que uno es ninguno
Pero despierto y te veo a mi lado
Y ya nada importa tanto
Sin ti yo podría vivir
Pero me aburriría morir
Tú eres mi fantasía
Tengo tantas ganas de vivir
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