Juan C. Valdivia Cano
Del pensar mestizo
Sobre el trascendental libro del sociólogo peruano Hugo Neira

“Yo sólo creería en un pensador capaz de darme un ejemplo”
Nietzsche
La obra histórica, social y política de Hugo Neira está muy lejos de ser mera descripción de hechos, vasta erudición y alegre rigor. La historia, como se puede extraer de su obra, es recuerdo de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que podemos ser si queremos, como decía el maestro Basadre. Se puede hablar de un gran libro de historia, pero eso nos induciría a pensar en la idea de especialidad, que aquí no es pertinente, siendo el especialista el nuevo bárbaro, el bárbaro moderno, como decía el maestro Ortega y Gasset.
Pero tampoco sé si cabe aquí el término a la moda interdisciplina, porque el historiador aventurero, que es también un fino pensador, usa libérrimamente cualquier disciplina social, filosófica, literaria u otras, a la medida de sus necesidades y objetivos, a partir de un asunto puntual, sin solución de continuidad. Todos los compartimentos estancos se diluyen en la historia a lo Neira; y lo digo porque es también, formalmente, un estilo, todo un estilo en un mundo intelectual algo acartonado. Y el estilo, como se sabe, es el hombre. Siempre jovial y sereno como un gran danzarín, un sociólogo nómade y desterritorializador, un intérprete que determina el sentido: un aventurero del espíritu, un nómade, aún sin salir del escritorio, como Borges o Kafka.
No he leído nada más sugestivo entre los historiadores peruanos que la obra de este pensador, antropólogo, historiador, crítico, periodista y politólogo. Y nada de eso en particular. Creo que se puede hablar en su caso de transdisciplina. Como el pintor que elige los colores que usará en su cuadro y las diferentes combinaciones posibles que decidirá, eso hace Hugo Neira con las diferentes disciplinas humanas. En época de embrutecimiento colectivo, de ausencia de paradigmas democráticos y republicanos vivientes y de carne y hueso, de neo barbarie encarnada en la corrupción política y económica, las barras bravas, la delincuencia y la anomia generalizada, defender lo que el autor defiende es ni más ni menos que arar en el mar: la vida democrática y republicana. Felizmente parece ser uno de los deportes favoritos de Hugo Neira.
Del pensar mestizo (Editorial Herética, 2006) no es solamente una obra sobre el mestizaje, ya sea en sentido étnico o cultural, o ambos. La multiplicidad de temas y problemas y la manera que el autor tiene de anudarlos y expresarlos, rápida y serenamente a la vez, hacen imposible e innecesaria la búsqueda de pistas clasificatorias. La época hace obsoleto ese afán de identificar la especialidad. El único punto común en esta compleja multiplicidad es el Perú y la reflexión sobre él. Una reflexión mestiza. Por algo el libro se llama así, Del pensar mestizo. En este libro Hugo Neira se ocupa de los problemas peruanos en el contexto nacional y mundial, de una manera muy original y ventajosa para el lector: el cómo, es una de las cosas más remarcables en éste libro, lo cual es, por supuesto, indiscernible del contenido.
El problema para un comentarista es abrazar todos esos temas en unas cuantas líneas, ya que se trata de comentar el libro entero, aunque no de manera exhaustiva sino elíptica (Severo Sarduy). Este libro tiene 446 páginas. Yo adopto el cobarde método de elegir uno o dos de esos variados temas y dejarlos de lado en apariencia. Tengo la esperanza de que, a pesar de limitarme a esos temas (como son la “anomia” y “el tejido despótico”), pueda vincular otros aspectos: un abordaje integral. Aunque toque temas puntuales, o incluso anecdóticos. Eso no contradice a priori la idea de Hegel: “la verdad es el todo”.
He saboreado entero el suculento plato. Las claves más radicalmente reveladoras me parecen las mencionadas : el “tejido despótico” y nuestra “anomia”, como las concibe el autor. Pero además hay otra placentera dificultad para comentar un libro como éste de Hugo Neira: la identificación personal. Y no solo por el estilo, que es intransferible; y no solo por la sapiencia que es propia de Hugo Neira, sino por las ideas y los sentimientos comunes hacia el Perú y hacia lo peruano Por eso no puedo tomar mucha distancia. Y como las ciencias sociales en la posmodernidad (si existe algo así) no eluden al sujeto, ni su papel en aras de una imposible objetividad científica; ni los juicios de valor; ni las odiosas comparaciones; ni otras disciplinas si se requieren; ni los sentimientos e intuiciones, corazonadas, hipótesis y conjeturas del investigador auto investigado, integral e íntegro.
En realidad escribe, pero parece que hablara, que conversara de paisano a paisano acerca de sus “temas favoritos”, que son también los de todos los peruanos, aunque no los mediten como Hugo Neira, con el largo tiempo y la intensidad que él le ha dedicado y le dedica. Esos “temas favoritos” son, por ejemplo, su visión histórica y actual de las ciencias sociales; “la identidad desde la perspectiva del mundo actual”; la vida política y social; el mestizaje, no sólo como asunto étnico sino como asunto a re crear, como un problema desplegable visto desde otros ángulos, pensando lo impensable. Un pensar plural y abierto. Ver lo no visto, o lo visto de otra manera.
Y por eso también la identificación política e ideológica, la común veneración por Gonzales Prada, Mariátegui, Basadre y no se diga Raúl Porras Barrenechea, de quien fue privilegiado discípulo junto a los que trabajaron y aprendieron con él en su casa biblioteca de Barranco, junto a Pablo Macera, Luis Loayza, Mario Vargas Llosa, Carlos Araníbar. De tal palo tales astillas. A propósito del maestro Porras Barrenechea, el autor (una de sus astillas) hace una sugerencia digna de tenerse en cuenta: “Sugiero pues, que deberíamos revisar el sentido total de esa oposición de Porras al liberalismo de los notables. Esas raíces acaso libertarias o radicales. Hay que volver a estudiarlo, ahora que el vuelco de la discusión intelectual hacia la cuestión democrática autoriza el diálogo entre el liberalismo y toda tendencia comprometida con la justicia social”.
Ese era el punto de vista también de algunos arequipeños, como Bustamante y Rivero, en quien liberalismo y socialismo no eran incompatibles; en Vargas Llosa , que apoyó a un partido socialista en España; o Percy Gibson, o Francisco Mostajo o Mariano Lino Urquieta, verdaderos liberales y socialistas a la vez. No había ni hay incompatibilidad, sino compatibilidad democrática.
Al completar la idea de democracia concebida sólo como “gobierno representativo” y “elecciones”, el autor plantea su propia alternativa: “Es tiempo de abordar la democracia y lo haré desde el individuo y del ciudadano, por todo lo dicho anteriormente (y ya estamos en la página 442)(...) les propongo otra forma de abordar la relación entre ciudadanos e instituciones. La siguiente: la democracia es el régimen que protege a los ciudadanos. Y el individuo es entonces el valor absoluto”. Mi coincidencia es aquí igualmente absoluta. Es una posición rara en nuestro país, a pesar de que la Independencia se hizo conforme a estos valores, más rara todavía cuando es auténtica, como en este caso.
Creo que así como la enseñanza viva y ejemplar de Raúl Porras Barrenechea, seguramente también influyen en las posiciones democráticas otra variables, como los orígenes sociales, que no niegan la singularidad, que se funda más bien con ella . Y como ahora todos se dicen democráticos, es bueno aclarar que en el caso de Hugo Neira no sólo lo es pensando en el sentido de la igualdad de derechos sino también de la libertad, la autonomía y el respeto de los individuos y la sociedad que conforman. Y eso brota de este libro implícita y explícitamente.
Se siente esa estimulante y dolorosa obsesión por los problemas peruanos, rápida e iluminadoramente contextualizados, con un lenguaje por momentos casi telegráfico, de una gran síntesis ligada a una rara amplitud y generosidad de miras, también rara en el país: una obra sin estrecheces, ni ortodoxias, ni populismos, ni dogmatismos, ni sectarismo alguno. Ensayos, artículos cortos o medianos, comentarios de artículos, hechos, biografías intelectuales-ético-políticas, componen algo heterodoxamente orgánico, a pesar de, o gracias a la variedad en el modo y en el contenido. Creación heroica en la forma, contra una tradición a veces demasiado académica y doctoral en ciencias sociales (si es que todavía estamos en ese terreno).
Había prometido comentar, por lo menos, los conceptos de “tejido despótico” y “anomia”, según Hugo Neira. Sólo he logrado hacer una tímida introducción. Hay que decir que esos conceptos, y otros más del “pensar mestizo”, nos explican profundamente como peruanos. No es sólo una manera de entender más integralmente el mestizaje, sino de entendernos a nosotros mismos en forma clara, distinta y nueva. Pocos peruanos han sido capaces de tales cosas. Al leer este libro amenísimo, no he dejado de volver a pensar en Francis Picabia, que decía: “la cabeza es redonda para poder pensar en todas las direcciones”.
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