Manuel Gago
¿Deambulando y sin conciencia política?
Los populismos generan situaciones caóticas

La nueva norma sobre partidos políticos no levantó la polvareda que se decía vendría. En provincias, los líderes de los movimientos locales renuncian a sus propias agrupaciones y se inscriben en los partidos nacionales con intenciones de candidatear en las próximas elecciones. El caso más notorio es del exalcalde de Huancayo, Dimas Aliaga –fundador del movimiento Caminemos juntos por Junín–, ahora coordinador regional del partido liderado por Martín Vizcarra, sindicado como el causante de las 200,000 muertes durante la pandemia del 2020.
Desde que la norma era proyecto los izquierdistas demonizaron la iniciativa. Decían que era una propuesta centralista, excluyente y antidemocrática, y le agregaban el sambenito de neoliberal con el fin de tacharla y quitarle legitimidad. Pero los hechos demuestran la orfandad de esa posición. Estancados en el palabreo estéril, las izquierdas le reclaman a la población “conciencia política”. Esa responsabilidad hartamente pregonada de boca para fuera no sintoniza con la práctica política izquierdista. Buscan la pulverización del voto fomentando ollas de grillos y torres de Babel en el Parlamento y los gobiernos locales y regionales, destinados a boicotear los consensos políticos. Es la estrategia del “divide y reinarás”, que hace tanto daño.
Esa conciencia política no empata con los perfiles de tantas candidaturas de medio pelo que la izquierda promueve y que veremos en las próximas elecciones. Repetimos: ¿qué cambió sustancialmente en la sociedad para augurar mejor representación? Sin un bloque sólido de las derechas, otro Pedro Castillo llegaría a la presidencia. En las actuales circunstancias, con una guerra política, cultural y espiritual por librar, de los centristas –tibios, ni chicha ni limonada ¿qué se puede esperar?
Sin esos cambios sustanciales los candidatos serán los mismos “políticos” y “personajes públicos” en partidos nuevos, inscritos con firmas recaudadas a cambio de gaseosas y galletas. A este juego se prestan “figuras” con talla de exitosos empresarios, pero sin habilidades políticas necesarias para el manejo público, abismalmente distintas a las del manejo privado. No obstante, a pesar de todo lo experimentado –dictadura velasquista, senderismo e intento de Perú Libre de imponer una patria socialista– esas figuras, que juegan a la política, no distinguen quién es el enemigo principal. Las imágenes de Hernando de Soto tratando de redimir a Pedro Castillo son elocuentes. El economista de fama mundial desconocía el alma filosenderista del profesor chotano.
El hasta ahora utópico bien superior, consecuencias de los consensos, es saboteado por las izquierdas, que enturbian el desarrollo nacional. Por ellos las políticas de Estado –en apariencia, inspiradas en los pobres– fracasan. Los asistencialismos no resuelven el origen del mal. En la misma línea, destruyen el avance agroexportador y minero, los dos pilares de la economía. Detienen el crecimiento de la producción y el surgimiento de nuevos contratos laborales, con normas y regulaciones supuestamente destinadas a ordenar el desenvolvimiento social y económico. Incrementan la informalidad con la perversa tramitología instaurada. El bien superior de las izquierdas va por el lado del Estado empresario y totalitario, con una cúpula ideologizada en el poder enajenando la voluntad de la población.
No obstante las adversidades, un 70% de la población económicamente activa realiza actividades informales y demuestran que es posible salir adelante sin la ayuda del Estado. Es, económicamente hablando, la derecha popular; pero ¿acaso escasa de conciencia política?
El Estado estorba, en lugar de apalancar el potencial ciudadano. Esa mole burocrática cambiará mediante decisiones políticas firmes y conocimiento de la realidad. Perú seguirá deambulando sin alguien con voluntad férrea que le proponga a los electores hacia dónde ir, por la ruta del progreso. Las buenas intenciones y los maquillajes cansan. Los populismos condujeron al Perú a esta situación caótica.
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