Maria del Pilar Tello
De la fragmentación política a la fragmentación del discurso
Un debate serio exige criterios de orden y jerarquización
Dada la cantidad, sorprendente e innecesaria, de postulantes al sillón presidencial, fue necesario establecer tres fechas para realizar el debate que, lamentablemente, no se trasmitió por señal abierta, lo que hubiera permitido una mayor recepción por parte de la ciudadanía, por lo menos, de aquellos interesados en conocer más del candidato de su eventual preferencia y de las ideas de otros. Se debió establecer “tandas” de candidatos, lo que a la larga impidió que confrontaran sus posiciones y propuestas. Ello, sumado al hecho de que ésta es una campaña que se mueve por las redes; es decir, sin el anterior contacto de los candidatos con la masa electoral, sin emoción ni escucha pues la presencia de las cabezas con sus electores en provincias no significa que determine preferencia pues el poder de las redes, en las que se invierte muchísimo, podría ser el fiel de la balanza, pero ello ante una opinión colectiva constantemente cambiante y superficial.
En muchos casos en las tres sesiones del debate se recurrió a lugares comunes y a ratificar el diagnóstico que ya conocemos, al referirse a problemas de urgente atención, como la corrupción enquistada en nuestra sociedad y en el sistema político y la urgencia de atender a la creciente inseguridad ciudadanas y la violencia que nos va sofocando. Resultaba sorprendente escuchar a quienes son parte de las mafias el que se atrevieran a hablar de ética, moral y anticorrupción; y escuchar palabras vacías de contenido. Pocos demostraron manejo de escena y muchos hicieron de la denuncia personal y el ataque una herramienta que en nada favoreció el buen uso del tiempo que les fue asignado. Destaco, no obstante, la coherencia en el mensaje del general Williams y del remate de Enrique Valderrama; el primero con coherencia y convicción y el segundo, demostrando que tiene escuela política, lo que tampoco le puede significar un mayor arrastre por el hecho de que su ascenso a ser el representante de su partido, estuvo muy cuestionado.
Hay detalles que quisiera resaltar; uno de ellos es la tardanza de ingresar al set de López Aliaga; muchas razones podrían explicarlo, pero es una descortesía y quizá una equivocada manera de llamar la atención. Otro detalle es que no todos respetaron el compromiso de no lucir elementos alusivos a sus emblemas, colores y/o símbolos. Claro que lo hicieron de manera “solapada” y casi subliminal, pero habla de una voluntad de desconocer lo que se asume como compromiso y, tal como ha señalado un comentarista político, ello hizo que el debate no fuera más que “una anécdota en medio del caos electoral” pues muchos candidatos han aportado más elementos de confusión, a lo que se agrega la dificultad que enfrentarán los electores ante una cédula de votación que, por ser compleja, genera una situación que se agrava por ese más de 40% de ciudadanos que aún ni la entienden ni definen su voto.
Los responsables de la conducción se convirtieron no solo en moderadores, sino que emitieron opinión y, desde mi perspectiva, eso no era lo que correspondía. Del mismo modo, las preguntas de algunos ciudadanos, preguntas que fueron elegidas a través de un sistema que no quedó claro, eran inconsistentes y formuladas en casi todos los casos, con poca claridad.
Si bien los temas sobre los que se expondría en este debate estaban claramente establecidos, si extrañé que se redujeran a esos dos aspectos de la urgencia que el Perú enfrenta; temas como la necesidad de atender la creciente informalidad no pudieron ser abordados, salvo por quien cree que reducir de 18 a 6 ministerios será hecho como por arte de magia, sin recordar que en el actual parlamento, se ha aprobado una ley que, cambiando el régimen de los trabajadores CAS, hará casi imposible dejar de contar con esos más de 350 mil empleados del Estado que han adquirido beneficios que generarán un gasto adicional de millones de soles al erario público, engrosando la burocracia estatal. La informalidad es una realidad gravísima para el país y la encontramos en todos los sectores con consecuencias severas, no solo en la grave minería ilegal, sino en todos los rubros de la actividad económica. Es necesario formalizar a la mayor cantidad de emprendedores no solo porque todos debemos asumir el pago justo de impuestos, sino porque sin una sociedad económicamente formalizada, son muchos los que quedan al margen de los servicios públicos a los que tienen derecho, porque no hay cómo generar una planificación de ellos a corto, mediano y menos, a largo plazo.
Los temas abordados o dejados de tratar y la mala preparación de la mayoría de los candidatos no parece haber movido la preferencia de un sector de los electores, aunque sí podrían haber motivado el que parte de ese 40% de indecisos, reflexione sobre algunos candidatos como Williams y que se reafirmen en no optar por aquellos que creen que la política es un chiste, una anécdota, una manera de enriquecerse o de afianzar una forma de acción que solo busca confundir y, al final, empobrecer al país, llevándolo hacia opciones de extrema izquierda que han demostrado ser incapaces para mejorar el nivel de los ciudadanos y las mejoras que el Perú necesita.
El debate no aniquila la constante que hemos tenido de actuar no a favor de algún candidato sino en contra de alguno de ellos. Esa es una actitud peligrosa pues podría significar que elegimos al peor y el antivoto, agravado a que el sistema electoral basado en el 5% de los votos válidos y ante la confusa y extensa cédula de votación, podría significar el tener un congreso realmente fragmentado y un presidente sin bancada ni respaldo parlamentario.
Tenemos aún por delante unos pocos días para una reflexión personal que nos permita emitir un voto consciente y, además de la plancha presidencial de nuestra preferencia, tomar conciencia de la necesidad de contar con un parlamento idóneo y, sobre todo, con un senado conformado por quienes están más capacitados y cuentan con mayor bagaje ético para asumir la responsabilidad de una Cámara Alta con grandes poderes y especial responsabilidad.
El futuro está en nuestras manos; debemos elegir bien y manifestar nuestras preferencias políticas ya que votar es ejercer un derecho y asumir una responsabilidad.
















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