Christian Luján
CONACOP II: Un espacio para elevar el conservadurismo en el Perú
Porque una nación no puede construirse negando su historia
Mañana, 23 de julio, se da inicio en Lima al Segundo Congreso de Agrupaciones Conservadoras del Perú, CONACOP II, organizado por Essentia PUCP y Jóvenes Patriotas; un evento que durante dos días contará con la participación de plataformas como ILAD Media, Origen, Padres Peruanos, USHNU, Una Voz Diferente y Population Research Institute, entre muchas otras, además de ponentes de reconocido prestigio. Lo llamativo de este congreso es no sólo su propia dimensión, sino su propio nombre, dado que nunca en la historia del Perú político un movimiento o un partido había hecho de este adjetivo una autodenominación expresa como "conservador". El término había existido siempre como un adjetivo, en algunos casos peyorativo, como una difusa tendencia dentro de otros proyectos, pero nunca como una bandera articuladora. Existen fenómenos similares en el mundo, como la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), nacida en Estados Unidos en 1974 y replicada hoy en Argentina, Brasil o Colombia, que reúne activistas, intelectuales, políticos y todos aquellos a los que les une un mismo ideario. El CONACOP II es, en este sentido, la primera experiencia peruana de esta lógica, en su segunda edición, de una articulación transversal que abarca las dimensiones universitaria, mediática, social y política.
Sin embargo, para comprender qué es realmente lo que se está poniendo en articulación, resulta necesario despejar la caricatura que suele envolver al conservadurismo. Ser conservador no significa aferrarse al pasado por nostalgia ni defender indiscriminadamente cualquier forma de statu quo. En su sentido genuino, el conservadurismo parte de la prudencia aristotélica: la capacidad de deliberar sobre lo conveniente a partir de la experiencia y de las circunstancias concretas, en lugar de pretender reorganizar la sociedad desde ideas abstractas. Edmund Burke, padre del conservadurismo moderno, definía al Estado no como el resultado de un contrato racional, sino como una realidad histórica y orgánica, profundamente enraizada en la tradición. Siglos después, Roger Scruton retomaría esta idea al recordar que aquello que posee valor puede destruirse con facilidad, pero requiere mucho tiempo y esfuerzo para ser construido. Por ello, el conservador no se opone necesariamente al cambio; lo que sostiene es que este debe ser evaluado con prudencia, probado en la práctica y surgir, en la medida de lo posible, de las propias dinámicas de la sociedad antes que ser impuesto desde el Estado. En otras palabras, el cambio debe avanzar de la sociedad hacia el Estado, y no necesariamente en sentido contrario.
En el Perú no ha existido este tipo de articulaciones, CONACOP II busca llenar este vacío, lo que ha existido en nuestro país son personajes conservadores. Por ejemplo, uno de sus más grandes representantes fue, sin duda alguna, Bartolomé Herrera, quien, desde el púlpito y posteriormente desde la Convención de 1860, defendió un orden político basado en la autoridad y en la tradición católica, frente a lo que consideraba los excesos del liberalismo doctrinario. Su pensamiento contribuyó a articular lo que posteriormente se conocería como el «partido conservador» del siglo XIX. Otro caso y, el más relevante del siglo XX, es el de José de la Riva-Agüero y Osma quien encarnó otra expresión del conservadurismo peruano: un hispanismo que reivindicaba la herencia virreinal como parte constitutiva de la identidad nacional, en un contexto marcado por el surgimiento del indigenismo. Aunque ambos pertenecieron a épocas distintas y desarrollaron sus ideas en contextos y circunstancias diferentes, los unía una convicción fundamental: una nación no puede construirse negando su historia ni sustituyéndola por diseños abstractos, sino reconociendo críticamente las tradiciones, instituciones y experiencias que le han dado forma. Y en CONACOP II buscamos dar una propuesta multinivel, pero que sea auténtica, un conservadurismo a la “peruana”, como la que propusieron los personajes previamente mencionados y que tome en cuenta los aportes y referentes internacionales, los problemas de la actualidad; pero que aterrice en nuestra realidad e historia propias y en consecuencia de una propuesta original y coherente con su propia realidad.
En un país como el nuestro, donde la denominada “batalla cultural” rara vez se ha librado desde espacios articulados y con vocación de permanencia, y en un contexto donde el progresismo intenta apropiarse de los marcos interpretativos, la aparición de un congreso que ose llamarse conservador sin eufemismos es, en sí misma, un hecho político digno de atención y paradigmático, más allá de las coincidencias o distancias que cada uno tenga con su agenda.
Los esperamos mañana 23 de julio y el viernes 24 a ser parte de este momento clave.
















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