Carlos Adrianzén

Tiempos de sequía

Sobre el vínculo entre la libertad económica y el desarrollo del país

Tiempos de sequía
Carlos Adrianzén
09 de septiembre del 2026

 

Cada país atraviesa sus propios tiempos. En algunos momentos predominan el crecimiento sostenido, la recuperación de la estabilidad o la expansión de las oportunidades económicas. En otros, por el contrario, la economía se estanca o se contrae, mientras las inestabilidades nominales terminan complicando casi todos los ámbitos de la vida social.

Aunque en cada uno de estos escenarios el manejo de las herramientas de política económica de corto plazo puede resultar relevante, para bien o para mal, las diferencias fundamentales suelen encontrarse en un plano más profundo. Se encuentran en las reglas del juego. Se encuentran en las instituciones.

Las instituciones pueden convertirse en vehículos de abuso estatal y terminar destruyendo las bases mismas de la prosperidad. Alternativamente, aquellas instituciones que suelen ser calificadas como capitalistas o clásicamente liberales, y que se aproximan a lo que Adam Smith denominaba un “sistema de libertad natural”, tienden a favorecer el crecimiento económico, la acumulación de riqueza y la estabilidad de largo plazo. Como sostenía el filósofo escocés, la cuestión central consiste en comprender la naturaleza y las causas que explican la riqueza de las naciones.

La experiencia peruana ofrece numerosos ejemplos de períodos particularmente destructivos. La hedionda gestión de Simón Bolívar al inicio de la república, la Guerra del Pacífico, la deficiente respuesta local a los efectos de la Gran Depresión estadounidense y, posteriormente, al fenómeno de El Niño de 1983 y su secuela, la gestión gubernamental de la alianza Izquierda Unida y del APRA durante la segunda mitad de la década de 1980, constituyen episodios que ilustran con claridad esta observación.

Todos ellos compartieron un elemento común. Un rasgo que podría calificarse como nuclear: un profundo desprecio por la libertad económica de los ciudadanos.

Dicha situación adopta diversos planos. En algunos casos aparece bajo la retórica socialista y estatista. En otros, se manifiesta a través del mercantilismo, es decir, mediante sistemas de privilegios, subsidios o protecciones especiales otorgadas a grupos empresariales cercanos al poder político. Aunque sus mecanismos difieren, ambos modelos implican oprimir a los agentes económicos. Restringen la libertad económica y reducen la capacidad de los individuos para tomar decisiones en un entorno competitivo y abierto.

Por el contrario, los períodos de mejora económica registrados en nuestra historia suelen encontrarse asociados a mayores espacios de libertad, a la limitación del poder estatal arbitrario, y al rechazo de un Estado omnipresente, depredador y abusivo. No pocas veces maquillado con la laxante etiqueta de subsidiario.

Lamentablemente, una nación como la peruana, que más de dos siglos después de la independencia continúa mostrando una distancia considerable respecto de los niveles de ingreso por habitante observados en las economías desarrolladas, parece haber experimentado más frecuentemente los tiempos difíciles que los exitosos. Históricamente, la libertad económica plena, aquella libertad a la que hacemos referencia cotidiana en nuestro himno nacional, ha sido una rarísima excepción antes que una regla.

 

Pero ¿somos libres?

La respuesta propuesta por el primer gráfico de estas líneas resulta negativa. La Figura A, que concentra la atención en el período comprendido desde la década de 1970, describe una economía caracterizada por niveles persistentemente reducidos de libertad económica. Desde esta evidencia, la opresión económica habría sido una constante de la experiencia peruana reciente.

Durante buena parte de este período, distintas variantes de intervencionismo estatal, ya sea bajo modalidades mercantilistas o socialistas, limitaron de forma recurrente los espacios de libertad económica disponibles para ciudadanos y empresas.

Sin embargo, la misma data permite identificar una regularidad adicional frecuentemente ignorada en muchas interpretaciones de la historia económica contemporánea del Perú.

La Figura B muestra que, quinquenio tras quinquenio, desde los años de la dictadura militar encabezada por el general Velasco, los períodos que registraron mayores niveles relativos de libertad económica estuvieron asociados a mayores tasas de crecimiento económico. Esta relación se observa incluso cuando el desempeño económico se evalúa en términos de producto por habitante.

En otras palabras, aun dentro de un entorno caracterizado por restricciones importantes a la libertad económica, las diferencias marginales en el grado de libertad existente parecían producir resultados significativamente distintos en materia de crecimiento.

Lo más sugestivo de esta evidencia de largo plazo es justamente que dicha relación aparece aun cuando los niveles generales de libertad económica observados durante el período permanecen relativamente reducidos. Incluso en una economía institucionalmente limitada, los episodios de mayor apertura parecen haber generado resultados superiores a aquellos asociados con un mayor intervencionismo.

Esta observación conecta directamente con uno de los problemas más graves del Perú contemporáneo, representado en la Figura C.

 

La falta de libertad implica sequía

Durante las primeras décadas del siglo XXI, el país habría ingresado en un período caracterizado por una marcada sequía inversora. La lógica presentada en la Figura C es sencilla. Bajos niveles de libertad económica, combinados con instituciones crecientemente deterioradas por prácticas mercantilistas y socialistas, generan un entorno hostil para la inversión privada. Cuando la calidad de la gobernanza económica se debilita –por flagrante corrupción burocrática, incumplimiento casi generalizado de la ley o masiva falta de orden público–, la incertidumbre aumenta, los incentivos para invertir disminuyen y la acumulación de capital termina desacelerándose. El resultado es un patrón inversor insuficiente para sostener procesos robustos de crecimiento económico y convergencia hacia los niveles de ingreso de los países desarrollados.

Bajo estas circunstancias, la inversión deja de cumplir su papel como motor fundamental de expansión productiva y generación de empleo. La consecuencia inevitable es la persistencia del subdesarrollo.

Con este esquivo patrón inversor estamos avanzando hacia un escenario preocupante. La ausencia de libertad económica no solamente restringe las oportunidades de crecimiento; también dificulta las posibilidades de reducir de manera sostenida la pobreza. Por ello, los desafíos nacionales no se limitan a preservar la estabilidad monetaria, administrar responsablemente las cuentas fiscales o enfrentar adecuadamente fenómenos climáticos e hídricos de gran magnitud. El desafío principal consiste en modificar el rumbo institucional de la economía.

Desde esta perspectiva, resulta urgente abandonar el mercantilismo socialistoide que caracteriza hoy al Perú actual. Resulta urgente ampliar los espacios de libertad económica y fortalecer instituciones compatibles con una economía abierta y competitiva.

La historia económica peruana ofrece una advertencia clara. La evidencia resumida en estas figuras sugiere que los períodos de mayor libertad económica han estado asociados con mejores resultados en materia de crecimiento, inversión y prosperidad. En consecuencia, sin niveles significativamente más altos de libertad económica, no podrán consolidarse procesos sostenidos de inversión, desarrollo y reducción de la pobreza nacional.

Carlos Adrianzén
09 de septiembre del 2026

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