Cesar Peñaranda
Cimientos del programa económico en riesgo
Es muy difícil construir y fácil destruir el bienestar de un país

De la lectura del programa de gobierno presentado por el grupo político Perú Libre al Jurado Nacional de Elecciones –y de las declaraciones del presidente de dicha agrupación, del candidato a la Presidencia de la República y de varios de los congresistas electos– se colige que los cimientos que sostienen el programa económico aplicado en Perú desde principios de los noventa están en severo riesgo de ser profundamente afectados. Y por lo tanto, también el crecimiento económico potencial y la atención y solución de los problemas socioeconómicos pendientes. Más aún, estos últimos se agudizarían y el país tendrá un incremento significativo de la informalidad, desempleo y pobreza extrema y global. El objetivo central de este grupo político es cambiar la Constitución, con énfasis en el capítulo económico, pues no solo discrepan con el sistema de economía social de mercado que recoge la Carta Magna, sino que muchos de sus aspectos específicos les impiden actuar, como veremos.
Dos son los cimientos sobre los que descansa la dinámica del programa económico aplicado en el país desde la década de los noventa: la estabilidad macroeconómica y las instituciones, los cuales han permitido crecer al ritmo que todos conocemos y reducir de manera sustancial los niveles de pobreza extrema y global, gracias al empleo e ingresos generados por la sustantiva inversión realizada, en particular por el sector privado, y el incremento en productividad. Es más, la desigualdad medida en términos de ingreso (Coeficiente Gini) si bien aún es alta también se ha reducido. Los indicadores al respecto son más que concluyentes del resultado altamente positivo, sin perjuicio por cierto de reconocer que falta mucho por solucionar, para lo cual la vía no es cambiar de modelo sino consolidar el mismo con base en las siempre mencionadas reformas estructurales de segunda generación, como la de la salud y educación, así como una profunda reforma del estado, temas que hemos tratado en varios artículos anteriores.
No hay país que pretenda crecer de manera sostenida si no logra y mantiene estabilidad macroeconómica a través de su política monetaria, cambiaria y fiscal, lo que se alcanza respetando los fundamentos macroeconómicos y logrando que los organismos que la definan y apliquen tengan autonomía para ejecutarla. Un manejo inadecuado de estas políticas culminará en inestabilidad económica expresada vía alta inflación o, más grave aún, hiperinflación, de lo cual a pesar de los años transcurridos los peruanos lo tenemos muy presente. Siempre es bueno refrescar que el impuesto más regresivo que existe es el “impuesto inflación” dado que afecta principalmente a los jubilados, a los pensionistas, a todos aquellos que tienen ingresos fijos, en resumen a los menos pudientes, a los pobres, pues no pueden evitar perder de manera permanente poder adquisitivo que el alza de precios genera sobre su capacidad de gasto y ahorro.
La agrupación política Perú Libre pretende quitarle autonomía al Banco Central de Reserva, abriendo la posibilidad de financiar a través de este organismo déficits fiscales, que sin duda se van a generar por las promesas de gasto que ofrecen y la dimensión que señalan darán al Ejecutivo, poder del Estado que pasará a ser el agente económico central pues además a través de la nacionalización (estatización) de empresas volverá a retomar el rol empresarial, como lo fue en los setenta y ochenta, para lo cual requiere eliminar la subsidiaridad que en este aspecto establece la Constitución. Esto, de lograrse, culminará inexorablemente en inestabilidad económica y parálisis de la economía, agravando la situación en la que estamos por la pandemia y el pésimo manejo de la misma.
Más efecto negativo se producirá por el profundo impacto que tendrá sobre el tema institucional lo que postulan los de Perú Libre, dado que esto afectará aspectos centrales del sistema democrático y de economía social de mercado que establece la Constitución. Nos referimos a las limitaciones que impondrán a la libertad de los agentes económicos privados de actuar e interactuar, como controles de precios y trabas al comercio exterior, al desconocimiento del imperio de la ley vía por ejemplo la revisión, modificación o anulación de contratos de forma unilateral, pues el argumento será lo tomas o lo dejas, a la eliminación de la propiedad privada a través de expropiaciones y estatizaciones y, no menos importante, la afectación a la transparencia y universalidad de la información que será restringida y controlada.
Es evidente que en este contexto habrá un impacto significativo negativo a uno de los motores fundamentales del crecimiento económico que es la inversión privada nacional y extranjera, necesaria tanto para expandir las empresas como para generar nuevas, al igual que para obras de infraestructura, con el consecuente efecto negativo sobre la generación de empleo y sobre el otro motor del crecimiento como es la productividad, aspecto este último que es vital mejorar para propender a incrementar el crecimiento potencial.
Dicen que es muy difícil construir y fácil destruir el bienestar de un país. Esto puede hacerse evidente en el caso peruano respecto de lo logrado en los últimos treinta años, pues por la pandemia y, como hemos señalado, por el deficiente manejo sanitario y económico de la misma en poco más de un año hemos retrocedido una década en los niveles de pobreza. Empero, la fortaleza macroeconómica y la consolidación de los aspectos institucionales, a más de las reformas estructurales pendientes, pueden permitir revertir la situación en un par de años si se hacen bien y pronto. Sin embargo, de embarcarnos en una aventura como la planteada por Perú Libre, de la cual brevemente hemos tocado algunos aspectos críticos, será muy fácil destruir todo y más rápido de lo que muchos se imaginan sumarnos al grupo de países no sólo más pobres sino, lo que es peor, sin salida y por ende sin futuro.
Por cierto siempre con el ánimo y la visión positiva me resisto a pensar en esto último. Y desde nuestra esquina, a través de artículos y entrevistas, buscamos explicar por qué es necesario consolidar el programa económico iniciado en los noventa, con los ajustes y actualizaciones que correspondan. Y lo sustentamos en la seguridad, que es la ruta para, más temprano que tarde, integrarnos no al grupo que nos conduciría el programa de Perú Libre, sino a aquel de los países del primer mundo, con alto bienestar para toda la población.
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