Raúl Mendoza Cánepa

Bukele según Vergara

Hay más enemigos de la democracia en la izquierda que en la derecha

Bukele según Vergara
Raúl Mendoza Cánepa
20 de mayo del 2024


Desde luego, al politólogo Alberto Vergara le tengo un enorme respeto intelectual; pero las diferencias de perspectiva me suelen llevar a la discrepancia en algunos temas. En su artículo “Bukele, el bukelismo y los bukelianos” (La República, 5 de mayo de 2024) tiene una medida doble de análisis. Se refiere a Bukele como la estrella política del momento, pero lo contrapone a la democracia, obviando el socialismo del siglo XXI. “Hace quince años, los ídolos políticos latinoamericanos eran Lula da Silva, Hugo Chávez…. Además de carismáticos, navegaron sus presidencias a bordo de un boom económico que los hizo figuras mundiales”. ¿Solo eso?

Más adelante dice: “A diferencia de hace quince años, ahora está permitido mostrar abiertamente deslealtad al sistema democrático. Por otro lado, es probable que esto esté vinculado con algunos cambios generacionales…”. ¿A diferencia de hace quince años, cuando el socialismo del siglo XXI lleva veinticinco y el castrismo mucho más? 

Se refiere a Bukele como un líder “muy crítico de la democracia heredada”, y lo más llamativo es que encuentra similares “estridencias” en Jair Bolsonaro, Javier Milei o Rodrigo Chaves en Costa Rica. Bolsonaro perdió la elección y se fue, llegó Lula; Chávez y Maduro fueron reacios a abandonar el poder; cuando el segundo se vaya, el sistema burocrático institucional de control permanecerá. No debemos estar esperanzados en el éxito de una opción democrática en Venezuela. Milei, libertario, recién llega como para prejuzgar sus acciones.

La diferencia entre los gobiernos de Cuba, Venezuela o Nicaragua con el de Bukele es que aquellos no fueron caudillos reactivos frente a un problema concreto (como los temibles maras en El Salvador), sino que tenían el objetivo de tornarse en tiranías institucionales. En Cuba o Venezuela podrán morir los gobernantes, pero siempre emergerá otro, y no hay opción de alternativas democráticas porque el sistema ya ha sido tomado. No es Nicolás Maduro el dictador, es solo el que dirige la tiranía totalitaria del sistema socialista en Venezuela. No sabemos hacia dónde va lo que López Obrador en México llama retóricamente “la cuarta transformación”. Son, como ven, dos miradas distintas.

Pese a las diferencias, parece que para los científicos sociales de la izquierda democrática, el resquebrajamiento de la democracia es visible, pero selectivamente. Menciona Vergara la reelección inconstitucional de Bukele, pero las sucesivas reelecciones y “permanencias” en Venezuela parecen cobijarse en la ceguera. 

Dice Vergara, “olvidando adrede y por omisión”, que los enemigos de la democracia tienen solo la singularidad de la derecha. Señala: “Adonde quiero llegar es que la ciudadanía latinoamericana ha sido testigo de un caso tremendo de eficacia antidemocrática. Algo que la experiencia y el conocimiento sugerían era casi imposible”. ¿Cómo va a ser “casi imposible” lo que ya existe, y existe como sistema, solo que en la otra orilla?

En lo que se puede coincidir es que en América Latina “Todos quieren ser Bukele” y a nadie le importa que la celeridad procesal, el imperio del resultado (número de encarcelamientos) y el apoyo social comprensible devienen en fallas del debido proceso, quebrándose la presunción de inocencia, algo que en países democráticos como Perú ocurre solapadamente cuando los fiscales pasan por alto que las detenciones preliminares y preventivas (con un extraño concepto de “arraigo”) hacinan las cárceles con gente sin juicio, pero con “condena”. “La eterna dictadura fiscal”.

Todos quieren ser “el Bukele peruano”, pero combatir el crimen no depende de ejemplos inaplicables a un país grande y complejo; hay opciones tecnológicas integradas y sistemas comunitarios de seguridad que podrían permitir “cacerías” rápidas y procedimientos expeditivos en flagrancia. El Perú tiene una de las mejores policías de investigación del mundo, pero…

Por lo pronto, Antauro Humala no es ningún Bukele, ¿cuáles son sus créditos y estrategias? Su narrativa es otra, es el Tawantinsuyo, que ya no es. La gente quiere mirar adelante. Tampoco Milei es imitable, pues el Perú ya pasó por el ajuste y creció, lo que requiere es el desarrollo del capitalismo que bulle en la entraña del pueblo.

Buscar algo propio, disruptivo y democrático a la vez es la tarea por hacer. Pero bien harían los intelectuales progresistas en recordar las tiranías sistémicas socialistas que aún viven y, desde luego, por las que muchos de ellos votaron y apoyaron con el ascenso del filosenderista “lúcido, probo y democrático” Pedro Castillo.

Raúl Mendoza Cánepa
20 de mayo del 2024

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