Política

Embestida antiminera a todo trapo

En Junín y en el sur se bloquean proyectos mineros

Embestida antiminera a todo trapo
  • 04 de octubre del 2017

Junín es una región de tradición minera. Aun así, una pseudofederación de campesinos, inspirada en el estribillo “agua sí, oro no”, se abocó a detener las actividades extractivas en la región y el país. Quien dirigía esa “federación” era el fallecido Amando Zenteno, un sentenciado por terrorismo quien, incluso, era atendido por comisiones de trabajo en el Congreso de la República durante la administración Humala.

Por entonces, un proyecto de gran envergadura estaba en marcha. A la derecha de la margen derecha del río Mantaro, en las localidades de Acos y Visco (Concepción) existen yacimientos de fosfatos, los más grande del país. Mantaro SAC, la empresa canadiense —de cuya pulcritud en manejos ambientales no se puede dudar— logró convencer a las comunidades que tienen casi a flor de piel el fertilizante mineral. Canteras de por lo menos 1,500 millones de toneladas, suficientes para atender la demanda interna y externa de fertilizantes. La embestida antiminera, en toda su magnitud, paralizó el proyecto. Fieles a su lógica violenta y vertical, los militantes de esa izquierda radical colgaron perros muertos en las casas de los dirigentes vecinales para amedrentarlos, para hacerlos desistir por la fuerza de su decisión de darle luz verde a la explotación de los fosfatos.

Esa misma dinámica de terror, que se traslada de un lugar a otro, —de Junín a Puno, como lo hacía el dirigente Zenteno— interrumpe carreteras, aeropuertos y campamentos mineros. Responde a una embestida ideológica que quiere ganar las elecciones del 2021 y que ya tiene candidatos perfilándose. Pedro Castillo, el dirigente antisistema del Sute, sería uno de ellos. La huelga de los maestros le ha servido para darse a conocer. Esa embestida ideológica tiene presencia permanente en las emisoras provincianas, organiza “cumbres antimineras” como la reciente realizada paralela a Perumin en Arequipa, y asambleas como la de Azángaro en la que se reunió Gregorio Santos con supuestas comunidades campesinas del sur, con el propósito de “rechazar, denunciar y condenar esta geopolítica de miserias y exterminio de nuestros pueblos, ocasionada por estas mafias, empresas, gobiernos neoliberales e imperialistas”. Se han conformado, incluso, nuevas organizaciones de ronderos y tienen ahora —gracias al Congreso y al Ejecutivo— el argumento falso de las cabeceras de cuencas para impedir que la minería responsable siga creando empleos y reduciendo la pobreza.

Es evidente pues que el engaño proviene de esas voces ideologizadas que persisten en la lucha de clases, en lugar de construir esfuerzos mancomunados para hacer que la convivencia entre la agricultura, ganadería, minería y todos los emprendimientos históricos de las comunidades puedan ofrecer sus mejores resultados para el bienestar del país y de esa serranía postergada y olvidada.

Proyectos mineros como Constancia (en Cusco) son ejemplos de minería responsable. Y ese es el objetivo de la embestida ideológica: detener todo aquello que significa modernidad y responsabilidad al servicio de los más pobres. Quieren impedir a toda costa que los más pobres mejoren su calidad de vida y sus oportunidades, quieren negarle a Perú más puntos porcentuales al PBI y a las exportaciones. Quieren detener el Corredor del Sur, donde la inversión minera está en buen momento.

  • 04 de octubre del 2017

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