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Desastres naturales: la experiencia chilena

Economía

Desastres naturales: la experiencia chilena

23 de Marzo del 2017

¡Alianzas público privadas para afrontar la crisis!

La catástrofe causada por los huaicos y lluvias del Fenómeno de El Niño en nuestro país deja hasta el momento un saldo trágico lamentable: 78 personas fallecidas, más de 100,000 damnificados, 24,000 viviendas colapsadas o inhabitables, así como carreteras e infraestructura (escuelas, hospitales, etc.) afectadas. Semejante escenario nos lleva a preguntarnos, ¿cómo reconstruiremos el país luego de las lluvias? La experiencia chilena en la reconstrucción de las regiones de Biobío y Maule, afectadas por el terremoto de febrero del 2010, es aleccionadora para nuestro país. ¿Cómo hizo Chile? Con el decisivo apoyo y aporte del sector privado y el sector público se logró forjar una alianza público privada que permitió levantar las regiones afectadas, de forma total, en menos de cinco años. Al término de su mandato, el ex presidente Sebastián Piñera sostuvo que se habían levantado en un 97%. Sin duda, un gran logro.

En el 2010 un terremoto de grado 8.8 en la escala de Richter en las regiones de Valparaíso, Metropolitana de Santiago, O'Higgins, Maule, Biobío y La Araucanía causó la muerte de 542 personas, con 800,000 damnificados, 220,000 viviendas derruidas (cuyo costo representó US$ 3,943 millones), US$ 29,662 millones en pérdidas (casi el 18% del Producto Bruto Interno del país), así como infraestructura afectada. La experiencia chilena ha servido como ejemplo y caso de estudio en diversas universidades extranjeras, por la actuación del Estado en colaboración con la sociedad civil y el sector privado.

El gobierno chileno, cuyo presidente era en aquella época Sebastián Piñera, confió en el sector privado para la reconstrucción de las viviendas. Se diseñó y ejecutó un Plan de Reconstrucción en las regiones, que funcionaría como un mecanismo de alianza público privada. Por ejemplo, una de las mayores tragedias era el derrumbe de miles de viviendas; el Estado otorgó a las familias damnificadas un voucher para que sea canjeado entre diversas empresas inmobiliarias. Bajo este sistema, según un documento del Ministerio de Vivienda, Urbanismo y Bienes Nacionales, en el 2013 —es decir, tres años después del terremoto— el 94% de obras estaban listas, y de las 210,000 viviendas planificadas, se habían construidos 150,000, otras 60,000 estaban en proceso de construcción y 12,000 estaban planificadas.

Para poner otro ejemplo, en la ciudad Constitución, en la región del Maule, una de las más afectadas por el sismo, se conformó un equipo público y privado integrado por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, la Municipalidad de Constitución, la ONG Fundación Chile y la empresa privada Celulosa Arauco. A través del Plan de Reconstrucción, (mecanismo público privado) la empresa Celulosa Arauco concentró la formulación y ejecución de las principales infraestructuras. Arauco construyó escuelas y hospitales. Noventa días luego del siniestro los escolares retornaban al colegio.

En un documento elaborado por la Universidad de Chile —Reflexiones críticas sobre las Alianzas Público Privadas (APP) como instrumentos de respuesta frente a catástrofes socio-naturales— se sostiene que el proceso de reconstrucción estuvo organizados en tres grupos: los proyectos financiados 100% por el Estado, y en los que la empresa colaboraba entregando el diseño y el proyecto; los proyectos financiados 100% por privados, como el proyecto de mitigación de olores de la planta de celulosa Arauco; y por último los proyectos financiados por privados a través de la Ley de Reconstrucción y de Franquicias Tributarias. Otro ejemplo es la ciudad de Concepción, en la región del Biobío, donde luego del terremoto la alianza pública privada resultó gravitante. Hoy Concepción está entre las diez ciudades con mayor índice de calidad de vida.

Debemos subrayar que Chile tiene un alto índice de cobertura de seguros privados en viviendas y otras infraestructuras. Es decir, la reconstrucción fue financiada por un sector privado poderoso. Solo el monto total del aseguramiento era de US$ 4,921 millones. Según datos del Instituto Libertad y Desarrollo, luego del sismo 93 grandes y medianas empresas de VIII Región fueron afectadas. En agosto alrededor del 90% las empresas estaban en capacidad operativa.

Chile es un demostración de que con una estrecha colaboración entre el sector público y privado se puede reconstruir un país luego de un desastre natural. Como último dato indicaremos que al año siguiente del terremoto el PBI de Chile creció en 5.8%. Sin duda, extraordinario.