Economía

Desaceleración no se detiene

Desaceleración no se detiene
  • 23 de marzo del 2015

Sobre las nuevas proyecciones de crecimiento económico y las próximas elecciones.

Hace unos días el presidente del BCR, Julio Velarde, informó que la economía peruana solo había crecido 1.7% en enero no obstante que los pronósticos señalaban que la expansión económica iba a estar por encima del 3%. Gracias a Dios que la minería creció 5%, de lo contrario enero habría sido un mes negro. Los especialistas proyectan que el resultado de febrero también será 1.7%. Entre tanto, se pronostica que en el segundo trimestre se podría crecer cerca del 3%, es decir que en los primeros seis meses del 2015 la economía apenas se expandiría en 2.5%.

Si bien es cierto que a partir de la segunda mitad del año los porcentajes irán en alza, sobre todo por las inversiones y ampliaciones en minas de cobre como Toromocho, Constancia y las Bambas, es evidente que los organismos internacionales, el BCR, y los titulares de los ministerios tienen que recortar las proyecciones del crecimiento. De un optimista 5% ahora se ha pasado a considerar que el Perú solo crecerá algo más de 3%.

Es evidente, pues, que la desaceleración económica ha llegado con fuerza y no para. Asistimos al efecto perverso de la mala política sobre la economía en una sociedad con democracia y mercado. Hoy no se puede hablar de libertad económica y de crecimiento económico al margen de una buena política. Durante los dos primeros años de administración nacionalista se lanzaron terribles señales y gases tóxicos contra los mercados, que no son sino organismos vivos que respiran información pública. Los resultados están sobre la mesa.

Sin embargo no solo se trata de los errores del actual gobierno sino también del conformismo y la complacencia de los gobiernos democráticos post-Fujimori, que consideraron que la estrella de América Latina iba seguir brillando y no avanzaron la otra generación de reformas. De una u otra manera, los políticos creyeron que la desregulación económica, la libertad comercial, la disciplina fiscal y el orden de la macroeconomía iban a ser suficientes para mantener un potencial de crecimiento por encima del 6% del PBI. Hoy sabemos que no era cierto.

La ausencia de reformas institucionales que le den predictibilidad a la economía, los retrasos en solucionar el déficit de infraestructura, las demoras en avanzar en las reformas de la educación, del sistema de salud y el de justicia nos pasan ahora la factura y tenemos que aceptar que el potencial del crecimiento del Perú ha caído por debajo del 4%.

La crisis del sistema político se ha sumado a la desaceleración de la economía mundial y a la caída de los precios de los commodities para apagar a la estrella de América Latina. Nadie puede negar el frenazo de la economía. Y quizá  los tiempos son adversos para desarrollar políticas públicas contra la desaceleración y restablecer la confianza de la inversión privada, el motor del crecimiento económico y de la reducción de la pobreza.

Ingresamos a un año pre-electoral en el que las estrategias políticas de los candidatos se cruzarán con la gobernabilidad. Tiempos difíciles para enfrentar la desaceleración. Pero la grandeza de una sociedad abierta y de sus políticos estriba, precisamente, en separar la paja del grano y entender que cualquier estrategia electoral nunca debe afectar las políticas públicas.

23 - Mar - 2015

 

  • 23 de marzo del 2015

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