Economía

“Cabeceras de cuenca” contra la minería

La urgencia de derogar ley que establece semejante concepto

“Cabeceras de cuenca” contra la minería
  • 02 de octubre del 2017

La ministra de medio ambiente, Elsa Galarza, aclara y dice que la modificación de la Ley 30640 (sobre recursos hídricos) no ha sido iniciativa del Ejecutivo, sino del Legislativo. Dice además que sobre el término “cabecera de cuenca” cada persona podría tener una idea diferente y que no es algo nuevo; es decir, es un concepto todavía no aclarado, que está por definirse. La señora Galarza comete una ingenuidad. El concepto cabecera de cuenca ya es utilizado por el radicalismo antiminero en las alturas del Perú para intentar paralizar las inversiones mineras. De allí la urgencia y necesidad de derogar la norma que establece este concepto.

Para este portal, la “cabecera de cuenca” no es otra cosa que un muñeco armado por Marco Arana y el Frente Amplio, que pretenden decirnos que por encima de los 3,000 metros sobre el nivel del mar (m.s.n.m.), nacen los ríos, las fuentes de agua que discurren por las quebradas hacia los valles y pueblos. No hay sustento científico razonable para tal afirmación. Si de agua se trata, no hay mejor posibilidad que almacenarla, contenerla en reservorios y diques, “cosecharla” como hacían los antiguos peruanos en los andenes. “Cabecera de cuenca” es un argumento engañoso, armado para impedir el desarrollo de la minería, para bloquear la producción de cobre y oro, y de bismuto natural, tan preciado en la industria farmacéutica y de belleza. Detener el desarrollo minero no es otra cosa que destruir las enormes posibilidades que tiene el país de explotar limpiamente, responsablemente, toda la riqueza acumulada en los Andes peruanos

La izquierda de hoy, aquella que se ha vestido con ropajes ambientalistas, que se gana las simpatías de los despistados —quienes lamentablemente abundan, por falta de información buena— sostiene que las cabeceras de cuencas son los lugares donde nacen los ríos, y que esos lugares deben ser preservados para el bien de la humanidad. Un lindo discurso que a simple vista conmueve. Nadie en su sano juicio estaría a favor de la contaminación y los destrozos que la mano del hombre hace con el entorno natural; lo que incluye las toneladas de basura que a diario se arroja y deposita impunemente en las riberas de los ríos y lagunas, y toda área pública en el país.

Los Andes peruanos, como todas las cordilleras y montañas en el mundo donde abundan las lluvias, se comportan como reservorios naturales y esponjas, acumulando todas las aguas de esas intermitentes gotas de lluvia provenientes de las nubes, sobre los 3,000 m.s.n.m. o sobre el mismo nivel del mar. Esas aguas que se acumulan y penetran en la tierra, dando origen a manantiales, puquios y aguas termales cargadas de minerales, calientes, algunas beneficiosas para la salud del hombre. No hay mayor responsabilidad que evitar que esas aguas sean desperdiciadas. Por eso, insistimos en la necesidad de acumularlas para beneficiar a la agricultura, ganadería, consumo humano y actividades extractivas como la minería que, según informes, consume entre el 1% y 1.5% de su disponibilidad.

La izquierda marxista cree en el centralismo no solo de toda actividad económica, sino hasta de la vida misma del hombre, quitándole su libertad y libre albedrío por un control de un ente superior llamado Estado, “al servicio del proletariado”. Esta izquierda decía —desde los años sesenta hasta la caída del muro de Berlín, en 1989— que los minerales son recursos estratégicos que deberían ser explotados bajo un control estatal, y que los funcionarios públicos deberían ser los fieles y celosos guardianes de esas riquezas naturales al servicio del país. Por entonces, el relato izquierdista era estatizar todos los medios de producción y, sobre todos, aquellos llamados “estratégicos”.

Y fue lo primero que hizo el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, después del golpe de Estado del dictador Juan Velasco Alvarado. Allí se gestaron Centromin Perú, Hierro Perú, Minero Perú, Tintaya y tantas otras “empresas nacionales” encargadas de extraer los minerales y procesarlos en plantas concentradoras y fundiciones como la de La Oroya. La izquierda de entonces no hablaba de desaparecer la minería, como ahora lo hace la izquierda verde, satélite de una ideología vertical. Una izquierda que, utilizando los instrumentos democráticos, quiere ver a Perú empobrecido para profundizar las contradicciones sociales y enfrentar a unos contra otros. Desde este portal daremos la batalla. No nos acobardamos. ¡A nosotros con el cuento de los pobres!

  • 02 de octubre del 2017

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