Rocío Valverde

Rocío Valverde

Seguros de vida

Seguros de vida
Rocío Valverde
12 de noviembre del 2017

Desde hace unos meses mi esposo y yo estamos en busca de la casa perfecta que venga con una hipoteca amigable. Conversar con los bancos fue el primer paso. Cada fin de semana íbamos de banco en banco a saber sus propuestas, esquemas, y negociar el potencial préstamo al que nos ataríamos por los próximos 25 años de nuestras vidas.

 

Un requisito para el préstamo hipotecario fue mencionado por todos asesores financieros con los que hablamos: Seguro de vida y cobertura para enfermedades terminales. Mi esposo y yo teníamos que comprar un seguro de vida que cubra el precio total de la casa.

 

Entendíamos la perspectiva de banco de querer cubrirse las espaldas en caso uno de nosotros fallezca y el viudo se quede con una deuda impagable. Una asesora financiera nos instaba a comprar un seguro de vida en ese preciso instante apelando a nuestro sentido común y a nuestro corazón. Nos contó una tristísima historia de un primo suyo que fue diagnosticado con cáncer terminal y solo en ese momento se dio cuenta que dejaría a su pequeño hijo y esposa sin un centavo para el entierro y sin una casa propia. El Grinch en mí pensó que esta señora probablemente mataba a su primo una semana, la siguiente a su amiga y la otra a su tía pero la actuación de la asesora coreana caló hondo en este par de veinteañeros impresionables.

 

Mi esposo compró su seguro de inmediato, yo tendría que regresar en dos semanas a comprar el mío. Sin embargo la ansiedad me estaba comiendo a cabeza ya que he tenido pequeños sustos en los últimos 4 años así que por mi cuenta empecé a llamar distintas compañías de seguro.

 

El proceso de screening es bastante estándar con las típicas preguntas acerca de tu salud, posibles adicciones, historias de cáncer en la familia, etc. Es por esto que me sorprendió que 2 compañías me dijeran que no me podían asegurar por tener Síndrome del intestino irritable. No importaba que no fumara, no bebiera, me sometieras a pruebas anuales o que hiciera ejercicio intenso 4 veces por semana para disminuir mi riesgo, para la empresa seguía siendo un cliente de altísimo peligro. Luego de muchas llamadas una compañía me aseguró con una cuota mensual de cliente con una condición médica pre-existente y bajo la condición de que consintiera a compartir mi historia médica completa con ellos.

 

¿Qué ocurre con las personas con genes problemáticos y que por antecedentes familiares están predispuestas a desarrollar cáncer? Pues resulta que las compañías de seguro pueden negarte cobertura si te han hecho pruebas genéticas y el resultado muestra que cargas mutaciones relacionadas con el desarrollo de una determinada enfermedad.  Es decir en esta casa de apuestas los precavidos pierden.

 

Me pregunto si el asegurador que te hace llenar un cuestionario bastante simplón tiene conocimiento alguno de bioética y si a los CEOs de las aseguradoras les interesa el tema en lo más mínimo. Esta discriminación solo premia la ignorancia y es un obstáculo para el desarrollo de la medicina preventiva. La vida no es una tom tom tómbola.

Rocío Valverde

 

Rocío Valverde
12 de noviembre del 2017

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