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Se está armando la gorda

Columna

Se está armando la gorda

31 de Marzo del 2017

Un problema mundial: la crisis de los aprendizajes

En un mundo cada vez más acostumbrado a pensarse y diseñarse a sí mismo desde los grandes números, desde la estadística profunda y el big data, encontramos algunos escollos o anomalías en el sistema de predicción certera. Esos glitchs o errores de programación tienen que ver con los grandes números asociados al tema educativo. En otras palabras, tenemos sistemas educativos que consumen cada vez más ingentes cantidades de recursos económicos y personales, pero los resultados de aprendizaje no se mueven.

Enfrentamos —y cuando uso el plural me refiero a toda la humanidad, no solo nuestro querido Perú— un problema mayúsculo, una paradoja o rompecabezas muy complejo. Y es que no hay una paridad entre, por un lado, el ritmo de crecimiento que está experimentando el mundo, el trabajo, el conocimiento y la tecnología; y de otro lado, los niveles o resultados de aprendizaje de las personas. Esta distancia, que crece dramáticamente, minuto a minuto, es lo que llamaremos “la crisis de los aprendizajes”. El detalle, no menor, es que esta crisis resulta invisible y compromete a todos los niveles de la realidad que pasa delante de nuestras narices. 

La preocupación ha escalado a tales niveles de urgencia que el próximo World Development Report del 2018 pone el tema por delante para la discusión a nivel mundial. Entonces ahora necesitamos añadir a la lista de crisis claves del mundo —la crisis del clima, la crisis de la seguridad y la crisis energética— la crisis de los aprendizajes.

De qué elementos se compone dicha crisis, o más bien cuáles son los grandes focos que alimentan dicha crisis. Los podemos resumir en:

La cuarta revolución industrial

Decíamos arriba que existe una serie de velocidades de cambio que se están acumulando. La más vertiginosa es la de la tecnología. Especialmente la digital, que está quebrando paradigmas de cómo conocer y aprender; pero al mismo tiempo llevando al límite la capacidad de los sistemas de formación, educación y entrenamiento de las personas. Hay poquísimas escuelas que son capaces o están experimentando aprendizajes abiertos a la revolución tecnológica, que les permitan a las personas estar equipadas para lidiar con la velocidad del cambio.

La distancia entre lo que se enseña y lo que los estudiantes quieren aprender

La lógica o racionalidad sobre el cual fue construido el sistema educativo ha sido el delivery de enseñanza. Comenzando por la estructura física de las escuelas, hasta asegurarse que las escuelas tengan docentes trabajando y, obviamente, alumnos sentados. Pero esos alumnos tienen intereses distintos a lo que sucede en aula; tienen intereses, sueños y expectativas que no son cubiertas por lo que pasa en el aula. Porque evidentemente ellos le están pidiendo a una sandía que sea pelota de golf.

La despersonalización de los sistemas masivos de enseñanza

Junto con ellos tenemos que, ante la promesa de una educación que debe ser dada a todos los seres humanos, entonces los sistemas se han estirado. Y estirado no teniendo otra opción que ser máquinas y sistemas con los que no se puede anidar aspectos más profundos, como innovación y rapidez para responder al cambio. No al ritmo que esperan los estudiantes, los mercados y las economías.

En un mundo en el que las grandes cifras definen las realidades, la verdad es que la realidad de aprendizajes que tenemos es sumamente grave. Finalmente, la consecuencia de esta crisis es el aumento de las desigualdades profundas que terminan quebrando la promesa de una educación para todos, y de un estado de bienestar, de paz y de concierto en la humanidad. Por eso hay que abrir una discusión sobre esta crisis que nos acecha.

 

Paul Neira Del Ben