Neptalí Carpio

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Psicoanálisis de un liderazgo homofóbico (2da parte)

Creen que la homosexualidad es la causa de todos los males del mundo

Psicoanálisis de un liderazgo homofóbico (2da parte)
Neptalí Carpio
17 de marzo del 2017

Creen que la homosexualidad es la causa de todos los males del mundo

Imaginar un mundo que ignora deliberadamente muchas contradicciones de la realidad es otra expresión del fundamentalismo evangélico o católico. Ahora, por ejemplo, para ellos el peligro principal de nuestra sociedad sería la inminente “homosexualización” de niños y adolescentes, como efecto de la aplicación del actual currículo implementado por el Ministerio de Educación. Los sacerdotes o pastores vienen imponiendo sistemáticamente esta amenaza entre los feligreses. Difunden intensamente ese falso peligro en las redes sociales y en los medios de comunicación que controlan o contratan. En esta campaña hay mucho dinero de por medio.

Todo aquel que haya observado los templos evangélicos, sobre todo en sectores populares, se habrá podido percatar del ritual y la prédica de los pastores. El pastor o sacerdote reitera de manera furibunda la prédica contra Satanás y sus manifestaciones; una de ellas es la homosexualidad, expresión maligna que atentaría contra la creación de Dios, del hombre y la mujer. Ahí no hay punto medio. Los hombres y mujeres en las misas se arrodillan una y otra vez, repiten hasta el delirio las consignas y cánticos del ritual evangélico, involucrando a estos sectores populares en un imaginario que, poco a poco, se aleja de los reales problemas de la sociedad.

El dogmatismo de este sector de las iglesias tiene en su base un enfoque androcéntrico, distorsionador de la realidad. Su obsesión es que siempre exista una marcada diferencia entre los sexos, para que los hombres impongan su supremacía sobre las mujeres; no solo a nivel de la práctica de la vida social y en la jerarquía de las iglesias, sino también a nivel de las elaboraciones discursivas sobre la realidad. Eso explica la terca insistencia del cardenal Cipriani para que en el currículo del Minedu se cambie la palabra “género” por “sexo”.

Se trata en el fondo de una manipulación con elementales juicios valorativos, una vulgarización de los temas que la sociedad debe enfrentar. Como han dicho otros analistas, ese mundo imaginario se impone sobre sectores populares con muy baja educación, pero ansiosos de aquella cohesión e identidad que nos les dan los partidos políticos, por la inexistencia de una comunidad política de masas y también por la ausencia de comunidades educativas laicas en las zonas más pobres de la ciudad. Es una prédica que está muy lejos del pregón del Papa Francisco, cuya vocación ecuménica para ellos resulta una herejía, como lo dicen a media voz.

¿Cómo se explica que estos sectores guarden un silencio frente a la frontal crítica del Papa Francisco ante los 4,550 casos de pedofilia descubiertos por la Santa Sede, o en nuestro país ante el escandaloso caso del Sodalicio? ¿Por qué no se conmueven por el hecho de que el Perú ocupe el tercer lugar en feminicidios en el mundo y el segundo lugar en violencia contra la mujer y los adolescentes? ¿Por qué no dicen nada frente al consumo creciente de alcohol y drogas de las mujeres de Lima, una de las causas de embarazos tempranos, tal como lo demuestran los estudios de la prestigiosa ONG CEDRO? En su cosmovisión andocéntrica, impuesta por los pastores fundamentalistas, el problema principal es la homosexualidad, como si esta fuera la causa principal de todos los males, presentes y futuros. Un comportamiento totalmente fuera de la realidad.

Hay excepciones en la iglesia, como ocurre con el comportamiento de las comunidades educativas de los colegios Fe y Alegría, que se han pronunciado claramente señalando que en el currículo del Minedu no existe ninguna ideología de género. El fundamento de tal diferencia radica en que esos colegios sí cuentan con verdaderas comunidades educativas laicas en las que se obliga a la participación de los padres y el ejercicio de prácticas productivas, y en las que existen las mejores experiencias de municipios escolares. Los colegios Fe y Alegría, dirigidos por grupos religiosos, son, sin embargo, espacios de intenso ejercicio democrático y de tolerancia.

En cambio, el comportamiento del fundamentalismo clerical me hace recordar a los años ochenta del siglo pasado, cuando el grupo terrorista de Sendero Luminoso apelaba a principios elementales del marxismo - leninismo - maoísmo para predicar contra el Estado, el capitalismo y el régimen liberal. La gran diferencia que hay que reconocer es que las iglesias fundamentalistas, especialmente las evangélicas, vienen creando un movimiento masivo, de alta raigambre popular. El poder económico que empiezan a construir con una extendida red de colaboración con el diezmo y la infraestructura explica en gran medida esta diferencia.

 

Neptalí Carpio

Fotografía: Christian Quispe

 
Neptalí Carpio
17 de marzo del 2017

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