Hugo Neira

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Indulto. Jonas, el principio de responsabilidad

La coyuntura política a la luz de la realpolitik y la ética

Indulto. Jonas, el principio de responsabilidad
Hugo Neira
26 de diciembre del 2017

 

Los grandes hechos históricos están ligados a lo imprevisible. Más de uno ha sido sorprendido por el indulto a Alberto Fujimori. Lima es la ciudad de los rumores y de eso se hablaba hace rato. Y ni siquiera cuando los congresistas votaron contra la vacancia de PPK se aseguraba la pronta libertad de Alberto Fujimori, acaso solo la libertad de la muerte. Por mi parte temía que el presidente no diera un paso tan difícil y riesgoso. Y lo ha dado. Se entiende que el indulto sea aplaudido por unos y repudiado por otros. Quiero dar mi opinión, apretada y sincera.

No sin antes una cuestión previa.

No fui fujimorista, no vivía en el Perú en los años noventa. Y sinceramente, me parecía un gobierno autocrático. Estaba de acuerdo —y sigo estándolo— que se había producido una «democracia delegativa» (Carmen Rosa Balbi). Incluso vine al Perú por unas semanas para participar en las actividades del Foro Democrático, se lo pueden preguntar al doctor Alberto Borea. Éramos unos cuantos. Cucho Haya de la Torre, Lourdes Flores y yo teníamos la misión de ir, una por una, a las desangeladas universidades del norte costeño, predicando contra la reelección por tercera vez de Fujimori, en el año 2000. Por mi parte, nunca dejé de pensar que la violencia de Sendero Luminoso es la causa para que naciera su contraparte, el poder centralizado y personal de Fujimori. Rara vez se dice que un autoritarismo produjo otro autoritarismo. Y ahí está la trampa. Con la excepción de Iván Degregori, pocos en la izquierda tomaron a Sendero por lo que es. El lugar de «los hondos y mortales desencuentros».

Lo que voy a decir de inmediato gira sobre dos formas de razonar. La realpolitik. Luego, un tema de ética.

A) Hoy, ante el indulto, pienso lo que sigue. 1) El presidente tiene esa prerrogativa y la gracia de otorgar la libertad. 2) Esto es corriente en todas las democracias del mundo. 3) Los que no la entienden no conocen la lógica del Estado, se indulta en nombre del «bien común». Es decir, la paz social. Habrá marchas y protestas, están en su derecho, pero es difícil que los peruanos prefieran la continuidad de la tensión entre el Ejecutivo y el Legislativo, como ha sido el horrendo año que termina. 4) Negarle ese derecho al actual presidente es negar la potestad misma del mandatario, no solo el actual sino a toda forma de presidencialismo; en realidad los que protestan (Cateriano) pertenecen a un extraño poder que se sitúa por encima del poder. Son parte de un proyecto de clase dirigente sin pueblo. 5) Lo que ha hecho PPK es en nombre de la gobernabilidad. 6) Ninguno de estos argumentos logrará calmar el ánimo de los que están por el “No”. Cierto, la democracia es un conflicto permanente. Pero en el Perú, siempre tan originales, estar en contra es una forma de vida y de recursos para poder vivir. El nihilismo en Lima paga bien.

B) Las razones éticas. ¿Ha oído usted algo sobre Hans Jonas? Nacido en 1903, estudió filosofía, teología e historia, Heredero de Husserl, Heidegger, profesor en la New School for Social Research de Nueva York, alcanza la celebridad con el «principio de la responsabilidad» (Das Prinzip Verantwortung, 1979). Jonas sostiene que las éticas tradicionales están superadas por la civilización actual. La tarea de la filosofía consiste en reprogramar los principios mismos de la ética. Hay un imperativo categórico, pero que sucumbe ante las tentaciones de una era de la dominación de la técnica. Entonces, el dilema es entre lo que es posible hacer hoy desde las situaciones nuevas que engendran la ciencia y los hechos políticos. Hay, pues, una ética de la convicción. Por ejemplo, yo soy pacifista, en consecuencia, no tomo las armas cuando invaden mi país (es el caso de los cuáqueros). Ahora bien, Jonas no discute la convicción, pero pregunta: ¿cuál es la consecuencia del pacifismo? Los enemigos arrasan tu país, tus bienes, a tus familiares. El filósofo no discute las creencias (entre ellas, los derechos humanos), sino que no es posible eludir el «principio de la responsabilidad». Así de simple y de enorme. La guerra civil post Sendero y post Fujimori ha durado hasta las navidades del 2017.

C) Se libera a Fujimori. ¡Y también a PPK!

Hasta este día de Pascuas que difícilmente olvidarán los peruanos, el presidente de la República aparecía como un mandatario entre indeciso y cauteloso. Esa imagen, precisamente la peor que pueda lucir un mandatario en un país como el nuestro, que no soporta mandatarios asustadizos y cohibidos —Bustamante y Rivero, Fernando Belaunde, Ollanta Humala—, hoy no juega con PPK. Para esa decisión se precisa de arrojo, de determinación. Al presidente hoy lo admiten el lado popular de la peruanidad y no los sinuosos capitostes de la nada. El indulto es doble. Salva a un hombre enfermo que nos había salvado de Sendero Luminoso y de un tipo de economía que no era la correcta, y por otro lado, libera al propio presidente de la indigencia política y moral de buena parte de su entorno. Así, en este país, por lo menos hay dos hombres dichosos. Uno, cuyo indulto significa que los peruanos no somos tan ingratos como parecía. Y otro, un jefe de Estado que va a poder ejercer su autoridad de una manera más desenvuelta.

 

Hugo Neira
26 de diciembre del 2017

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