Hugo Neira

China, el confucionismo y el capitalismo

China es rica pero sus ciudadanos no ven alzarse su nivel de vida

China, el confucionismo y el capitalismo
Hugo Neira
09 de febrero del 2026

 

La nueva China es el revés de la perestroika, un manejo atinado de la política y la sociedad que al Soberano, es decir al partido, no se le ha escapado de las manos. ¿Hasta dónde irá esa suerte de Despotismo ilustrado de los tiempos contemporáneos? Nadie lo sabe, ni los propios dirigentes chinos. Pero ¿qué se han creído los economistas, en particular los neoliberales? ¿Qué el milagro postmaoísta es el producto espontáneo del libre juego del mercado, las inversiones extranjeras y la mano barata y eficaz de los obreros chinos? Es la consecuencia y en grado sumo de la paz social que a su vez es el resultado de un pacto o contrato entre el Estado y la sociedad. Cuando pasó en México, a menor escala, con Lázaro Cárdenas lo llamaron “corporativista”. Ahora con la China salida de las canteras de Deng, ni se atreven. Atinan a decir que se junta un poder comunista con un mercado.

En puridad de verdad, no hay en las ciencias políticas actuales los términos para definir esa combinación exitosa de élites y masas, de legitimidades venidas de la tradición (el respeto confuciano a los que saben y a la autoridad) y del marxismo, cuya dialéctica de clases conduce en la China post Mao y post Deng, a lo novedoso. China actual, tanto como India y Brasil, son parte de un traslado sin precedentes de riqueza y de potencia económica del Occidente afuera de este. Los puestos de trabajo en India y China son de capitales deslocalizados, agravando el paro europeo o norteamericano. No es un reproche, es un hecho. La economía mundial, a niveles generales, sale adelante, lo que se altera es la geopolítica. Entramos, se quiera o no, a un mundo multipolar cuyas variables mayores —costo de la energía del petróleo, el gas, alimentos, agua y cambios climáticos y nuevas tecnologías— son imposibles de precisar. Entramos a un mundo indeterminado. Los escenarios mundiales son entonces muy aleatorios, y no los vamos a estudiar todos aquí.

Limitémonos a China, y a grandes rasgos. Los expertos se interrogan. China y Estados Unidos, ¿rivales o colaboradores? La respuesta es que China tiene un saldo significativo en la balanza de pagos con los Estados Unidos (Immanuel Wallerstein). Un país que posee bonos del Tesoro estadounidense no puede ser su enemigo. Sí un rival, acaso colaboradores, “lo que les cuesta admitir a unos y otros”, dice Wallerstein. Otros ven las dificultades internas, por ejemplo, un desarrollo económico muy veloz y próspero para el litoral, Cantón, Shanghái, con puertos gigantescos y las zonas del interior densamente pobladas y agrícolas. (Sciences Humaines n°107, julio 2000). Otros, siempre desde las dificultades internas, China, Estado multinacional, está compuesto de pueblos distintos, 56 después de 1949. Y cada ciudadano chino tiene una doble nacionalidad, no todos son Han. Por ahora el partido hace la unidad, ¿y mañana? Las identidades étnicas pueden reclamar un separatismo político.

Otros señalan que su economía, dopada por el éxito, ha incurrido en gastos infraestructurales inútiles como el de la línea ferroviaria Tianjin-Baoding, comenzada en el 2010 y detenida el 2012. Otros que todavía están lejos de los niveles tecnológicos de Occidente y que invierten en alta tecnología y enviando estudiantes al extranjero. Hay los escépticos, ven una bomba de tiempo en la burbuja económica y el desequilibrio social. China es rica pero sus ciudadanos no ven alzarse su nivel de vida, la vida se hace cara, sobre todo la vivienda.

Y queda, en fin, el tema de la democracia. Muchos cuestionan esa posibilidad. Los objetores son de dos órdenes. Los desarrollistas: la prioridad china es el crecimiento, la lucha contra la pobreza, la democratización precipitaría al caos. La otra tesis adversa es culturalista. La herencia confuciana, fundada en una serie de cajitas chinas que se sobreponen por un sistema de respetos, condena a China a un heredado autoritarismo. Bien, precisamente en ese campo, hay quienes la contestan. Sostienen que en la misma tradición china existen los gérmenes de una democracia, y aluden a Mencius, siglo IV a.C. “Es el pueblo el que cuenta, los príncipes son lo de menos”.

Entre tanto, varios observadores sostienen que las autoridades chinas, prudentemente, ensayan en unas cuantas aldeas, formas novísimas de representación democrática y de gobierno directo. Vaya usted a saber. Han traducido por millones a Rousseau. Entre tanto, prestan dinero, más fácilmente que el FMI. Pero con pesadas hipotecas a los países sobre sus reservas de recursos naturales. Están recolonizando África. ¿Nuevo Imperio? ¿O cogobierno mundial? Ya se verá.

Extraído de ¿Qué es Nación?, Fondo Editorial USMP, Lima, 2013, pp. 373-375.

Hugo Neira
09 de febrero del 2026

NOTICIAS RELACIONADAS >

China vuelve a ser gran potencia (II)

Columnas

China vuelve a ser gran potencia (II)

  La vieja y decadente China tuvo dos partidas de defunci&oacute...

26 de enero
China vuelve a ser gran potencia (I)

Columnas

China vuelve a ser gran potencia (I)

  China fascina al mundo. Lidera la producción de electri...

12 de enero
El aporte de Hobbes

Columnas

El aporte de Hobbes

  Al fin de cuentas, ¿en qué consiste la originali...

08 de diciembre