Elizabeth Zea Marquina

Elizabeth Zea Marquina

Entre el género, la igualdad y el Estado

Currículo Escolar no debe contener propuestas sobre el enfoque de género

Entre el género, la igualdad y el Estado
Elizabeth Zea Marquina
16 de marzo del 2017

Currículo Escolar no debe contener propuestas sobre el enfoque de género

Cuestionar la existencia de la ideología de género no puede ser el eje de un debate que debiera estar centrado en promover un trato igualitario entre hombres y mujeres para acceder a las mismas oportunidades. ¿Desde cuándo en el Perú está proscrito pensar y opinar diferente?  Acaso el estandarte de la defensa de los derechos humanos impide ver con objetividad la legítima preocupación de los padres respecto de la sexualidad de sus hijos? Al contrario, en la construcción de toda política pública orientada a garantizar derechos, es relevante que el Estado considere el pensamiento y la  opinión de la población objetivo de la medida.

Es válido preguntarse, a estas alturas, ¿de qué se trata todo esto? Acaso el Ministerio de Educación logrará con eficiencia y prontitud erradicar la discriminación contra niños y niñas, incluyendo términos como género u orientación sexual?  Sabrán los docentes manejar estas terminologías en la aplicación y desarrollo del  currículo escolar?

En el Perú, de los 470,635 profesores de educación básica regular pública solo el 25% se encuentran en zonas rurales.  De otro lado, los resultados de la ECE del 2016 arrojan resultados alarmantes: de 486,000 alumnos solo el 15 % alcanza el nivel satisfactorio en comprensión lectora. Esto se debe, entre otros factores, a lo mal capacitados que se encuentran los docentes en la educación básica.  Estos mismos profesores requerirán ser capacitados en la complejidad de estos términos, considerando sus creencias, identidad cultural e idiosincrasia. Y de seguro alguna ONG ya prepara su propuesta para dar capacitaciones en temas de género a los colegios públicos. Más consultorías con la plata de todos los peruanos.

Me preocupa que hombres y mujeres no tengan igualdad de oportunidades en los ámbitos de la educación, salud y empleo.  Estoy plenamente de acuerdo en que erradicar la discriminación  es un compromiso del Estado y la sociedad, y que no podemos tolerar  el machismo, el racismo ni la homofobia, que causan el bullying en los colegios.  Sin embargo no estoy convencida de que el Currículo Escolar, un documento técnico abocado a desarrollar el proceso de aprendizaje, deba necesariamente contener apreciaciones sobre el enfoque de género, tal cual lo conocemos a través de su desarrollo por la sociología y la antropología.

Hace pocos días el Minedu eliminó del Currículo Nacional el término “identidad de género”, gracias a la presión de los padres de familia, aunque no quiera aceptarlo. Implementar este término en el currículo nacional hubiera significado que sea la escuela la que guíe a nuestros hijos en “su autorreconocimiento de “si” se sienten hombres o mujeres, o de un género “binario”.  ¿Puede un niño reconocerse transgénero, cisgénero, andrógeno, fluído, agénero?  Por favor, si un adulto puede entender a cabalidad las más de 30 identidades de género, ¿cómo un niño se reconocería a sí mismo?  Por eso me preocupa que la intención se dirija a defender una agenda de derechos humanos distinta, aunque legítima, de las personas LGTBI, en vez de centrar la atención en la formación de valores y principios en la etapa escolar.

Lo cierto es que la aplicación del enfoque de género apareció por primera vez como un compromiso de aplicación del Estado tras las Conferencias Mundiales de la Mujer, para visibilizar los ámbitos de discriminación hacia las mujeres. Se aplica hace más de veinte años en diferentes políticas públicas, pero a la fecha no ha logrado reducir las brechas de desarrollo entre hombres y mujeres; no solo por carencia técnica y presupuestal, sino porque no se está desarrollando la prevención de manera adecuada en los colegios.

El éxito de la prevención no depende de incluir terminologías, sino de enseñarles a los niños a valorarse y respetarse entre sí por el solo hecho de ser personas, sin exacerbar las diferencias.  Y si algo hemos aprendido de todo esto, es que los padres tienen el derecho constitucional de ser incluidos, desde un primer momento, en los procesos de consulta del Currículo Nacional.   Al final, que sea la tolerancia y el respeto el que guíe la educación de nuestros niños y niñas.

 

Elizabeth Zea Marquina

 
Elizabeth Zea Marquina
16 de marzo del 2017

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