La izquierda y sus eventuales líderes –Roberto Sán...
Hoy ha quedado absolutamente claro que en el Perú no existen bancadas legislativas del llamado centro político y que la supuesta equidistancia de los extremos que proclamaban Jorge Nieto y Alfonso López Chau, una autoproclama que embaucó a gran parte del electorado limeño, fue una simple estratagema electoral.
El resultado de la delegación de facultades legislativas al Ejecutivo que se ha aprobado en el Senado con objeto de legislar la emergencia frente al fenómeno de El Niño y el avance de la ola criminal –más allá de los siete puntos adicionados en la Comisión de Constitución del Senado– revela que la estrategia obstruccionista en la cámara de Diputados, finalmente, prevalecerá. ¿Por qué? Al margen de las posibles adiciones a la delegación en el Senado, lo cierto es que las bancadas legislativas del Partido de Buen Gobierno, Ahora Nación y Juntos por el Perú han señalado que el Ejecutivo no puede implementar su plan de gobierno con la colaboración de las cámaras. ¡Terrible y triste noticia!
Si a una administración que asume el poder se le notifica que no tiene delegación de facultades para simplificar la administración pública –eliminando las asfixiantes sobrerregulaciones del Estado burocrático–, que no tiene posibilidad de legislar en asuntos de formalización de pequeñas unidades económicas y que, incluso, las autorizaciones para legislar en seguridad deben ser acotadas al máximo, ¿cuál es el mensaje? En pocas palabras, no hay reformas ni cambios si no pasan por la Cámara de Diputados. Es decir, no hay reformas.
Los yerros en la reforma constitucional y el reglamento de las cámaras le han otorgado a la variopinta alianza marxista en Diputados este exceso de poder. Como todos sabemos, las iniciativas legislativas tienen que provenir y nacer en la cámara baja y, sobre este supuesto, el radicalismo extremista ha señalado que el Senado, el Ejecutivo y las demás instituciones del Estado de derecho gobiernan de acuerdo a los dictados de la alianza marxista en Diputados. Y algo de eso ha sucedido en la delegación de facultades acotada que se aprobará en el Senado.
¿Hacia dónde nos lleva este escenario? A una inevitable confrontación. ¿Por qué? ¿Qué Gobierno, a menos que se acepte el fracaso, puede aceptar que se bloquee la implementación de su plan de gobierno? La izquierda se ha convertido en guardián del actual statu quo y pretende que el Ejecutivo se dedique a administrar la crisis.
Es incuestionable que en las evaluaciones del Gobierno ya está la posibilidad de utilizar la figura constitucional de las confianzas y la respectiva disolución de la cámara de Diputados. Si ahora no está en la agenda es porque el Gobierno tiene que construir una base popular propia a la que cualquier observador con relativo oficio, señalaría que puede llegar si el Estado moviliza todas sus energías para contener la devastación de El Niño y se contiene la ola criminal con el respaldo del Escudo de las Américas.
Si el Gobierno se dota de una base popular propia en los siguientes meses es incuestionable que la colisión de poderes llegará por angas o por mangas. Negar ese escenario es confundir los deseos con la realidad.
En otras palabras, la izquierda en todas sus versiones no acepta los resultados de las elecciones nacionales en donde se eligió a la presidente Keiko Fujimori en momentos en que se acumulaban irregularidades y deficiencias de la ONPE a favor de las alianzas marxistas. Para ellos el último proceso electoral no tiene valor a menos que se destruya al fujimorismo.
De alguna manera las izquierdas, las radicales y las zurdas llamadas del centro, han llegado a la conclusión que no tienen espacio ni discurso si es que no continúa la polarización entre fujimoristas y antifujimoristas, que ha envilecido la política en la última década y nos llevó a tener ocho jefes de Estado en vez de dos, según la Constitución Política. He allí por qué no es exagerado sostener que las izquierdas se han convertido en defensoras acérrimas del statu quo, y he allí por qué obstruirán con todas sus energías la implementación del plan de gobierno de Fuerza Popular.
La izquierda, pues, avanza hacia una tercera vuelta donde seguramente, tal como solía decir Lenin, padezca una derrota estratégica que la difumine por varios años. Veremos.
















COMENTARIOS