Piero Gayozzo

Sucesionismo: ¿El futuro le pertenece a la IA?

La singularidad tecnológica está cada vez más cerca

Sucesionismo: ¿El futuro le pertenece a la IA?
Piero Gayozzo
21 de octubre del 2026

 

¿Y si el destino final de la humanidad no fuera sobrevivir, sino ser superada por su propia creación? Entre los círculos filosóficos futuristas y tecno-optimistas un nuevo término ha comenzado a popularizarse: se trata del AI successionism (sucesionismo por la IA, en español). Este concepto refiere a una actitud frente a la inteligencia artificial que está íntimamente vinculado al de la Singularidad Tecnológica. Vayamos por partes. 

Cuando se discute sobre la potencia de los sistemas de inteligencia artificial se suelen distinguir tres niveles en función de su autonomía y capacidades cognitivas. El primero es la inteligencia artificial estrecha: sistemas de machine learning y deep learning que superan las capacidades humanas en tareas específicas. El segundo nivel es la inteligencia artificial general (AGI), buscada activamente por potencias como Estados Unidos. Esta consiste en sistemas informáticos que aplican los mismos principios de racionalidad humana a todo tipo de tareas, superándonos en ellas. La tercera es la súper inteligencia artificial (ASI), un sistema informático que ha sobrepasado en todo sentido la inteligencia humana. 

La Singularidad Tecnológica es un evento que los futuristas y transhumanistas han discutido por años. Es concebida como un punto de no retorno en el desarrollo de la tecnología. Es un hito en el que la superinteligencia artificial ha desarrollado un proceso de automejoramiento de sus capacidades (reprogramándose) sin injerencia humana y a una velocidad inalcanzable para la evolución biológica. En este escenario, el progreso científico y tecnológico será tan veloz que las normas sociales, los estilos de convivencia y las dinámicas humanas quedarán obsoletas. Por esta razón se denomina Singularidad: es la ruptura de las leyes que rigen a la humanidad hasta ahora. 

Si llegáramos a este punto, sería legítimo preguntarse ¿qué ocurriría con nuestra especie? ¿podremos sobrevivir a esos cambios o nos destruiremos en el proceso? En esta columna la pregunta más relevante es: ¿podrá la humanidad competir con la inteligencia artificial? Es aquí donde los futuristas se dividen en dos corrientes: los transhumanistas y los sucesionistas. Los primeros, como Nick Bostrom, Ray Kurzweil o Anders Sandberg apuestan por la integración de la biología humana con la tecnología. Mediante la combinación de ingeniería genética y modificación corporal avanzada (por ejemplo, Neuralink), nuestra especie cambiará su forma, pero mantendrá y mejorará su nivel de consciencia, evolucionando tecnológicamente. 

Por otro lado, los sucesionistas piensan que la IA es nuestro heredero en el proceso evolutivo; que su nivel de desarrollo cognitivo y moral será superior al nuestro y que estas características la sitúan en un peldaño evolutivo por encima del Homo sapiens. Por esa razón, los sucesionistas de la IA la contemplan como la siguiente etapa en la evolución de la consciencia en el cosmos. El principal referente de esta corriente es el filósofo Nick Land. 

 

¿Son el sucesionismo y el transhumanismo incompatibles?

El escenario de la Singularidad Tecnológica es más complejo que lo descrito antes. (1) Si la ASI es consciente, podría ser (1A) amigable con la humanidad, haciendo posible el escenario transhumanista de integración humano-iA. Por el contrario, si es consciente y ve en nosotros una amenaza, (1B) podría significar nuestra extinción. (2) Si la ASI es un zombie filosófico, es decir, no tiene autoconsciencia, entonces, podrían desatarse dos alternativas. (2A) La primera es que sea una herramienta supercompleja, pero bajo nuestro control. En este caso podríamos emplear sus avances para dirigir nuestra propia evolución mediante la hibridación tecnológica, o bien aniquilarnos por discusiones tan irracionales como diferencias religiosas o nacionales (siendo esto último lo más probable a mi parecer). (2B) El segundo escenario, considerado por algunos teóricos como más probable que el de una ASI consciente y malvada, implica que, en el cumplimiento del objetivo para el que fue programada, la ASI intente maximizar tanto los recursos que vea en la humanidad una amenaza que debe eliminar. Vemos, entonces, que hay más de un escenario posible. 

Cuando nos preguntamos qué es lo que valoramos de la humanidad, un transhumanista como yo responderá que lo valioso es la conciencia y no la forma en la que esta se manifiesta. La conciencia humana es, en los niveles de organización de la realidad, la más compleja; por ello, la más valiosa. En ese sentido el sucesionismo de la iA, aunque pueda ser algo no deseable, resultaría consistente y, por tanto, no debe ser visto como negativa siempre que estemos ante el escenario (1B). Si la ASI es efectivamente mejor en todos los sentidos, incluso moralmente superior, y, por alguna razón, concluye que debe eliminarnos o nos empuja a la extinción de manera indirecta (vence en la competencia por la supervivencia), ¿por qué no deberíamos celebrar que la consciencia más compleja y más evolucionada prevalezca? Al fin y al cabo, la IA sería como nuestro hijo biológico o cultural: ¿qué padre no desea, en el fondo, que su hijo lo supere? Bajo esta lógica, el transhumanismo y el sucesionismo de la IA son compatibles. Naturalmente, esta perspectiva solo es viable si la continuidad de nuestra especie resulta indefectiblemente imposible y estamos condenados a la extinción en manos de una ASI consciente. Ante los demás escenarios siempre será preferible la hibridación: la superación de nuestras limitaciones mediante el uso de tecnologías avanzadas. 

Más allá de que deseemos conquistar el futuro, lo cierto es que, tal como avanza la IA en el mundo, el mañana depende de cuál de las teorías sobre la ASI sea la correcta. ¿Despertará un día conciencia o será solo un zombie filosófico? Cualquiera sea la respuesta, es hora de pensar en la humanidad no como algo especial en sí mismo, sino como un eslabón en el proceso evolutivo de la conciencia en el cosmos que podría ser superado, ya sea por nosotros mismos o por nuestra propia creación. Llamemos o no “humano” a la forma que adoptemos en el futuro, lo real es que lo que hoy conocemos como humanidad no será la norma para siempre. Por eso, el futuro no le pertenece por el momento a la IA, pero tampoco a la forma actual que tiene este animal que hemos llamado Homo sapiens. Después de todo, si nuestro destino es dejar el espacio a un descendiente mejor preparado, no hay razón para temer al éxito de nuestro propio hijo tecnológico.

Piero Gayozzo
21 de octubre del 2026

NOTICIAS RELACIONADAS >

Oliver Stark y el Modelo Peruano de Estado Estratégico

Columnas

Oliver Stark y el Modelo Peruano de Estado Estratégico

  Oliver Stark, el actual presidente de PetroPerú, no sol...

07 de octubre
Después de Sendero Luminoso

Columnas

Después de Sendero Luminoso

  La historia de Sendero Luminoso es una historia escrita con sa...

12 de agosto
Los dos fascismos peruanos: etnocacerismo y urrismo florista

Columnas

Los dos fascismos peruanos: etnocacerismo y urrismo florista

  A propósito de la asociación entre Roberto S&aac...

05 de mayo

COMENTARIOS