La izquierda es la gran fabuladora de las últimas década...
La segunda vuelta del 2026, a nuestro entender, será la última batalla entre las propuestas que defienden el sistema, el Estado de derecho y la Constitución, y los sectores que promueven el antisistema, el proyecto de una asamblea constituyente.
¿Por qué sostenemos que se trata de la batalla final? En las elecciones del 2006, del 2011 y del 2021, en las respectivas segundas vueltas electorales, se enfrentaron una propuesta que defendía la Constitución y otra que proponía la asamblea constituyente; es decir, el camino soviético. Del resultado de esa colisión ha surgido este país en anarquía política e institucional, el Estado sobrerregulado con oficinas, ministerios y procedimientos que bloquea inversiones y fomenta la informalidad, esta sociedad con mayoría informal y minoría formal, y la ola criminal que atraviesa el conjunto de la sociedad.
De esa colisión entre sistema y antisistema, igualmente, las fuerzas de izquierda, progresistas y comunistas que han controlado las narrativas de la sociedad y el espacio público no han logrado derribar el régimen económico de la Constitución y las líneas generales de las reformas económicas desarrolladas por Alberto Fujimori y Carlos Boloña. Hoy en el Perú todo fracasa, la política, los partidos, los intelectuales y el espacio público; sin embargo, la sociedad resiste por el régimen económico de la Constitución y las reformas de Fujimori y Boloña.
A estos hechos debemos sumar que los errores de las dos derechas en las elecciones del 2016 parieron una década de destrucción y control de las izquierdas del aparato estatal, que desinstitucionalizó el país y desencadenó varios golpes de Estado: el golpe del cierre inconstitucional del Congreso de Martín Vizcarra, el golpe de masas contra Manuel Merino y el intento de golpe fallido de Pedro Castillo que pretendió instalar una asamblea constituyente en el Perú.
Por estas consideraciones las fuerzas de izquierda, el comunismo ortodoxo y la inteligencia cubana son absolutamente conscientes de que, en caso de ganar las elecciones, ahora sí tienen que implementar la estrategia revolucionaria, que no solo implica ganar el gobierno sino también tomar el poder: distribuir la riqueza acumulada en la sociedad con el objeto de lograr un apoyo masivo en base a la creencia de que la prosperidad ha llegado con el colectivismo, y luego descabezar al mando militar nacional y pasar a controlar las instituciones castrenses y policiales con el objetivo de perpetuarse en el poder. El libreto y los desenlaces los conocemos: luego de la ilusión viene la tragedia y la sociedad se empobrece en un 90% y los pobres terminan comiéndose sus perros y gatos.
¿Qué pretendemos señalar con estas reflexiones? Que es imposible permanecer distante o intentando desentenderse de esta batalla final sistema versus antisistema. Por ejemplo, los votos de Jorge Nieto, Alfonso López Chau y Ricardo Belmont son prestados, provienen de los yerros nunca vistos en un proceso electoral del candidato Rafael López Aliaga. Recordemos que esas intenciones de voto aparecieron luego del descomunal error de haber apoyado la censura de José Jerí.
Los señalados votos de ninguna manera pueden ser identificados con los candidatos Nieto, López Chau y Belmont, que representan golondrinas de verano que, a nuestro entender, se difuminarán, se evaporarán si estos candidatos creen que pueden apoyar a un candidato del antisistema o llamar a votar con la teoría y la práctica del “cojudismo” limeño, un fenómeno social que ya debería haber sido analizado por la ciencia política nacional, más allá de la impresionante ideologización de este sector de la academia.
En síntesis, se puede sostener, repitiendo un lema de unos lustros atrás que ¡se acabó el recreo! Hoy nadie puede sacar cuerpo o hacerse el sorprendido de esta brutal colisión que se avecina en la segunda vuelta en el Perú.
Y una vez más. Pelear con el comunismo y el progresismo no es un paseo de un fin de semana. Los pueblos que alcanzan su libertad son los que libran la batalla final contra esta ideología totalitaria.
















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