La presidente Keiko Fujimori ha conseguido 60% de aprobación lu...
La inundación del sector 1, grupo1, de Villa El Salvador, donde las lluvias y el colapso de diez buzones de desagüe de la empresa estatal Sedapal anegaron 11 manzanas con heces y malos olores sacudió a la opinión pública nacional y reveló la magnitud del evento climático que se avecina en el Perú. En una sola imagen se graficaron el abandono del Estado de cualquier política de prevención en los últimos años y la intensidad del fenómeno de El Niño que se avecina.
En el Ejecutivo parece haberse entendido la devastación climática que avanza; pero en la oposición y en la media, todavía. He allí el motivo de que algunos pretendan seguir reflexionando sobre la política tal como se miraban las cosas en la década perdida, en la década de la guerra civil sin balas, cuando la política rodó al fondo de los abismos con ocho jefes de estado en vez de dos. Por ejemplo, en el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred) se calcula que alrededor de ocho millones de personas pueden ser afectadas por el desarrollo de El Niño costero y de El Niño global.
Igualmente, 19. 9 millones de personas (más del 57% de la población) está expuesta a las precipitaciones pluviales y alrededor de un millón de personas que viven en el borde de las quebradas y las laderas de los cerros tiene una exposición altísima a los desastres, y se proyecta que 2.4 millones de predios padecerán daños estructurales o destrucción total. Algo más: el 70% de los potenciales afectados se ubican en Lima, La Libertad, Piura y Lambayeque.
Si a estos hechos le agregamos que la nueva administración ha encontrado el Estado destruido, desorganizado y sin funcionarios técnicos y sin obras mínimas de prevención, entonces el Perú está en la puerta de una tragedia gigantesca. Hoy el Estado solo es una planilla abultada y no hay funcionarios, y ni el mejor gobierno se daría abasto para reconstruir un servicio público de inmediato. Faltan cuadros y profesionales.
En este contexto, ¿cómo debe actuar el Ejecutivo? La respuesta es reaccionar ante el evento climático que amenaza con un desastre general. Si en la actualidad existen un déficit de 300 kilómetros de ríos por descolmatar, en realidad el Ejecutivo está en una carrera contra el tiempo por la frivolidad y la estulticia de las administraciones de izquierda que olvidaron que la política es, sobre todo, servicio.
En este devastador escenario, que luego se complicará por una crisis sanitaria y epidemias en desarrollo –frente a los servicios colapsados–, en el corto y mediano el Ejecutivo solo tiene una ruta para el éxito político: una atención eficiente de la emergencia en medio de las imprevisiones acumuladas de la última década. En ese sentido, la nueva administración debería combinar lo que podría denominarse las dos caras de una misma moneda: la solución inmediata de los problemas y la denuncia del abandono estatal, tal como se ha hecho en el caso del colapso de Sedapal en el sur de Lima.
Quienes desde la izquierda exigen resultados inmediatos en la emergencia climática y en el asunto de la seguridad ciudadana, sin considerar la gravedad y el drama que se avecina con El Niño, tarde o temprano comenzarán a aislarse en la sociedad, frente a una presidente de la República, un Consejo de Ministros y un Estado sumergidos en la atención de la emergencia con la mejor buena voluntad.
Si la ciudadanía y la sociedad perciben que la presidente Fujimori y sus colaboradores desarrollan un esfuerzo heroico para mitigar los efectos devastadores de la emergencia, a pesar de todas imprevisiones, entonces no sería nada extraño que a fines de este año el nuevo gobierno logre una nueva inyección de oxígeno político y el respaldo a la nueva administración se consolide. Un nuevo respiro que debe ser utilizado para pisar el acelerador de las reformas, la transformación del Perú y una alianza histórica entre los pobres, el Estado y los ricos para construir clases medias y expandir la prosperidad en el Perú.
Por eso no es exagerado sostener que para el Ejecutivo hoy la política se resume en ¡salvo la emergencia todo es ilusión!
















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