Manuel Gago
Descartar el gradualismo y asegurar las reformas
La población espera cambios profundos
“El MEF posterga las reformas y apuesta por el gradualismo”, decía la portada del diario Expreso del domingo pasado. Una señal de alerta porque el gradualismo es el camino hacia la derrota de los gobiernos. La población está impaciente y con razón, por los engaños de los populistas y las políticas de Estado heredadas después de 26 años de izquierdismo. Sin embargo, es muy temprano para evaluar el rendimiento del actual gobierno.
En un contexto de mayor aceptación, la población espera que en el sector público se haga una reducción de gastos, de personal, planillas y órdenes de servicio públicos; espera cambios profundos e inmediatos, entre ellos la disminución del tamaño del Estado y la eliminación de la normas obstruccionistas. Incluso la reorientación del canon al gobierno central, debido al fracaso de los gobiernos locales y regionales.
La memoria enseña: el “tsunami” Alberto Fujimori surgió porque arrasó con el lastre que por décadas postergó al país. Fujimori papá hizo la tarea y su popularidad creció como la espuma. Hoy la impaciencia crece, entre otras cosas, por la grave situación del sistema de Salud, demostrada por el ministro del sector, Luis Dyer, y por las desafortunadas declaraciones del ingeniero Rafael Rey, ministro de Transportes, sobre los trenes donados por Estados Unidos a la Municipalidad de Lima.
La situación del sistema de Salud es conocida. Los pacientes esperan más atenciones médicas, medicinas, camas hospitalarias y UCI, postas médicas operativas y equipos de diagnóstico disponibles. Es la prioridad, la razón de los hospitales. Si la estructura administrativa del sistema es un desastre deberá ser resuelta sin postergar la razón de los hospitales.
Sin mostrar pruebas, la declaración de Rey ocasionó críticas que pusieron en riesgo la popularidad del gobierno. Dijo que los trenes destinados a la municipalidad limeña no fueron donados sino comprados. Keiko reaccionó y aseguró que el tren “que se va hacer”, sin anunciar plazos ni órdenes estrictas para su cumplimiento.
Los resultados inmediatos pueden ser enfermos atendidos de inmediato y pasajeros disminuyendo sus horas de movilidad. Los trenes, sean donados o comprados, deben ser aprovechados, beneficiando a la población.
El gradualismo mencionado en Expreso nos recuerda el fracaso del expresidente argentino Mauricio Macri (2015-2019). En los primeros seis meses de gobierno sus promesas de campaña se hicieron humo. Empeoraron la pobreza, la inflación y el desempleo. El kirchnerismo y las izquierdas latinoamericanas cantaron victoria. Desapareció la esperanza transformadora, frustrando a los argentinos. Macri no aprovechó la cima de su popularidad poselectoral; subsidió en lugar de sincerar los precios en los mercados. En lugar de una solución traumática pero pasajera tomó el camino lento para no alterar más de lo debido a la oposición. La ausencia de reformas hizo continuar el escandaloso gasto público. Lo mismo ocurrió en Francia con Nicolás Sarkosy (2007-2012). El plan de “ruptura” terminó en el pausado “gradualismo táctico”. Hizo lo mismo: evitó confrontar con las izquierdas.
Hoy la esperanza es Keiko. La designación de seis ingenieros en el Gabinete crea confianza. Los ingenieros son formados para quehaceres: unen partes y hacen funcionar sistemas y mecanismos. En su mensaje a la nación, la presidente dio señales de gobernar el país como una empresa privada, ofreciendo resultados. Prometió destrabar los proyectos paralizados. El país espera, entonces, un gobierno al servicio de la población y no al servicio de políticos y vividores del Estado.
Las urgencias nacionales deben ser resueltas sobre la marcha y sin tantas contemplaciones. Si no es así, seguiremos en lo mismo de antes.
















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