La segunda vuelta del 2026, a nuestro entender, será la ú...
Los candidatos del llamado centro, que ha consagrado el progresismo o la llamada izquierda caviar, consideran que tienen la autonomía de endosar los votos conseguidos en la primera vuelta e, incluso, la capacidad de empujar a sus bancadas legislativas por los caminos más escabrosos de la política; por ejemplo, apoyar la candidatura del comunismo radical de Roberto Sánchez y del eje bolivariano o cuestionar o erosionar el acuerdo geopolítico del Estado del Perú con los Estados Unidos.
Se equivocan de principio a fin. Vale recordar que los llamados candidatos del centro de la izquierda caviar emergieron cuando Rafael López Aliaga acumuló los mayores errores posibles que se puede perpetrar en un proceso de elección nacional. Por ejemplo, colocar a José María Balcázar –es decir, un operador de la inteligencia cubana– en Palacio de Gobierno es un error superlativo que también explica la acumulación de ineficiencias e irregularidades en la ONPE.
Sostenemos que los votos de Jorge Nieto, Alfonso López Chau y las bancadas legislativas alcanzadas por ambos, se pueden difuminar con la misma rapidez con que se gestaron. A veces los políticos y la política se desarrollan en un escenario limitado, con escaso margen de maniobra, de lo contrario, el político puede caer en los errores del aprendiz de poeta. La vanidad, la soberbia, uno de los mayores pecados establecidos en la Biblia, puede llevar, por ejemplo, a pensar que el voto prestado se puede endosar a un candidato antisistema como Roberto Sánchez. De modo que hay que bajar la quijada demasiado levantada.
López Chau y Marisol Pérez Tello ya han sostenido que no votarán por Keiko Fujimori. ¿Acaso terminarán apoyando a Sánchez o llamando por el voto en blanco? Por su lado, Jorge Nieto en una perorata que revela sus melancolías antiimperialistas y plena desubicación en el escenario internacional, ha sostenido que la compra de los 24 F-16 Block 70, una decisión que materializa una política de Estado en las siguientes décadas, se hizo a través de un virtual golpe de Estado. ¿Qué dirán algunos observadores, contaminados del fenómeno del cojudignismo, frente a tamaña declaración ideológica y programática? ¿Acaso Nieto promueve un acuerdo con China y el eje antioccidental en el planeta? ¿Acaso su bancada, formada por gente honorable, lo acompañará en semejante despropósito?
En cualquier caso, el Perú llega a una segunda vuelta en la que la colisión entre sistema y antisistema escenificará una batalla decisiva, final. Como todos sabemos, en las elecciones del 2006, del 2011 y el 2021 se enfrentaron en batallas finales dos propuestas: una a favor del sistema y el Estado de derecho y otra que proponía la asamblea constituyente.
En las elecciones del 2006 la genialidad política de Alan García nos salvó del Humala del polo rojo que obedecía a pie juntillas los mandatos de Hugo Chávez en Venezuela. De lo contrario hoy estaríamos en la emigración melancólica o devorando nuestros perros y gatos. En las elecciones del 2011 y el 2021 ganaron las fuerzas del antisistema, pero la resistencia política y social que representó el fujimorismo en la sociedad, en Lima y en provincias, evitó que el Perú se enrumbara por el camino de la pobreza y la destrucción del socialismo del siglo XXI.
Sin embargo, la preeminencia de la izquierda en la última década y el choque entre sistema y antisistema nos deja un país desorganizado, en anarquía política e institucional, atravesado por una ola criminal sin control y el avance de las economías ilegales. Algo más. El golpe fallido de Pedro Castillo es la notificación y registro de que la inteligencia cubana ya ha procesado esa derrota y se prepara a ajustar el manual y tomar el poder mediante un blitzkrieg, en caso de que Sánchez tenga posibilidades, algo que nos parece muy lejano.
En síntesis, nadie vende el voto caro cuando el país enfrenta una amenaza de destrucción o avanza hacia una batalla final. Si lo hacen el centro caviar se evaporará con la misma rapidez con que se formó.
















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