Editorial Política

El tiempo de la emergencia y el tiempo de las reformas

Una reflexión sobre la también urgencia de las reformas estructurales

El tiempo de la emergencia y el tiempo de las reformas
  • 20 de agosto del 2026


La presidente Keiko Fujimori y los ministros han focalizado todas sus energías en la atención de la emergencia que se desencadena con el desarrollo del fenómeno de El Niño y El Niño global, eventos que pueden afectar a alrededor de ocho millones de peruanos y que ponen en peligro, incluso, las vidas de cerca de un millón de personas que viven en las laderas y a orillas de que las quebradas de los cerros. Ante el abandono de las obras de prevención del Estado en los últimos años, el Ejecutivo corre contra el tiempo. Un solo ejemplo de la desidia estatal: el nuevo gobierno encontró la urgencia de descolmatar 300 kilómetros de ríos. Obras que debieron ejecutarse años atrás. 

Nadie puede discutir los planes y las urgencias del Ejecutivo. Todos los peruanos de buena voluntad acompañarán los esfuerzos del gobierno para mitigar las desgracias humanas y materiales que suele desatar este terrible fenómeno climático. Al lado de estos respaldos, sin embargo, ha surgido una legítima preocupación: cuál es el tiempo de las reformas estructurales que necesita el Perú para relanzar la economía y la sociedad y encontrar un camino sostenido al desarrollo.

Al respecto el ministro de Economía y Finanzas, Elmer Cuba, durante la presentación de las primeras medidas del Ejecutivo anunció cuatro comisiones presidenciales que se encargarían de elaborar propuestas para la reforma tributaria, la reforma laboral, la reforma de la inversión pública y el mercado de capitales. Luego de estos anuncios el titular del MEF mencionó la posibilidad de reducir dos o tres ministerios; y el titular de Energía y Minas, Guillermo Shino, señaló la propuesta de reformar la distribución del canon con el objeto de que el 30% o 40% de los recursos permanezcan en las comunidades adyacentes a las inversiones en recursos naturales. 

Algo más. Es evidente que el mayor paquete de reformas institucionales, legales y procesales vienen del lado de las urgencias de la seguridad ciudadana y el combate a la ola criminal, medidas anunciadas por el sector Justicia e Interior.

Sin embargo, gran parte de las reformas estructurales dependen del Legislativo. Y todos sabemos que la coalición de las izquierdas, liderada por Juntos por el Perú, ha decidido desarrollar una oposición frontal al nuevo gobierno. En este contexto, si bien la delegación de facultades para legislar por 120 días debe aprobarse por la urgencia nacional de El Niño y la ola criminal, sin embargo, nada indica que lo mismo suceda con respecto a los objetivos de mediano y largo plazo.

Ante esta situación es evidente que el Ejecutivo debe utilizar todos los espacios posibles y todas las alternativas para avanzar en las reformas. No hacerlo sería renunciar a una de las condiciones del éxito político y de la transformación de la sociedad. Por ejemplo, se pueden utilizar los Decretos de Urgencia para enfrentar las emergencias con eficacia y al mismo tiempo sentar las bases de algunas reformas. Reducir ministerios y simplificar los procesos de la administración pública tiene que ver con la emergencia económica y financiera del país y la urgencia climática. De otro lado, en el Ministerio de Economía y Finanzas existen las herramientas institucionales suficientes para ajustar la negativa trayectoria fiscal de los últimos años, que puede terminar devorándose las fortalezas del modelo.

¿Qué es lo que pretendemos señalar? Que de ninguna manera el Ejecutivo debe renunciar a las reformas de mediano y largo plazo por la atención de la emergencia y la oposición obstruccionista que puede surgir en la Cámara de Diputados. De ninguna manera. Una política exitosa en la atención a la emergencia y algunas reformas en desarrollo representan los mejores instrumentos para construir el éxito de la nueva administración en su primera etapa de gobierno.

Algunos técnicos y políticos suelen evocar las emergencias y urgencias que tuvo que enfrentar Alberto Fujimori para desarrollar las reformas económicas e institucionales de los noventa, reformas que siguen sosteniendo el crecimiento y la viabilidad del Perú de hoy. En ese entonces se enfrentó la violencia subversiva y la hiperinflación, mientras se desarrollaban las reformas estructurales que cancelaron el Estado empresario, el Estado proteccionista y los subsidios que empobrecieron a más del 60% de los peruanos. La única diferencia de la actualidad está en que todo debe procesarse dentro del Estado de derecho y nada fuera de él.

Las enseñanzas de la reciente historia, pues, son claras. No olvidemos los caminos del éxito.

  • 20 de agosto del 2026

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