El sábado por la noche Pedro Pablo Kuzcynski (PPK) inform&oacut...
El domingo 7 de junio se desarrollará la segunda vuelta electoral y, sin lugar a dudas, el Perú avanza a una batalla final contra la izquierda radical antisistema, contra la izquierda comunista que empobrece a los pueblos. Es una batalla final que corresponde a una colisión entre un proyecto a favor de la democracia, la defensa de la Constitución de 1993, el Estado derecho y la economía de mercado y otro que propone la asamblea constituyente y el camino revolucionario de nacionalizaciones y expropiaciones.
La guerra sistema versus antisistema, entre la defensa de la democracia y el empobrecedor socialismo del siglo XXI, se ha desarrollado en el Perú en las últimas dos décadas. En el 2006 la genialidad de esos políticos que ya no existen y las tradiciones organizativas del aprismo nos salvaron del abismo colectivista. En esa ocasión Alan García le ganó al Ollanta Humala de polo rojo, al Ollanta que obedecía a pie juntillas los mandatos de Hugo Chávez. Nos salvamos por un pelo de décadas de autoritarismo y destrucción nacional.
Luego en las elecciones del 2011 ganó Humala, pero la resistencia nacional que desplegó el fujimorismo y la Hoja de Ruta que promovió Mario Vargas Llosa evitaron que el nacionalismo aplicara su plan revolucionario y respetara la Constitución. Sin embargo, el Estado nunca volvería a ser el mismo luego de esa experiencia. Colonizado por el progresismo y la inteligencia cubana, el Estado desarrolló una de las persecuciones judiciales más feroces de la historia de América Latina en contra de políticos anticomunistas (Alan García, Keiko Fujimori y Luis Castañeda Lossio) hasta que, con un evidente fraude de por medio, se colocó a Pedro Castillo en el poder. En ese entonces las irregularidades de la ONPE ya parecían reproducir todas las estratagemas de la inteligencia chavista en los procesos electorales de la región.
Hoy el Perú llega a una segunda vuelta con un sistema electoral cuestionado, con un Piero Corvetto, el ex jefe de la ONPE, cuestionado de principio a fin y acusado penalmente por el propio JNE por las irregularidades de la primera vuelta. La democracia llega en escombros, en ruinas, con un presidente encargado que responde a las directivas de la inteligencia cubana –tal como sucede con la violencia de hoy en Bolivia–; sin embargo, los demócratas, los peruanos de buena voluntad, tenemos que pelear esta batalla y ganarla para merecer la libertad, la consolidación del Estado de derecho, el crecimiento, el desarrollo y la reducción de pobreza.
Hay algunos que señalan que el sistema electoral está tan viciado que todo está perdido, incluso cometen la estulticia de señalar que se debe apostar por el voto en blanco. Y luego se reclaman demócratas, defensores de la democracia contra la asamblea constituyente, no obstante que son tontos útiles del antisistema, del radicalismo. A todos ellos les decimos que las batallas contra el comunismo, contra el radicalismo antisistema, nunca fueron paseos sencillos en un día de verano. ¡Nunca! Los pueblos que consolidan su libertad son aquellos que pelean por ella y en la región derrotan al Socialismo del Siglo XXI.
Y la pelea por la libertad hoy en día pasa por un triunfo arrollador de Keiko Fujimori, que le gane al radicalismo antisistema y a las eventuales maniobras de un sistema electoral politizado. Sí, los dos tercios del Perú que rechazan la asamblea constituyente y las nacionalizaciones y expropiaciones, y que se expresan en todas las encuestas, debe reflejarse en la votación de Keiko Fujimori.
Con la estrategia adecuada, con los tres debates organizados por el JNE (equipos técnicos, candidatos a vicepresidentes y candidatos presidenciales) y con la más increíble movilización desde el centro hasta la derecha –incluso de la izquierda democrática– reflejada en más de 90,000 personeros que defiendan el voto frente a las irregularidades e ineficiencias de la ONPE, estamos seguros de que Keiko puede ganar con comodidad, por una diferencia inalcanzable para cualquier maniobra antidemocrática.
Es más, si la manipulación electoral es burda y los demócratas se han organizado de tal manera en la defensa del voto, la maniobra será tan evidente para el pueblo peruano que los caminos que establece la Constitución en contra de los gobiernos ilegítimos estarán planteados.
















COMENTARIOS