Editorial Política

La exacta y profesional campaña de Keiko Fujimori

Una garantía de victoria electoral sobre el antisistema y las deficiencias de la ONPE

La exacta y profesional campaña de Keiko Fujimori
  • 15 de mayo del 2026


En Perú dos tercios del electorado, de los ciudadanos que se registran en las encuestas, suelen señalar que rechazan una asamblea constituyente y el proyecto de expropiaciones y nacionalizaciones que plantea el eje bolivariano. Y alrededor de un tercio respalda la propuesta de Pedro Castillo. Después de la devastación y desastre que dejó el efímero gobierno de Castillo, la relación del 70% de la ciudadanía en contra de ese proyecto estatista parece haberse reforzado, en tanto que el voto duro del profesor de Chota, al parecer, se ha consolidado por una imagen de victimización que le ha funcionado.

Sin embargo, en el Perú no existe una fuerza política y un liderazgo nacional que pueda representar a esa mayoría social y política que se registra en las encuestas. Y si a estos hechos le sumamos la destrucción del sistema político electoral que perpetró el progresismo, a través de unas inefables reformas electorales, tenemos el cóctel perfecto –que se expresó en la primera vuelta electoral– que evita que esa mayoría social se exprese en el sufragio nacional.

En la primera vuelta de estas elecciones una manera de expresar esa tendencia mayoritaria hubiese sido que Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga fueran los más votados y pasen a la segunda ronda. No obstante, la acumulación de ineficiencias e irregularidades de la ONPE y los errores superlativos e inexplicables del propio López Aliaga impidieron que el último llegara al balotaje. El candidato de Renovación Popular ha escrito todos los principios y reglas que se deben perpetrar en una elección para perder la jefatura de Estado y quedar fuera del juego de la política. En este contexto, la aparición de candidatos de la izquierda caviar como Jorge Nieto, Alfonso López Chau y otros –hijos directos de los yerros de López Aliaga– bloquea, igualmente, la representación de una imagen nítida de esa mayoría social y política.

En este escenario, la campaña electoral de Keiko Fujimori en la primera ronda, con gran sentido de profesionalismo y una justeza en el análisis de las tendencias sociales, de alguna manera, se propuso cabalgar sobre esta tendencia mayoritaria. Así Keiko llegó primera con el 17% de la votación en la primera ronda –más de cinco puntos sobre Roberto Sánchez–, incrementó su votación en más de 30% con respecto a los resultados en el 2021 y consolidó la raigambre popular y plebeya del fujimorismo en los sectores C, D y E de Lima, el norte, el oriente y el centro del país. Sin olvidar que, en la segunda vuelta se viene un verdadero huracán a su favor en las votaciones de Lima y el norte, incluso en los sectores A y B.

La nueva imagen de Keiko es la serenidad, y la ciudanía empieza a entender que esa serenidad proviene de haber sido víctima de una de las persecuciones más feroces y brutales que la izquierda latinoamericana, sobre todo la progresista, perpetró en contra de un líder anticomunista en la región. Keiko es una víctima y si ella perdona a sus adversarios y llama a la unidad nacional, incluso podría hacer recordar algunos gestos de magnanimidad política. Guardando las distancias y diferencias, Nelson Mandela, otro encarcelado por sus adversarios, utilizó el perdón para consolidar su victoria nacional.

Otro de los apellidos que comienza a poner Keiko en su campaña es la demanda de orden de la sociedad; una demanda de orden que atraviesa a pobres, clases medias y ricos de la sociedad peruana. En videos breves aparece ante mujeres de los sectores populares que incluso no votaron por ella. Desde San Martín de Porres en Lima propone patrullas combinadas de la policía y el ejército para recuperar las calles de Lima, acompañando los servicios de transporte, retomando el control de las cárceles y controlando las fronteras. Asimismo, propone construir cárceles en menos de 100 días y obligar a los presos a trabajar por sus comidas.

Otra de las ideas fuerza de la campaña de Keiko comienza a ser la recuperación de la imagen histórica de Alberto Fujimori. Una apuesta que puede tener resistencias en las mesocracias limeñas, pero que representa el único puente para conectar a Lima con las provincias y recuperar bastiones históricos en los sectores C, D y E de Lima e, incluso, en el sur del país. ¿Por qué? El fujimorismo de los noventa es quizá el único régimen, desde la segunda mitad del siglo pasado, que produjo una alianza entre ricos y pobres a través del Estado. Las empresas nacionales y extranjeras invertían con la desregulación económica, pagaban impuestos, y el Estado llevaba la obra pública a los Andes y provincias.

En síntesis, fue una campaña exacta y profesional de Keiko Fujimori en la primera ronda, que se propuso representar a una mayoría social y política disolviendo la densidad del antivoto.

  • 15 de mayo del 2026

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