Eduardo Vega
Un presidente fantasma
La gestión de Balcázar es un misterio en todos los sentidos
Si bien es cierto que la imagen presidencial debe quedar relegada durante la campaña electoral, eso tampoco significa que el mismo permanezca en el ostracismo absoluto y con ello no hacer nada por el país.
En circunstancias normales sería aceptable que un presidente saliente se dedique exclusivamente a la ejecución del presupuesto aprobado el año anterior, mientras garantiza el desarrollo de un proceso electoral transparente y confiable; sin embargo, para el caso particular de Balcázar, resulta claro que, no solo no cumple con ninguna de las condiciones anteriores, sino además, que tampoco se encuentra frente a circunstancias normales.
Con 25° C en Lima a mediados de mayo no hace falta ser un genio para darse cuenta que se vienen lluvias extraordinarias para la costa del Perú. Y si el Gobierno central, junto con los gobiernos regionales no son capaces de abrir la billetera para ejecutar las obras preventivas correspondientes, la desgracia que deberá gestionar el gobierno entrante será monumental. Y ojo, las proyecciones de un “super niño” están hasta en la prensa internacional, así que no sé que esperan el presidente y sus ministros (si los hay) para tomar cartas en el asunto.
Por increíble que parezca, el (des)gobierno de Balcázar es quizá el mejor ejemplo del famoso “piloto automático” con el que se mantiene a flote al país, al mismo tiempo que se grafica la carencia de un verdadero estadista (que tampoco existe entre los candidatos de segunda vuelta) que pueda enrumbarnos a un mejor futuro.
Hoy en día, la gestión de Balcázar es un misterio en todos los sentidos: nadie sabe qué hace, dónde va, o que intenta hacer; según las actas del consejo de ministros ni siquiera interviene durante las reuniones y cuando hace sus apariciones el público, no hace más que convertirse en serio competidor de Pedro Castillo en el discurso. O creen que decir que “la noche no existe porque es sólo la falta de luz” puede resultar inspirador para algo más que un mal chiste.
Lamentablemente, si tomamos en cuenta que el presidente tiene las bases, los principios y los usos de la izquierda, quizá podríamos justificar que no esté haciendo nada; al fin y al cabo, no hay mejor negocio para ellos que los pobres, y cuantos más puedan crear por acción u omisión en el más breve plazo, mejor. Lo único que no están tomando en cuenta, es que, si el ganador de las elecciones es otro izquierdista, éste sólo podrá culpar de las dificultades que enfrente a sus propios ideales.
Así las cosas, como nadie hace nada en mérito a la falta de liderazgo, la delincuencia sigue creciendo, las inversiones siguen congeladas y sólo crecen la incertidumbre y la pobreza. Lamentablemente, como se proyectan las cosas para la segunda vuelta, gracias a la apatía de Keiko Fujimori y la promoción de Roberto Sanchez, a cargo de los “conchudignos”, creo que a corto o mediano plazo, vamos a terminar extrañando al presidente fantasma.
















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