La centro derecha en el Perú cree que puede desentenderse de la...
Para recuperar el Perú en los años noventa, Alberto Fujimori tenía que cancelar el Estado empresario que había desatado la hiperinflación y la ofensiva terrorista. Y lo hizo. Privatizó decenas de empresas estatales que causaban déficit fiscal, estableciendo el papel subsidiario del Estado frente al sector privado, desreguló mercados y precios y desarrolló un traumático ajuste fiscal consagrando la autonomía del BCR. El Perú salió del abismo. Hoy Keiko Fujimori debe acabar con el Estado de la burocracia que impide que la riqueza nacional, que crea el sector privado, se distribuya en los sectores menos favorecidos. Debe reformar la descentralización que se ha convertido en un espacio de saqueo de la riqueza nacional.
En los noventa el fin del Estado empresario produjo una alianza inédita entre pobres y ricos a través de la acción estatal. Se desreguló la economía para convocar al capital nacional y extranjero, y luego estos negocios pagaron impuestos. Con esos recursos el Estado subió a los Andes y cruzó la cordillera para hacer obras y proyectos en lugares donde nunca había llegado la presencia estatal.
El fin del Estado empresario –un estado fallido incapaz de controlar el territorio, de mantener el monopolio de la violencia y controlar la moneda nacional– produjo una alianza entre pobres y ricos que posibilitó bajar la pobreza en 40 puntos, como nunca antes en la historia. Tal como soñaban los griegos esa alianza entre pobres y ricos expandió las clases medias y agregó estabilidad al proyecto republicano pese a todas las crisis habidas y por haber.
El Estado burocrático –en el que el poder del burócrata, el poder del trámite y la sobrerregulación se colocan encima de la sociedad, el ciudadano y el sector privado– ha creado un Estado disfuncional; es decir, que no cumple funciones mínimas. El Estado burocrático hoy bloquea inversiones, prolonga la pobreza nacional y fomenta la informalidad en grandes sectores de la sociedad. Una de las cosas más graves de este tipo de Estado: la descentralización y la regionalización han organizado un espacio de saqueo de la riqueza nacional que produce el sector privado y que, por ejemplo, impide que 3.5 millones de peruanos cuenten con agua potable. ¡No puede ser!
El fin del Estado de la burocracia entonces debe cancelar todos los diques que impiden que la riqueza del sector privado se convierta en agua potable y desagüe para todos los peruanos, en escuelas, postas médicas, carreteras, entre otros. El fin del Estado de la burocracia debe producir una nueva alianza entre pobres y ricos para expandir las clases medias, acabar con la pobreza y convertirnos en una sociedad desarrollada con los mejores servicios y posibilidades.
Sin embargo, la nueva alianza entre pobres y ricos, que debe construirse con el nuevo gobierno, a diferencia de la alianza de los noventa tendrá efectos inmediatos, muy rápidos. ¿Por qué? Porque en los noventa el Estado estaba quebrado, la economía estaba en harapos y el sector privado recién comenzaba a generar riqueza. Hoy el Perú es un país lleno de recursos y riquezas que crea un poderoso sector privado, pero que no llega a los pobres por el saqueo y la ineficiencia del Estado de la burocracia.
Si existe la voluntad, si el Ejecutivo compromete a una mayoría en ambas cámaras legislativas en una cruzada para establecer una nueva alianza entre pobres y ricos, en menos de dos años ningún peruano dejaría de tener agua potable. Si hay voluntad y planificación el agua potable puede ser accesible para todos los peruanos porque, simplemente, sobran los recursos. Para entender la magnitud de las cosas: en el último quinquenio los gobiernos subnacionales han gastado tres veces lo necesario para solucionar la tragedia de la falta de agua potable. Sin embargo, siguen existiendo 3.5 millones sin este servicio.
En medio de la urgencia de contener los efectos devastadores del fenómeno de El Niño y de controlar el desborde criminal que afecta a los peruanos, el éxito del nuevo gobierno en el mediano plazo y el pleno restablecimiento de la gobernabilidad en el Perú dependerá de esta nueva alianza entre pobres y ricos.
Los principales opositores a esta nueva alianza, los interesados en perpetuar la pobreza ya sabemos que son las corrientes comunistas.
















COMENTARIOS