Miguel Rodriguez Sosa

La trampa de las “reformas” del castrismo en Cuba

Un vano intento de evitar el derrumbe del castrismo

La trampa de las “reformas” del castrismo en Cuba
Miguel Rodriguez Sosa
29 de junio del 2026

 

Este mes de junio, en La Habana, los órganos de gobierno de la dictadura comunista cubana aprobaron lo que han llamado «un paquete de reformas» que dice liberalizar y descentralizar la economía del país que padece su peor crisis económica y el más elevado malestar social en casi siete décadas. El documento definitivo es un farragoso texto que contiene 176 medidas que, oficialmente, son una actualización de los «Lineamientos de la política económica y social del partido y la revolución para el período 2021-2026». Tras una presentación del jefe de estado Miguel Díaz-Canel, el primer ministro Manuel Marrero explicó que se trata de «medidas de impacto estratégico» que «no son rígidas» y no se conciben como una renuncia a la construcción del socialismo, sino que son «condición indispensable para su preservación».

Son planteadas como novedosas las de: entrada de «nuevos actores bajo nuevas modalidades» en el sector turístico; autorización de bancos privados; fomento de la inversión extranjera directa (especialmente para cubanos no residentes); mercado cambiario más flexible, pasando por medidas para ampliar el rol del sector privado; creación de procedimientos para la quiebra, liquidación y reestructuración de empresas estatales, así como la posibilidad de convertir esas empresas en sociedades mercantiles por acciones o participaciones en vía de compra-venta de activos con participación estatal manteniendo una posición mayoritaria en aquellos considerados estratégicos para el desarrollo nacional; reducción de subsidios universales y focalización de ayudas sociales. En este contexto, el asunto de mayor libertad económica para las mypimes privadas que pudieran ser forjadas por cubanos emprendedores es apenas una migaja del engaño lanzado a una población famélica que en su vida cotidiana ha regresado a condiciones de la primera mitad del siglo XIX.

Díaz-Canel, quien además lidera el PCC (Partido Comunista de Cuba), reconoció que «no son ideas nuevas», que se plantearon años atrás pero no se implementaron, lo que fue un «error». Ha dicho: «Cuba no necesita más dilaciones, necesita soluciones. No se trata de crear más oficinas ni de multiplicar reuniones, sino de lograr resultados concretos». Es que entra en escena una nueva versión, ampliada y por segunda vez, de lo ya establecido el 2021, que fracasó por el notorio desinterés de los inversionistas privados a quienes se quería comprometer y por lenidad y avaricia burocrática del régimen.

Desde el anuncio, arrecia en Cuba una expectativa social desesperanzada a la espera de que la propuesta se materialice en marco legal y plazos, acostumbrados como están los cubanos a las mentiras evanescentes del castrismo. Porque las medidas anunciadas son en verdad un mecanismo con toda la apariencia legal para que los capitostes comunistas puedan robarse lo que queda del país. Así lo ha entendido en EE.UU. el secretario de estado Marco Rubio, para quien esas medidas «son puro humo».

Lo que en verdad está en juego es el inicio de un proceso de apropiación privada y oligárquica, desde la cúpula castrista, de lo que sean activos cubanos potencialmente rentables en una economía que tiene que ser, por naturaleza, capitalista, aunque no liberal. Lo que es el reconocimiento vergonzante del ruinoso fracaso del estatismo y colectivismo comunistas en Cuba que ha sumido a su población en la miseria a excepción, claro está, de los clanes familiares gobernantes, enriquecidos por decenios.

El castrismo se apresta a realizar una versión local de lo que ocurrió tras su colapso en el bloque que fuera soviético. En la ex URSS, ahora Federación de Rusia, como en todos los países europeos que tenía controlados (menos Alemania) ocurrió lo propio desde que Boris Yeltsin emprendiera en los ’90 del siglo pasado el desmantelamiento de la arruinada economía estatista y los mandamases de la antigua Nomenklatura del PCUS se hicieran dueños privados de los enormes activos de la industria desestatizada configurando un poder capitalista y oligárquico que en el presente mantiene un acuerdo con Vladimir Putin para sostener el imperialismo soberanista de Rusia.

En Cuba, algo parecido apunta como solución de continuidad ante la emergencia obligada al estar privada del auxilio económico sustancial que primero fue de la URSS, luego de Venezuela y también de México, Irán y China, países que han debido retraer su asistencia obligados por el gobierno de Donald Trump y sus lineamientos de estrategia de seguridad nacional. Cuba ahora carece de «padrinos» estatales generosos subsidiando su caótica y arruinada economía.

Como bien han señalado algunos analistas, si el régimen cubano ha persistido por 67 años pese a las consecuencias de su fracasado socialismo, ha sido en buena parte por esas ayudas exteriores, nunca por esfuerzos propios de una sociedad donde cunde el desánimo para la productividad dictado por el igualitarismo impuesto y que ha carecido en todo ese tiempo de cuentas nacionales que pudieran registrar el fracaso de su conducción económica.

Desde este año 2026, a eso se suma que el régimen castrista ha sido emasculado en sus capacidades de conseguir padrinazgos luego de forjada la nueva detente de EE.UU. con China, del descompromiso de Rusia (resultante de la reunión Trump-Putin en Alaska), de la imposición estadounidense sobre el régimen de Venezuela, de la doblegación de la teocracia de los ayatolás en Irán y de las severas advertencias de Trump al gobierno mexicano. Hasta en la Unión Europea florece la animadversión a la Cuba castrista y la isla carece absolutamente de recursos para emprender aventuras de intervención militar y política en África y Latinoamérica como hiciera desde finales del decenio de los ’60 hasta el año 2025 en Venezuela.

Es peor todavía. El gobierno de Trump acaba de poner un coto extremadamente restrictivo a la enorme agencia de captación y trasiego de dineros que opera a través de GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.), el conglomerado empresarial controlado por las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba), creado por Raúl Castro durante el llamado Período Especial de los años ‘90 para dotar al aparato militar de una base económica propia para la sostenibilidad del régimen.

En días recientes y reaccionando acertadamente ante el anuncio oficial cubano de «las reformas», el Departamento de Estado de EE.UU. ha puesto en marcha la orden ejecutiva 14404, de mayo de este año, que autoriza nuevas sanciones sobre el castro-comunismo. Eso califica como el –ahora sí– bloqueo real y eficaz de las finanzas del régimen cubano. Un auténtico estrangulamiento económico.

Opera contra GAESA y entidades dependientes o asociadas como AUSA (Almacenes Universales S.A.), empresa cubana de logística especializada en servicios de almacenaje, manejo y transporte, incluidas actividades portuarias, que controla el tráfico de contenedores en la Zona Especial de Desarrollo del puerto de Mariel. Han sido designadas en la orden ejecutiva 14404 por ser propiedad de, estar controladas o dirigidas por, o haber actuado o pretendido actuar en nombre del gobierno de Cuba o de cualquier persona cuyos bienes o intereses en bienes estén bloqueados en virtud de dicha orden. También es el caso de RAFIN S.A., componente clave de la gestión financiera de GAESA, por operar o haber operado en el sector de servicios financieros de la economía cubana; y de su otra máscara, BIF (Banco Financiero Internacional), una entidad bancaria comercial absorbida por GAESA en 2016, por operar o haber operado en el sector de servicios financieros de la economía cubana gestionando la gran mayoría de las transacciones que involucran a entidades extranjeras que operan hacia y desde Cuba.

También la OE 14404 se ocupa de Geominera, S.A., empresa estatal bajo la jurisdicción del Ministerio de Energía y Minas del gobierno cubano, que aprovecha la inversión extranjera de la empresa Antilles Gold, con sede en Australia; de Minera La Victoria S.A. que gestiona los activos de minerales metálicos sin níquel de Cuba; y de Empresa Siderúrgica José Martí (Antillana de Acero), que es el mayor productor de acero de Cuba y recientemente fue objeto de una modernización y expansión en colaboración con empresas rusas.

Las acciones derivadas de la OE 14404 son justificadas por el gobierno de EE.UU. como «imposición de sanciones a los responsables de la represión en Cuba y de las amenazas a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos». Impone el bloqueo de todos los patrimonios e intereses de cualquier entidad que sea propiedad de esas y otras en las que tenga propiedad, directa o indirectamente, individualmente o en un 50% o más. Las denunciadas deben ser reportadas a la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros) del Departamento del Tesoro. Asimismo, prohíbe todas las transacciones realizadas por personas estadounidenses, dentro de EE.UU. o en tránsito que impliquen cualquier propiedad o interés en propiedades de las entidades designadas o bloqueadas de algún modo a menos que estén autorizadas por una licencia general o específica emitida por la OFAC. La prohibición incluye la de realizar cualquier contribución o provisión de fondos, bienes o servicios por, para o en beneficio de cualquier entidad bloqueada, o la recepción de cualquier contribución o provisión de fondos, bienes o servicios de cualquiera de aquellas. 

Las entidades no estadounidenses, incluyendo las financieras extranjeras, que participen en transacciones designadas en virtud de la OE 14404, o que operen en los sectores de energía, defensa y material relacionado, metalúrgico y minería, servicios financieros, o el sector de seguridad de la economía cubana, se arriesgan a ser objeto de sanciones lesivas para sus intereses en EE.UU. 

Es y será durísimo el golpe infligido por el gobierno de Washington al régimen cubano con la aplicación de la OE 14404, porque le impide seguir operando a través de GAESA y sus tentáculos para mantener y aumentar las grandes fortunas amasadas por los mandamases de La Habana que pueden así exonerarse de la miseria de los cubanos de a pie. A los jerarcas del castrismo y a sus cortesanías y clanes familiares en el poder, con y sin uniforme, Trump los está empujando al abismo.

Entonces, la instalación del capitalismo oligárquico de estirpe burocrática en Cuba, mediante las anunciadas «reformas», deberá enfrentar condiciones muy adversas y probablemente insuperables para concretarse debido a las disposiciones de la OE 14404 que apuntan al colapso operativo de GAESA y sus agencias, y a preceder la implosión del castro-comunismo imperante y el muy probable cambio del régimen político. 

Hay que tener en cuenta además que va a ser muy improbable la presencia en Cuba de inversionistas extranjeros interesados en activos privatizados si consienten co-propiedad de participación estatal a través de GAESA y sus tentáculos (que pudieran adoptar otras etiquetas). Porque capitales extranjeros que tienen vinculaciones de negocios con EE.UU. no querrán arriesgarse a sanciones de Trump en el marco de la OE 14404; y porque de seguro calibrarán el enorme riesgo sobre el destino de sus capitales en un país acostumbrado a la política estafadora del «perro muerto» con expropiaciones impagas y otras maneras del despojo. No se avizora que capitales transnacionales arriesguen invertir en la propiedad con participación accionaria de GAESA u otra de sus etiquetas, por ejemplo, en hoteles sitos en Cuba, de empresas de España, Canadá y otros países, que este año han abandonado la isla ante la abismal incertidumbre respecto del destino de sus inversiones.

En el hipotético y muy azaroso caso de que se materialice en Cuba la «apertura» ofrecida con las «reformas», lo que seguramente acontecería es que la cúpula comunista en el poder adquirirá el amparo legal para apropiarse de activos cubanos privatizados mañosamente, empeñando en ello sus fortunas mal habidas que llegarán desde el exterior con etiquetas internacionales para adoptar la paternidad de una clase de capitalistas oligárquicos excomunistas gracias a su privilegiado conocimiento de la información sobre esos activos potencialmente redituables, y en posesión exclusiva de los contactos gubernamentales apropiados que están fuera del alcance de los cubanos del común, ni siquiera al alcance de los cubanos en el exilio. Como escribió el barbado filósofo de Tréveris: la historia se repite, una vez como tragedia y otra como farsa. La aventura del capitalismo oligárquico ruso y en Europa oriental poscomunista, replicada en Cuba.

Miguel Rodriguez Sosa
29 de junio del 2026

NOTICIAS RELACIONADAS >

León XIV, un año de pontificado

Columnas

León XIV, un año de pontificado

  Hace un año el cardenal estadounidense Robert Prevost f...

11 de mayo
La razón de la fuerza. Trump y el orden imperial

Columnas

La razón de la fuerza. Trump y el orden imperial

  El presidente de EE.UU. Donald Trump ordenó el control ...

21 de abril
Habermas y los tantos (dis)cursos de la razón

Columnas

Habermas y los tantos (dis)cursos de la razón

  Lo fascinante de un gran filósofo como Jürgen Habe...

23 de marzo

COMENTARIOS