Cecilia Bákula

Una visita a la iglesia de San Pedro

Tesoro de una ciudad próxima a cumplir medio siglo

Una visita a la iglesia de San Pedro
Cecilia Bákula
02 de octubre del 2023


Nuestra hermosa ciudad ofrece a sus habitantes y a quienes la visitan la posibilidad de conocer y disfrutar de espacios y monumentos extraordinarios; uno de los más sobresalientes es, a mi criterio, la Iglesia de San Pedro. En su conjunto, se trata de un espacio religioso en el que el culto diario e ininterrumpido se une a la historia, el arte, la evangelización, la conservación del patrimonio y la esencia de la identidad de la ciudad.

Ubicado en la esquina que conforman ahora los jirones Ucayali y Azángaro, en sus orígenes todo el complejo que ocuparon los sacerdotes jesuitas, miembros de la Compañía de Jesús, implicaba los solares que llegaban a las calles del Gato (por don Francisco Álvarez del Gato y actual cuadra 4 del Jr. Azángaro), Botica de San Pablo (actual cuadra 4 del Jr. Miró Quesada, recientemente llamada Santa Rosa, donde se ubica el local principal del Banco Central de Reserva del Perú), y Enfermería o Cascarilla (actual cuadra 4 de la Av. Abancay).

Los orígenes de la presencia de los jesuitas en nuestro país se remontan a 1568. Buscando donde iniciar su labor de apostolado, se les asignó los solares indicados. La iglesia fue consagrada el 30 de julio de 1638, y poco a poco se fueron incrementando las obras que incluyeron el Colegio Mayor San Pablo y la construcción de todo un complejo dedicado a las labores propias de su misión. Ello hasta que en 1767 Carlos III promulgó la llamada “Pragmática Sanción” mediante la cual ordenó la expulsión de los jesuitas de todos los territorios bajo su mando. El retorno de dicha congregación se produjo en 1884 y quedan huellas de la solidaridad y patriotismo con que los sacerdotes actuaron durante la nefasta ocupación de Lima, albergando, cuidando y escondiendo, entre otros, a Andrés Avelino Cáceres.

Para el momento de la expulsión el templo ya estaba construido y ya había huella de arte, de belleza y de eficiente labor que incluía, entre otras, la evangelización en diversas partes del Perú y América, las misiones en el Amazonas, la educación, la atención a los más necesitados como el servicio a los esclavos negros en el Rímac, labor en la que destacó el P. Francisco del Castillo, cuya causa de beatificación está en pleno proceso. A él se debe, entre otras muchas acciones, la costumbre del tradicional sermón de las tres horas cada Viernes Santo.

El templo que hoy se conserva, de estilo neoclásico, es producto de varios procesos de restauración como consecuencia de algunos terremotos de importante magnitud como los que históricamente han dejado huella en nuestra ciudad en 1687, 1746 y 1940, que motivó la última gran intervención.

En la actualidad es digno de visitar y apreciar el interior del templo; consta de tres naves de bóveda cañón corrido; la central ornamentada con preciosos casetones y remata en el crucero que se cierra con una imponente cúpula semicircular de gran tamaño. Las naves laterales llevan decoración de pan de oro que sobrecoge por la delicadeza y calidad. El altar mayor es imponente como lo es también el dedicado a San Ignacio de Loyola, el que se denomina Cristo de la contrición y otros como el del Niño Huanca y la Virgen de la O y el que custodia reliquias de santos y mártires, muchas de ellas provenientes de catacumbas romanas. Se puede apreciar la cruz de madera que utilizaba el P. Francisco del Castillo en su labor evangelizadora en el Rímac.

Desde el punto de vista exterior, en la fachada se aprecian dos torres que tienen en su interior imponentes campanas; una de ellas se llama “Agustina”, popularmente conocida como la “Abuelita” porque es la más antigua del Perú y la otra se denomina la “Grande”. Cabe señalar que el diseño del templo siguió los planos de la iglesia del Gesù de Roma y que es una singularidad que tenga tres puertas de acceso, lo que, en principio, es un detalle exclusivo para las catedrales. En la parte superior de la puerta principal, se observa labrado en piedra el monograma de la Compañía de Jesús: IHS, que refiere tres letras del nombre de Jesús que el propio San Ignacio utilizó desde el comienzo de su congregación religiosa, para distinguir su seguimiento a Cristo. 

En el interior del conjunto, hay otros tesoros que, de ser posible, se debería visitar. La sacristía es un lugar reservado pero allí todo habla de fe, liturgia y arte; un muro está pintado por Bernardo Bitti quien plasmó la escena de la asunción y coronación de María Santísima. Bitti, hermano jesuita, llegó al Perú con una propuesta manierista y su obra destaca por una finura extraordinaria que podemos ver no solo en San Pedro, sino en Arequipa y en diversos templos del Alto Perú. En la sacristía, se conservan, además, recuerdos entrañables de las visitas de dos Sumos Pontífices: San Juan Pablo II y Francisco.

Así, de ser posible, también debe visitarse la Capilla de la Virgen de la O; es un pequeño recinto rectangular que logró conservarse luego de la última gran intervención en ese conjunto monumental, cuya construcción data de 1615, gracias a la voluntad de una congregación mariana. La advocación a la Virgen de la O tiene su fecha central el 18 de diciembre, una semana antes del parto, cuando la humanidad está “expectante” por el nacimiento del Mesías y las antífonas de ese día se inician con ¡“Oh, Adonai… Oh, Emmanuel… Oh, Renuevo del tronco de Jesé… Oh, Sol que naces de lo alto…!” y así, se fue popularizando la manera de llamar a la Santísima Virgen bajo esa advocación. La escultura que está en el altar es muy hermosa como lo son los medallones pintados sobre madera en el cielo raso.

La llamada Penitenciaria es un lugar de interés y en su momento servía para brindar y recibir el sacramento de la confesión o penitencia y hoy en día, muestra los espacios en que tenía lugar y presenta algunos de los tesoros que conserva San Pedro asociados al culto, la liturgia y su propia historia.

Todo el conjunto es, sin duda un espacio histórico de altísimo valor, una de las iglesias mejor conservadas por el afán, cuidado y atención de los sacerdotes jesuitas y por los fieles que diaria y constantemente asisten. Como tal, fue declarado como patrimonio cultural de la Nación en 1972 y en tanto se encuentra en el centro histórico de Lima, forma parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1991.

Cecilia Bákula
02 de octubre del 2023

NOTICIAS RELACIONADAS >

El incierto proceso electoral que se avecina

Columnas

El incierto proceso electoral que se avecina

Durante una reciente conferencia de prensa, la presidenta Dina Boluart...

31 de marzo
El precio de la desordenada modernización

Columnas

El precio de la desordenada modernización

No hay duda de que nuestras ciudades crecen de manera vertiginosa y de...

24 de marzo
El Perú: un país que busca su destino a tientas

Columnas

El Perú: un país que busca su destino a tientas

  Desde hace ya un tiempo comprobamos que el país transit...

17 de marzo

COMENTARIOS