Manuel Gago
Toque de queda: ¿clamor popular?
¡Mano dura contra la delincuencia!

Días atrás, el congresista Ernesto Bustamante fue vapuleado por declarar que la “seguridad ciudadana es responsabilidad de cada uno”. La gente que hoy critica a Bustamante es la que hizo congresista a Cecilia García por impulsar, desde Huancayo, la campaña “chapa tu choro”, orientando a la gente a defenderse de la delincuencia por cuenta propia.
Recordemos. A mediados del 2015, por la creciente delincuencia experimentada, la campaña contra los “choros” tomó vuelo en los sectores populares. Por entonces, las críticas a la iniciativa venían de un Perú que “no tiene calle” y que pretende dirigir al país desde su privilegiada comodidad y seguridad. La popularidad de García creció como la espuma y sus planes políticos se hicieron realidad. Logró un asiento en el Congreso de la República.
También se dice que, contra la criminalidad, la población tendría que estar organizada sin explicar de qué contundente manera. Otros sostienen que la seguridad es tarea exclusiva de la Policía Nacional y de sus servicios de inteligencia. Bueno pues, así como se sostiene que la pobreza es temporal y que el pobre saldrá de ella por su propio esfuerzo, ¿así también la inseguridad es temporal y el extorsionado y asaltado se libará por su propio esfuerzo?
Bustamante fue apabullado por ser parlamentario “de la derecha” y porque la mayoría apunta contra el Gobierno y el Congreso. Una mayoría que, además, niega sus dichos por su memoria frágil y transformada por titulares y portadas. Pero recordemos una vez más: en los noventa, durante la lucha antiterrorista, se abandonó la llamada “tierra arrasada” de la década anterior. Con Alberto Fujimori, la estrategia cambió. Se crearon comités de autodefensa para enfrentar a Sendero Luminoso. Ciudadanos valientes eran parte de la lucha antisubversiva. La misma población hizo huir a los terroristas, en muchos casos esos pobladores estaban liderados por sacerdotes y pastores evangélicos, porque las autoridades fueron asesinadas o escaparon para evitarlo. El país debe saber que la verdadera victoria contra el terrorismo fue protagonizada por el heroísmo de gente pobre pero unida. Desde Concepción, el escritor Freddy Contreras cuenta una de estas historias en el libro Hija de la fortuna.
Días atrás, conversaba sobre la inseguridad ciudadana con un chofer de combi. Le pregunté, como suelo hacer a pequeños negociantes, ¿eres extorsionado? Sí, respondió el chofer. Y fue más allá. En su opinión, la ola delincuencial es una plaga. Sabe de jóvenes que extorsionan al vecino platudo en plan de “a ver si liga”. Si les liga, de allí en adelante estos jóvenes conforman pequeñas bandas y mucho más. Para el chofer, la solución contra la ola criminal debería ser radical: toque de queda, mano dura de la policía sin contemplaciones y cárcel inmediata. Enviar a los presos lo más lejos posible.
En este escenario de confusión y de “expertos” sin mayores victorias, los jóvenes pueden ser perdonados porque no saben de la reciente historia. Además, han sido enajenados –también sinónimo de estupidizados– desde niños por los profesores comunistas. Pero no todos son cobardes en este Perú de “gentes confundidas”. Hay ejemplos de valentía que no figuran en las primeras planas y titulares, dedicados a someter en lugar de liberar.
Quienes fueron formados con carencias aprendieron a sobrevivir con su propio esfuerzo e ingenio, sin dar pena y sin depender de nadie. Con una población unida y organizada, la criminalidad estaría en retroceso. Pero, lamentablemente, muchos no denuncian, ni ofrecen información válida a la policía “por temor a represalias”. ¿Una muestra de cobardía?
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