Jorge Varela
Saqueo de la memoria histórica
Los vencedores reescriben el relato

Zygmunt Bauman al introducirse en el estudio de la naturaleza plural-controvertida de la verdad, hace referencias a la influencia del poder en la construcción de la narrativa colectiva y a la manipulación de la memoria histórica. “La verdad, así, en singular, da paradójicamente fe indirecta de su pluralidad. La afirmación ‘esto es verdad’ tiene sentido a partir de que forma una pareja (un dúo) inseparable con una negación: eso no es verdad” (“La memoria colectiva y su manipulación”. Bloghemia, 15 de junio de 2024).
Pluralidad de la verdad
La verdad por consiguiente, afirma, supone, de modo latente lo que niega de modo manifiesto. “Quizá sea una declaración de guerra contra su propio origen: contra el estado de cosas que la ha generado,…marcado por la pluralidad de mentalidades, puntos de vista, opiniones y creencias”. “Que algo sea verdad o que alguien `tenga razón’ es una apuesta por una versión…entre pluralidades de afirmaciones inconciliables.” “Dicha pluralidad es una consecuencia ineludible…de la diversidad de modos humanos de ser-en-el-mundo. Dicho de otro modo, la ’verdad’ pertenece a esa gran familia de los ‘conceptos esencialmente controvertidos’ (según la terminología de Whitehead)”. Se trata de una familia que está en plena y caótica expansión.
Lo esencialmente controvertido
“El rasgo característico de la controversia a la que todos están sujetos…es la compresión de lo descriptivo y lo axiológico, o mejor dicho, el sometimiento de la rei a la aestimationis en la búsqueda de la adaequatio”. Bauman expone que: “nos enfrentamos a otro dilema, más profundo, más impresionante”; concretamente se refiere a si es posible separar con cierta efectividad la verdad de la mentira en el espacio de la rei. “¿Podemos o siquiera tenemos el derecho a hacer lo mismo en el terreno de las aestimationes?” Sobre el particular indica: “¿no es la expresión ‘falso valor’ un oxímoron? ¿Cómo podríamos ‘demostrar' o ‘falsar’ un valor (falsearlo), y de qué clase de autoridad -si alguna tuviera- estaría revestido el resultado de ese procedimiento en una querella por la verdad?”.
Bauman repite aquí preguntas planteadas desde tiempos antiguos, pero que somos tan incapaces de responder como Poncio Pilato, y para las que continuamos aguardando la respuesta de Cristo. “Sí, es cierto, son muchas las respuestas que se han propuesto y ofrecido, pero ninguna ha escapado hasta el momento al estatus de lo ‘esencialmente controvertido’: ni en el ámbito del discurso filosófico ni, lo que es más importante aún, en el de la práctica humana”; por ejemplo, en ese espacio caliente de lo político-contingente. Su conclusión es: “en ningún sitio se hace más evidente y cruda esta realidad que en la memoria colectiva”.
El saqueo de la memoria colectiva
Para Bauman todas las variedades de memoria colectiva son selectivas y son los políticos quienes guían esa selección. “El éxito político entraña la capacidad de revisar la memoria histórica (empezando por el cambio de nombres de las calles y plazas de las ciudades, o de la redacción de los libros de texto escolares o de los monumentos públicos), lo que favorece el éxito de la política”. Es el objetivo que se pretende. Es la alucinación de tanto aprendiz de tirano que se empecina en perpetuarse para terminar convertido en carne de fría estatua, esa que será derribada cuando el pueblo recupere su conciencia.
“La historia es ‘reescrita’ continuamente y el hecho de que los vencedores se mantengan en el poder es condición necesaria… para que su relato sea inmune a nuevas reescrituras”. “Una inmunidad temporal, claro está”. Es lo que lamentablemente ocurre en Venezuela, Cuba, Nicaragua y Corea del Norte.
“En el mundo en que vivimos, esto no es ya solo cuestión del deterioro de la memoria colectiva y de la declinación de la conciencia del pasado, sino del agresivo saqueo de lo que queda de memoria, la distorsión deliberada del registro histórico, la invención de pasados mitológicos al servicio de los poderes de la oscuridad”. Bauman dice que “la maleabilidad y la corta esperanza de vida intrínsecas de la memoria histórica son las que tientan y facultan a ‘los vencedores’ para recurrir a agresiones carentes de escrúpulos con unas expectativas bien fundadas de triunfar en el empeño”.
Cultura del analfabetismo y del olvido
Bauman señala que el pedagogo estadounidense Henry Armand Giroux atribuye a la actual hegemonía de la ‘cultura del analfabetismo’ mucha responsabilidad en esta facilidad con la que las mentiras, invenciones y la amnesia pública fomentada, manipulan (o borran) el contenido de la conciencia histórica pública, insistiendo –como John Pilger– en que “lo que interviene en la muerte de la alfabetización y en el fomento de la ignorancia como virtud cívica es una ‘trampa de confianza’ por la que los poderosos quieren que creamos que vivimos en un presente eterno en el que la reflexión se circunscribe a Facebook y el relato histórico es dominio privativo de Hollywood”. “La superficialidad sustituye a la reflexión”. “Vivimos en una cultura del olvido, no de la memorización. (Zygmunt Bauman. “La memoria colectiva y su manipulación”. Bloghemia, 15 de junio de 2024).
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