Luis Hernández Patiño
Salud mental al día
La crisis que atravesamos también afecta a nuestra salud mental

Nuestra mente está siempre expuesta a las consecuencias emocionales de las circunstancias y situaciones que se producen en el medio social. En otras palabras, los acontecimientos de nuestra realidad repercuten en nuestra salud mental. Por lo tanto, y partiendo de lo antes dicho, necesitamos hacer un breve examen de la situación en la que nos encontramos.
Estamos en medio de una hecatombe. El calificativo de tragedia se queda corto frente a lo que estamos padeciendo en medio de la pandemia del coronavirus. Por cierto, en solo unos meses, la base económica de nuestra sociedad se ha hundido en un sótano que parecería no tener fondo, y el marco de nuestras relaciones sociales se ha quedado suspendido, lo que podría desembocar en un desplome de nuestras instituciones vitales.
En los diversos niveles y capas de nuestra sociedad se viene incubando un malestar de tipo emocional que resulta más que preocupante. Y en este punto quiero hacer un especial hincapié: no hay un solo sector o clase social que esté libre de padecer en la presente situación. Sin embargo, cabe señalar que el caso es singularmente delicado en los sectores que viven en condiciones de hacinamiento típicas de un estado de barbarie, sin agua pese a que hay que lavarse las manos, sin dinero para enfrentar la pandemia, y sin contar con las posibilidades de agenciarse ese dinero que tanta falta hace.
Sé muy bien que los problemas relacionados con nuestra salud mental no son nada nuevos. Pero también entiendo que lo grave de la situación en la que hoy estamos tiene que haber potenciado la dimensión de tales problemas. Y es por eso que considero fundamental abordar el tema, poniendo en este la atención que realmente se merece.
La crisis que atraviesa la sociedad peruana está afectando a nuestra salud mental. Es terrible la cantidad de dramas que se deben estar viviendo a diario. Me parecería estar oyendo a pequeños niños que lloran de hambre, y a padres que en silencio gritan de impotencia al no tener qué darles de comer. Y tengamos presente que no podremos hacer proyecciones hacia el futuro mientras no consigamos equilibrar emocionalmente a los integrantes de las nuevas generaciones; generaciones que hoy no saben qué les podrá esperar mañana, más aún luego de haber escuchado decir que al final todos vamos a ser infectados con el coronavirus.
¿Necesitamos consolidar nuestra base económica? ¡Por supuesto que sí! Y lógicamente, para eso debemos sentar las condiciones de un equilibrio entre los poderes políticos. Sin embargo, antes de ello, y como requisito fundamental, tenemos que apuntar hacia una meta muy cara: un óptimo nivel de salud mental.
No pretendo idealizar este tema, ni busco plantear alguna utopía al respecto, pero sí considero trascendente poner sobre el tapete los asuntos relacionados con la salud mental. ¿Por qué? Porque aun cuando no soy médico, no me resulta difícil comprender que sin un adecuado nivel de salud no hay ninguna posibilidad de un real desarrollo social.
Resulta obvio que la educación y el trabajo son indispensables. Sin embargo, es también evidente que una sociedad enferma, como es el caso de la nuestra, requiere de un estado de salud satisfactorio, para así poder educarse y trabajar con proyección al desarrollo.
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