Maria del Pilar Tello
¿Sacrificaremos la libertad por la comodidad?
La tecnología y el peligroso modelo autoritario chino

En plena revolución tecnológica, y desde que en noviembre pasado se presentara el chatGPT, el mundo se pregunta en qué víspera nos encontramos. Si en el advenimiento de la etapa más maravillosa para el ser humano o en el de la más siniestra. Probablemente la realidad se ubique a medio camino entre la utopía y la distopía. Pero hay un trecho largo por recorrer y mientras lo hacemos la humanidad es presa de la incertidumbre.
El tema no solo es científico y tecnológico, es político en tanto el poder está siendo debatido en las altas esferas de Silicon Valley como en las del Partido Comunista chino. Hay una convergencia estructural determinada por los cambios que Internet está haciendo posibles y que alcanzan a nuestras vidas cotidianas insoslayablemente transformadas en estas tres últimas décadas. Lo único cierto es que en ningún caso la humanidad puede permitirse perder o dejar en el camino, por entusiasmo excesivo o por simple negligencia, la autonomía de la persona humana junto a los derechos y libertades que nos legaron la ilustración europea y las revoluciones del siglo XVIII no por gusto llamado el de las luces.
Ya es una realidad, que la crisis del covid evidenció y aceleró, que China es la verdadera potencia antagonista de la democracia liberal occidental. Y que hay una competencia con ribetes de guerra fría por la hegemonía tecnológica. La presencia protagónica de los avances de la Inteligencia Artificial y el debate mundial consiguiente han superado expectativas y temores. No es una suposición que Joe Biden ha asumido claramente la lógica de la confrontación total entre la democracia y la autocracia, y no por gusto convocó a una «cumbre de la democracia» para unir las fuerzas de los países que se oponen al desafío del autoritarismo. En síntesis, EE.UU. contra China.
Aunque muchos creen que después de la dramática guerra que, contra todos los anuncios, Ucrania viene ganando a Rusia podríamos llegar a las armas entre las dos potencias, antes de que ello suceda debemos asumir la dominación de las mentes que aparece como algo más sutil y complejo.
Hablamos de una dictadura que aunque bien documentada y objeto de denuncia especializada, no motiva preocupaciones ni reacciones entre los miles de millones que usamos la Internet. Francisco Miró Quesada Rada y Enrique Cornejo Ramírez, presentaron este lunes pasado en la Feria del libro La dictadura tecnológica, el Big Data, base de un nuevo poder, mi más reciente trabajo, publicado por la Universidad Ricardo Palma. Ambos reconocidos académicos pusieron de relieve la relativa indiferencia que tenemos ante la vigilancia de los algoritmos y el uso de nuestros datos personales. Y no tanto porque ignoremos la situación sino por comodidad. Porque no queremos perder el entorno confortable que nos dan las nuevas herramientas digitales y ni siquiera nos importa perder la privacidad, que parece un sacrificio menor.
Nos encanta la guía algorítmica que nos hace la vida más fácil. Y dejamos relegados los temores sobre si el uso de la Internet podría tener correlatos menos simpáticos. Como el que se concreta en China a través de su modelo autoritario con la vigilancia masiva extendida sobre toda su enorme población, su sistema de crédito social o su internamiento de personas en riesgo en campos de detención. Un modelo al que deberíamos prestar muchísima atención dada la presencia multiforme que el gigante asiático está ganando en la región y especialmente en el Perú.
Ni siquiera imaginamos que podríamos estar en el centro de la «nueva Guerra Fría». La ideología puede estar siendo desplazada por la comodidad, pero los efectos del autoritarismo corren dentro de una visión antagonista de la democracia liberal que hoy con todos sus problemas todavía nos asiste con derechos y libertades que no queremos perder. China trae consigo determinada concepción política con la misión de controlar las relaciones sociales y la vida de sus súbditos con el fin de crear una sociedad ‘armoniosa’ facilitada por el dirigismo algorítmico en vías de imponerse a escala mundial. Una visión que ya está amigablemente entre nosotros.
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