Francisco Swett

Reflexiones sobre la condición humana

En el mundo del oportunismo, la sagacidad reemplaza al intelecto

Reflexiones sobre la condición humana
Francisco Swett
04 de mayo del 2020


El mundo de la ignorancia es pleno de certidumbre: la realidad es blanca o negra, y la magia y el mito lo explican todo. Existe, en ese mundo, una conspiración de unos pocos magnates para ejercer el dominio total. Si son de derecha, la visión simplista halla a los culpables en los “comunistas”; y si al revés, los culpables son los “neoliberales”. Los desastres son castigos y las curas milagros divinos. La masa de Ortega y Gasset prefiere poner la cabeza de vacaciones luego de una jornada repetitiva de trabajo. Los culebrones son entretenimiento, pero la “caja de bobos” ha cedido paso a las consolas de juegos y los
smartphones. Las falsas noticias son la fuente de información, y los sermones en las iglesias, mientras más apocalípticos, más adeptos conquistan. Es también el mundo del oportunismo, donde la sagacidad reemplaza al intelecto y el conocimiento “de la calle” es superior al de cualquier profesión. Un mundo donde el pasado se ignora y el futuro es la rutina del devenir de los días.

Es el mundo de la contabilidad de simple registro; aquel mundo que Luca Pacioli, el fraile franciscano, conmocionó cuando, apreciando la naturaleza del universo donde impera el corsi recorsi, argumentó que la contabilidad requiere de doble registro en el activo y el pasivo. El mismo destello de genialidad lo mostraría Hegel en otro momento, cuando articuló el idealismo dialéctico, la tesis y antítesis, en el devenir de la historia. En el tiempo, las certidumbres de antaño cedieron terreno. Donde Ptolomeo concebía las esferas celestes y a la Tierra como el centro del universo, apareció Copérnico quien nos puso en nuestro sitio. Pasamos de estar montados en una gran tortuga a ser un globo celeste que aparentemente flota cuando en realidad reposa sobre un tejido invisible de tiempo y espacio. Nos preguntamos, entonces, ¿pertenecen a la misma especie los que viven convencidos de que la Tierra es plana y Albert Einstein o Werner Heisenberg, quien desarrollara las teorías de la mecánica cuántica y descubriera el principio de la incertidumbre? 

No obstante la pereza de las masas, las fronteras del conocimiento se han ampliado mucho más allá de lo que nuestra imaginación pudo prever. Pasamos de la fuerza manual al mundo mecánico; la automatización devino en circuitos digitales que permitieron capturar los electrones para que sirvieran a nuestros propósitos; la Internet nos unió al compás de las telecomunicaciones, que de la manivela pasaron al discado, luego a los botones, para finalmente salir de la base fija y darnos la libertad de estar enteramente comunicados desde cualquier sitio del planeta. Hoy entramos al umbral de la inteligencia artificial, artilugio que, copiando la arquitectura del cerebro humano, reemplaza las señales bioquímicas que enlazan los axones con instrucciones codificadas en algoritmos cada vez más complejos, permitiéndonos la exploración de vastas memorias de datos que operan autónomamente con procesadores que, dejando atrás a nuestras neuronas, permiten resolver, en segundos, problemas que antes tomaban años.

El pensamiento crítico guía la innovación y el progreso, pero no siempre en la dirección correcta cuando hay bifurcación entre la consciencia, esto es la percepción de la realidad, y la conciencia, la realización ética del bien actuar. La historia revela cómo se abren brechas crecientes entre la práctica de la política y la realización del bienestar de la gente en los estados-naciones. Hay anclajes primitivos de la organización tribal y el feudalismo en las tiranías aún hoy vigentes. Son anclajes de estructuras de poder concebidas y armadas por los más audaces, los tipos alfa cuyas características mesiánicas inflaman a las multitudes de los perezosos que, con sus votos, perennizan el abuso y desvirtúan la democracia. Son los típicos caciques que subordinan a las instituciones y se hacen merecedores de la sentencia de Lord Acton respecto de la corrupción absoluta del poder. 

Es la condición humana que a ratos nos lleva a reflexionar sobre la forma como está obrando la evolución. ¿Quiénes son los más adeptos? Es una pregunta que no puede ser contestada si ignoramos la presencia de la naturaleza que nos subordina. Luego de enterarme y ver imágenes del mundo animal, he aprendido a apreciar la inteligencia de los cuervos y los delfines, los sentimientos de los elefantes, y la majestad de las águilas. Veo cómo, con el retiro de los humanos en sus cuarentenas impuestas, regresan los pumas y los cóndores a Santiago, los pingüinos a Ciudad del Cabo, y los cisnes rosados a Venecia. Sus incursiones pueden ser en respuesta a antiguas querencias de hábitats perdidos, pero nos recuerdan que el ciclo evolutivo ha visto varias especies dominantes; que ha habido cinco extinciones y que nuestro reino en la época sapiens ha sido, y es, no tan sapiens.

Francisco Swett
04 de mayo del 2020

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