Francisco Swett
Reflexiones adicionales sobre Economía
Vasto campo de actividad intelectual con consecuencias sociales

Contrariando la idea generalizada de que la Economía tiene que ver con finanzas, contabilidad, y la famosa (y arbitraria e inexacta) división entre microeconomía (la “chiquita”) y macroeconomía (la “grandota”), el campo que cubre la disciplina es tan amplio como la imaginación lo alcance a percibir. Es así como dejamos atrás los cálculos complejos o el equilibrio de los mercados, que han preocupado a quienes pretenden hacer de la Economía una ciencia exacta y que, fuera de los supuestos irreales que se esbozan para apoyar tales pretensiones, no existen, por la naturaleza hiper dinámica de la acción humana.
La Economía tuvo sus inicios dentro del ordenamiento legal, como consecuencia de la aplicación de los principios de la Filosofía Moral. Conceptos como el lucro cesante y el daño emergente residen en el Derecho, pero su origen es plenamente económico pues está vinculado al costo de oportunidad y a la contabilidad del costo directo, ya fuere en el valor de intercambio de un bien que es destruido, o en el daño causado a un sujeto cuyo bienestar es afectado adversamente. Ha habido discusiones centenarias sobre conceptos que, como la usura (esto es el cobro de cualquier tasa de interés) marcaron el devenir de la civilización desde tiempos inmemoriales hasta el siglo XIX, cuando se arribó a la conclusión de que el origen del cobro de intereses se encuentra en las “preferencias de tiempo” (o decisión de ahorrar o consumir) de quienes poseen y de los que demandan el capital, y en los riesgos atribuidos a despojarse de dicho capital.
Los frailes de la Escuela de Salamanca en el Siglo de Oro español avanzaron decididamente en temas como los impuestos óptimos, la teoría del valor presente y la diferencia entre precio y costo. Ellos, junto con una secuela de pensadores italianos y alemanes, mayoritariamente monásticos y católicos, encaminaron con sus conceptos las teorías que tres siglos más tarde harían de Richard Cantillon el primer expositor de la Economía moderna. Los ideólogos “subjetivistas y marginalistas” como Bastiat y posteriormente Menger, Böhm von Bawerk y von Mises (todos ellos formados originalmente como abogados) se erigieron como contradictores de Adam Smith y Karl Marx, quienes habían previamente abrazado la teoría del valor del trabajo, con sus secuelas de tortuosas disquisiciones en torno a la formación de los precios y el valor de escasez.
Alfred Marshall, notable fundador del pensamiento Neoclásico amplió la frontera del ámbito de la Economía cuando al inicio de su clásico Principios de Economía (1890) la definió como “el estudio de los humanos en el curso ordinario de sus vidas”, limitando, no obstante, tal “curso ordinario” a la búsqueda y al uso de los requisitos materiales para alcanzar el bienestar. Le tocaría a Frank Knight, profesor de la Universidad de Chicago, ampliar la definición a su máxima dimensión al aseverar que la Economía es la ciencia “que trata del intercambio”. Esto es, de los actos de dar y recibir que, como debemos suponer, trascienden el uso del dinero y de las transacciones materiales.
En el devenir de la tradición, la Economía se entiende hoy de temas de la conducta humana que comprenden acciones y reacciones marcadas por la cultura, el carácter de los protagonistas, la desigualdad en las condiciones de negociación, el comportamiento individual contrastado con el colectivo, la organización social, los escenarios políticos y las controversias. Se enfocan temas tan atípicamente económicos como los determinantes de la transición demográfica y el tamaño de las familias, la búsqueda de pareja, las motivaciones vocacionales, la organización delincuencial y la preferencia por el ocio o el trabajo.
Lo que denominamos “cultura económica” es pues un vasto campo de actividad intelectual con consecuencias materiales para el ordenamiento social, el estudio de la pobreza y la prosperidad y el rol de las ideologías. Es, en otras palabras, un marco teórico riguroso y lógico –no necesariamente matemático– que, en conjunción con las otras ciencias sociales, nos permite entender mejor la sociedad, sus actores e instituciones, su destino y posicionamiento en el orden individual o nacional de prominencia, desviación, prosperidad, interacción y los orígenes de la pobreza y sus posibles soluciones.
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