Guillermo De Vivanco
Preguntas sobre la reactivación económica
¿Es posible crear un millón de empleos temporales en 60 días?

¿Que necesitamos los peruanos para comprender la gravedad de la pandemia y sus consecuencias sociales y económicas? ¿Acaso es preciso ver destruidas las viviendas, bombardeadas las pistas y carreteras, colapsados los hospitales y quebradas las empresas? Es así como quedan las sociedades después de una guerra. Pero en esta oportunidad el daño no ha sido producido por un ejército enemigo; ha sido un virus microscópico el que cambió el mundo.
No pretendo exacerbar el pesimismo ni compartir una visión apocalíptica del futuro. Pero me resulta inconcebible que gane la postura política y la crítica permanente, que volvamos a empezar los enfrentamientos populistas y demagógicos entre nuestra clase política. Estamos en problemas todos los peruanos, y no solamente el Gobierno de turno. La falta de respiradores y de oxígeno, la escasez de camas UCI, el contagio del personal sanitario y policial, las compras corruptas y la desconfianza cada vez mayor en las cifras acaparan el debate, las noticias y las portadas.
Es innegable: tuvimos aciertos y desaciertos. En algunos casos reaccionamos tarde, no compramos a tiempo equipos ni indumentarias, no se le dio la debida protección al personal sanitario y policial. Cerramos las fronteras después de que cientos de viajeros regresaban de una Europa contagiada, sin hacerles ningún seguimiento. Hemos pagado con muchas vidas nuestros errores, sin haber escuchado una autocrítica del Gobierno.
Ahora tenemos que prepararnos para afrontar otra emergencia: la reactivación económica. Hasta ahora está dirigida únicamente por el Gobierno y enfocada en procurar líneas de financiamiento para algunas empresas. Hay muy poco para las pequeñas y microempresas, y nada para los millones de informales. Asimismo se han estructurado protocolos sanitarios engorrosos y de muy difícil cumplimiento. Con excesivos trámites y fiscalizaciones, el Estado autoritario gobierna a quienes parece que no conoce, y que ya comienzan a dar muestras hartazgo y desobediencia.
En circunstancias tan graves, se necesita activar todas las reservas creativas y convocar a los mejores profesionales. No nos excusemos en el hecho de no ser funcionarios públicos, porque no es posible abstenerse en una circunstancia como la actual. Se necesita un liderazgo que convoque al sector privado, a las empresas líderes y a los mejores profesionales. Se debe preparar un plan de acción para el corto y el mediano plazo. Sin embargo, la falta de liderazgo de la Confiep resulta imperdonable, especialmente porque sus miembros representan a prácticamente todos los sectores económicos. Han debido presentar planes de reactivación y establecer una dinámica colaboracionista. ¿Están avergonzados o se sienten culpables de algo?
¿Es posible crear un millón de empleos temporales en 60 días? Estoy seguro de que sí. Las universidades podrían proponer proyectos de infraestructura intensivos en mano de obra. Por ejemplo, hacer una completa renovación urbana (aprovechando los precios de los materiales de construcción) en todos los distritos de Lima y las principales ciudades del Perú. ¿Cuántas personas podríamos emplear haciendo zanjas para brindar agua potable a los diez millones de peruanos que carecen de ella? ¿Cuántos empleos en mantenimiento y reconstrucción de carreteras, para asistir inmediatamente a las zonas más deprimidas? Y también urge construir postas médicas y hospitales, y preparar la educación pública para ir convirtiéndola en una educación virtual.
El mercado post cuarentena estará empobrecido y la economía detenida. Y el Estado tiene que ser la locomotora que eche a andar la economía. El Gobierno debe formar equipos, convocar a los mejores profesionales y estructurar los programas de obras públicas y compras a las pymes, para que estas den trabajo a miles de personas. Sustituyamos el bono asistencial, muy bien dado pero que consume nuestros ahorros, por un empleo temporal que dignifique al hombre y que aporte valor a la ciudad. No propongamos un vacío de poder, porque las consecuencias serían inimaginables. ¡Y cuidado! Rozamos un desborde popular.
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