Carlos Hakansson

¿Por qué la persona no puede renunciar a la política?

La humanidad requiere un orden que procure su supervivencia y continuidad

¿Por qué la persona no puede renunciar a la política?
Carlos Hakansson
13 de enero del 2026

 

Las apreciaciones negativas que la sociedad tiene sobre la política sugerirían que esta actividad debe abandonarse en manos de personas inescrupulosas, dispuestas a trabajar solo por beneficio propio. Si estas opiniones fueran del todo correctas, estaríamos ante un callejón sin salida: el sentido del bien común carecería de canales para manifestarse. No habría espacios para debatir problemas comunitarios, sumar voluntades o participar legítimamente en procesos electorales, desde una alcaldía hasta la propia presidencia.

Ante este escenario, cabe preguntarnos: ¿existe algún país desarrollado, respetuoso de las libertades y con una sólida justicia, que haya sido capaz de edificarse sin un ejercicio colectivo orientado al bien común? En definitiva, la política es la labor más importante de la esfera pública y, realizada correctamente, es la que garantiza el libre desarrollo de la vida privada y familiar. En ese sentido, podríamos decir que existen comunidades capaces de realizar la política, a pesar de los problemas prácticos de orden social y cultural que siempre se presentan.

El grado de progreso de una democracia se mide por la agudeza de los electores, quienes deben observar con sano escepticismo el realismo de las propuestas de campaña. Para conocer a un candidato, es vital seguir su trayectoria personal, ciudadana y laboral a lo largo del tiempo. Hoy, los medios de información y la observación directa de la capacidad de comunicación y el carisma nos ofrecen señales claras que influyen en la decisión final.

Enarbolar una bandera antipolítica es desprestigiar la acción por el bien común. Si bien los resultados de las instituciones han sido deficientes en las últimas décadas, la explicación inmediata recae tanto en el elector como en el elegido. Esto no exime de responsabilidad a los políticos corruptos o ineficientes cuando falla el filtro ciudadano; para ellos existe el control parlamentario, la justicia penal y el periodismo de investigación. Sin embargo, esta realidad solo subraya la urgencia de un compromiso ciudadano más robusto.

Si el ejercicio de la política se considera despreciable, la realización del bien común se vuelve imposible. El bien común como concepto no solo es la suma de bienes individuales, sino también la aspiración de una comunidad para alcanzar un bienestar general donde se puedan ejercer a plenitud los bienes humanos que reconocemos como fundamentales. Toda comunidad organizada debe garantizar condiciones de bienestar —salud, educación, seguridad, infraestructura— mediante políticas públicas coherentes. El ejercicio responsable de la libertad aprovechará dichas condiciones para el desarrollo individual y familiar, permitiendo que el Estado garantice un piso mínimo de oportunidades sin vulnerar el libre albedrío.

La persona humana fue comprendida por Aristóteles como un animal político (zoon politikón). La política viene de la palabra polis (comunidad) y su significado estaría enfocado en toda actividad (humana) capaz de dirigir una comunidad bajo un orden que, a la luz y perspectiva de sus integrantes, esa comunidad haya convenido que es el medio para alcanzar el bien común. La política es inescindible de la persona humana porque la humanidad requiere un orden que procure su supervivencia y continuidad en el tiempo; porque la persona no solo tiene la capacidad para manifestar dolor y placer, sino también distinguir lo justo e injusto, el bien y el mal.

Carlos Hakansson
13 de enero del 2026

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