Silvana Pareja

Perú: entre China y Estados Unidos

La autonomía como estrategia

Perú: entre China y Estados Unidos
Silvana Pareja
11 de septiembre del 2026

 

La visita al Perú del secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, vuelve a colocar sobre la mesa una realidad que durante demasiado tiempo hemos observado como si nos fuera ajena: el Perú ya forma parte de la competencia geopolítica entre Estados Unidos y China. No se trata únicamente de comercio o inversiones. Hoy están en juego infraestructura estratégica, minerales críticos, seguridad, rutas marítimas, tecnología e influencia política.

Graham Allison popularizó la expresión “trampa de Tucídides” para describir la tensión que surge cuando una potencia emergente desafía la posición de una potencia establecida. La referencia histórica es la rivalidad entre Atenas y Esparta. Allison no afirma que la guerra sea inevitable, pero advierte que la desconfianza, el temor y los errores de cálculo pueden transformar una competencia manejable en una confrontación que ninguna de las partes buscaba inicialmente. Esa lógica sirve para entender la relación entre Washington y Beijing, pero también para preguntarnos cuál debe ser la posición del Perú.

China tiene razones claras para profundizar sus vínculos con nuestro país. Es nuestro principal socio comercial, tiene una fuerte presencia en minería e infraestructura y, con el puerto de Chancay, ha encontrado una plataforma privilegiada de conexión entre Asia y América Latina.

Estados Unidos, por su parte, observa esta expansión desde una perspectiva que ya no es exclusivamente económica. Busca preservar influencia en el hemisferio, asegurar cadenas de suministro, acceder a minerales estratégicos y fortalecer la cooperación regional en seguridad.

La reciente visita de Rubio lo evidencia. El Perú ha fortalecido su cooperación con Estados Unidos en materia de seguridad y defensa, mientras Washington ha expresado preocupación por el crecimiento de la presencia china en sectores estratégicos. Beijing, naturalmente, defiende sus inversiones y rechaza cualquier intento de condicionar las relaciones de los países latinoamericanos.

Precisamente allí aparece el verdadero desafío peruano. No podemos permitir que la competencia entre dos grandes potencias termine convirtiéndose en una obligación de escoger un solo bando. El Perú tiene recursos, posición geográfica, acceso al Pacífico y capacidad de negociación. Es decir, también tiene cartas sobre la mesa. Nuestra política exterior debería orientarse hacia una autonomía estratégica que nos permita profundizar el comercio y la inversión con China, mientras fortalecemos con Estados Unidos la cooperación en seguridad, tecnología, educación, innovación y defensa.

Autonomía no significa equidistancia automática ni indiferencia frente a nuestros valores e intereses. Significa decidir cada relación según lo que convenga al Perú. Si Washington quiere ampliar su presencia, deberá competir ofreciendo mejores oportunidades, inversión y cooperación, no exigiendo exclusividades. Y Beijing debe comprender que una mayor presencia económica tampoco concede capacidad de condicionar nuestras decisiones soberanas.

La lección de Tucídides no debería servirnos para escoger al vencedor antes de que exista. Debería servirnos para evitar quedar atrapados en una rivalidad ajena. Entre China y Estados Unidos, el Perú debe conservar su activo más importante: la libertad de decidir por sí mismo.

Silvana Pareja
11 de septiembre del 2026

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