César Félix Sánchez

Navidad y política

La dignidad humana se afirma por la encarnación de Cristo

Navidad y política
César Félix Sánchez
21 de diciembre del 2020


Hemos llegado a diciembre, luego de uno de los años más extraños de la historia reciente de la humanidad. En el Perú, volvimos a los viejos tiempos de Justo Figuerola y monseñor Holguín: de los presidentes efímeros de horas y de los extraños revolucionarios que, siendo los menos votados, se acaban colando en el poder por la ventana. En la escena mundial, los tecnócratas globales no elegidos por nadie y que manejan agendas discretas se congratulan por el
providencial coronavirus que les ha permitido barrer o jaquear seriamente la amenaza “populista” y nacionalista y ven en la catástrofe la oportunidad para resetearnos en un mundo feliz más terrible que el de Huxley. En el fondo, como simples adornos accesorios o peldaños desechados, quedan miles de muertos y millones de muertos-en-vida, aniquilados por el miedo difundido a manos llenas por la mass media universal. 

Pero para quien escribe estas líneas todas estas realidades quedarán subsumidas y relativizadas por la fuerza de la irrupción de lo Eterno en la historia, que se conmemora litúrgicamente en estos días. La liturgia y el ambiente todo parecen como transfigurarse enteramente. Los aires de los villancicos populares, cantados por las voces entrañables de la familia, volverán a elevarse en adoración al Niño, a ese rex pacificus magnificatus est, cuius vultum desiderat universa terra, que la Iglesia canta en las primeras vísperas del 25 de diciembre, ese rey pacífico que ha manifestado su gloria, aquel cuyo rostro ansía ver toda la tierra. 

Eric Voegelin, en su incomparable The New Science of Politics, sostenía que “la experiencia de la reciprocidad en la relación con Dios, de la amicitia en el sentido tomista, de la gracia que impone una forma sobrenatural a la naturaleza del hombre, es la diferencia específica de la verdad cristiana”. La Navidad es la fiesta proverbial que conmemora el inicio de esta amistad inédita, insólita, inaudita entre los hombres y el Verbo Eterno que se encarna. 

Este acontecimiento tiene consecuencias políticas que aun los “escépticos en materia de religión”, como diría Balmes, tendrán necesariamente que admitir en el origen de la tradición política occidental: el orden político ya no está divinizado, como en Roma, donde el dios no es más que una convención impuesta por las autoridades y que las representa, sino que la Divinidad trascendente pasa a reinar en una esfera íntima y sobrenatural, mientras que la política y la naturaleza se desdivinizan, lo que no significa que estén totalmente divorciadas de lo sagrado. La dignidad humana, vislumbrada por los socráticos como un enigma, queda ya firmemente afirmada por la encarnación de Cristo y el mandatum de la caridad al prójimo. 

Quisiera concluir deseando una feliz navidad a todos los lectores que me han acompañado a lo largo del año en El Montonero. Y regalarles a guisa de consejo dos ejercicios espirituales que creo que les serán de gran provecho. El primero consiste en pensar que esta Navidad es la última de sus vidas. Muchos creyeron que la del 2019 sería una de tantas por venir y lamentablemente ya no están entre nosotros, dejando quizás asuntos sin resolver, rencillas sin arreglar, caminos sin enmendar. Este ejercicio, en cambio, permite que arreglemos tantas cosas que, miradas sub specie aeternitatis, carecen de valor pero que nos preocupan o desgastan. Además, no es imposible que en verdad sea la última y más vale prepararse. El segundo consiste en ejercitar la más específica de las virtudes cristianas: el perdón. La liturgia celebra el 26 de diciembre la fiesta de San Esteban, el primer mártir, cuyas palabras, mientras era apedreado por una horda de fariseos, todavía resuenan con singular grandeza: Domine, ne statuas illis hoc peccatum! ¡Señor, no les tengas en cuenta este pecado! Desde hace ya algunos años, muchos peruanos, sin siquiera conocerse personalmente, se la han pasado insultándose y calumniándose mutuamente por razones de bajísima política en las redes sociales. Quizás intentar el perdón sea una novedad refrescante, por lo menos en estos días santos. 

¡Feliz Navidad!

César Félix Sánchez
21 de diciembre del 2020

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